El acompañamiento en los procesos de transición de género se ha consolidado como un eje relevante en la salud integral. En este escenario, la matronería emerge como un espacio clave para el acceso a información, orientación y atención con enfoque de derechos.
Hablar de salud sexual y reproductiva implica también abordar el derecho a decidir y el reconocimiento de la diversidad. En este marco, matronas y matrones cumplen un rol fundamental no solo en la atención clínica, sino también en la educación y el acompañamiento de las personas en sus trayectorias de vida.
Su labor incluye controles de salud, consejerías, toma de exámenes como el Papanicolaou (PAP), ecografías y procedimientos como la inserción o extracción de dispositivos intrauterinos. Estas acciones permiten fomentar el autocuidado y detectar oportunamente posibles enfermedades.
Un primer espacio de confianza
Más allá de las prestaciones clínicas, la matronería se posiciona como un espacio de escucha y orientación, especialmente para quienes buscan información sobre su cuerpo, identidad y procesos de transición de género.
En este contexto, puede ser un punto de partida para acceder a información sobre alternativas como los tratamientos hormonales de afirmación de género (THGA), entre otras opciones, entendiendo que cada proceso es individual y puede o no incluir intervenciones médicas.
Una realidad que exige respuestas inclusivas
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas, 60.664 personas mayores de 18 años se identificaron como trans o no binarias en el Censo 2024. De ellas, 31.955 se declararon transmasculinas, 13.314 transfemeninas y 15.395 no binarias, además de otras identidades diversas.
Estas cifras evidencian la necesidad de contar con servicios de salud preparados para responder de manera adecuada, respetuosa e inclusiva a esta diversidad.
Tamini Aguirre, matrón de APROFA, señala que toda atención debe incorporar un enfoque de género y de Derechos Humanos.
“Es especialmente necesario relevar experiencias de atención que promuevan el acceso, la confianza en los equipos de salud y el ejercicio de derechos, sobre todo considerando las barreras persistentes y el escenario de desinformación y mitos en torno a la salud trans”, indica.
Información y autonomía en salud
Uno de los principales desafíos sigue siendo el acceso a información clara y libre de prejuicios. En este sentido, la educación en salud sexual y reproductiva cumple un rol clave para fortalecer la autonomía de las personas.
El acompañamiento desde la matronería permite identificar necesidades, resolver dudas y orientar decisiones, ya sea para iniciar, continuar o replantear procesos de transición, siempre desde el respeto por las decisiones individuales.
“Dado que no todos los espacios entregan una atención integral con enfoque de Derechos Humanos, desde APROFA buscamos informar cómo deben ser estas atenciones, para que les usuaries puedan conocerlas, exigirlas y las instituciones puedan implementarlas correctamente”, agrega Aguirre.
Hacia una salud más inclusiva
Desde las organizaciones vinculadas a la salud sexual y reproductiva, se plantea que avanzar hacia una atención integral implica no solo ampliar prestaciones, sino también transformar la forma en que se comprende el cuidado.
Esto supone incorporar la diversidad, desafiar prejuicios y garantizar el acceso a servicios sin discriminación. En ese proceso, la matronería adquiere un rol estratégico, no solo como prestadora de servicios, sino también como agente de cambio hacia un sistema de salud más inclusivo y centrado en las personas.