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La realidad de las mujeres privadas de libertad y la importancia de la perspectiva de género en el proyecto de indulto general conmutativo

por 2 abril, 2020

La realidad de las mujeres privadas de libertad y la importancia de la perspectiva de género en el proyecto de indulto general conmutativo
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La semana pasada el ministro de Justicia y DDHH ingresó al Congreso una propuesta de ley para conceder un indulto general conmutativo a personas condenadas y privadas de libertad en las cárceles de Chile, para que puedan terminar sus condenas bajo la modalidad de arresto domiciliario y que este martes 31 de marzo fue aprobado con indicaciones.

La iniciativa que se enmarca en la emergencia sanitaria a raíz del Covid-19 busca salvaguardar la vida y la integridad sanitaria de las personas imputadas privadas de libertad de grupos en riesgo como adultos mayores, enfermos crónicos, mujeres embarazadas y madres con hijos lactantes.

Para nosotros como fundación que trabaja con mujeres privadas de libertad en todo Chile, estas iniciativas incorporan la perspectiva de género al reconocer el derecho de las mujeres a ser madres y a cuidar a sus hijos e hijas en un ambiente sano, libre de pandemias como la que atraviesa el país y el mundo.

Si existe temor ante el contagio entre nosotros, imaginemos a aquellas madres que están privadas de libertad y que sienten que sus hijos menores de dos años que viven con ellas corren peligro de enfermarse. El Sacerdote Jesuita y Capellán de Gendarmería Luir Robledo, a quien admiro mucho, señaló en una entrevista este fin de semana, que si el virus ingresa a las cárceles será como una bomba debido a las condiciones de salubridad y hacinamiento, por lo que nos sumamos al llamado que hacen las organizaciones que al parlamento para que apruebe con celeridad este proyecto.

Si existe temor ante el contagio entre nosotros, imaginemos a aquellas madres que están privadas de libertad y que sienten que sus hijos menores de dos años que viven con ellas corren peligro de enfermarse. 

La experiencia señala que la situación delictiva de las mujeres es muy distinta a la de los hombres, que en cerca de un 90% son madres y que apenas representan el 10% del total de la población penal en el país. En un 45% están asociados a drogas y un 21% a robos, es decir, están marcados por una dimensión económica y falta de oportunidades, que también son consecuencia de las desigualdades de género que en el caso de las mujeres más vulnerables las conduce a cometer delitos.

Las razones son muchas pero principalmente humanitarias, tanto por las mismas internas, como por sus familias, por sus propias madres, abuelas y hermanas, por sus hijos y nietos. Quienes trabajamos de la mano con gendarmería lo vemos, detrás de una mujer privada de libertad hay en su mayoría, otra mujer o muchas mujeres que están criando a sus hijos, visitándolas y llevándoles lo que necesitan, con todos los costos que eso significa. También sabemos y reconocemos el trabajo que hacen las y los gendarmes, la hermosa labor que realizan fundaciones amigas dedicadas a la inserción social y laboral, a la iglesia que siempre es una aliada y de todas las mujeres que se abren a la esperanza que significa una oportunidad de cambio, tanto para ellas como para sus familias.

Desde Prodemu trabajamos por el empoderamiento, en el caso de estas mujeres, su reinserción tiene que ver con la recuperación de su autoestima y el reconocimiento de sus capacidades para salir adelante una vez que cumplan sus condenas. Más allá del COVID-19 y de la urgencia de los tiempos actuales, esta es una oportunidad para mirar lo que ocurre en las cárceles de mujeres y apuntar a políticas que defiendan sus derechos a la protección y cuidado de sus hijos e hijas, tanto dentro como fuera del contexto carcelario.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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