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Infertilidad: 1 de cada 6 personas enfrenta problemas para concebir y expertos advierten aumento BRAGA Crédito: Cedida

Infertilidad: 1 de cada 6 personas enfrenta problemas para concebir y expertos advierten aumento

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La infertilidad afecta actualmente a una de cada seis personas en edad reproductiva y se ha convertido en un creciente problema de salud pública. Especialistas explican las principales causas, el impacto de la edad, los hábitos de vida y la importancia del diagnóstico precoz.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La infertilidad afecta actualmente a una de cada seis personas en edad reproductiva y se ha transformado en un importante desafío de salud pública. Especialistas de la Universidad Andrés Bello explican que la edad, enfermedades reproductivas, factores masculinos y hábitos poco saludables influyen en las dificultades para concebir. Además, destacan la importancia del diagnóstico precoz, el acompañamiento emocional y el rol de la matronería para promover la prevención, la educación sexual y una atención integral de la salud reproductiva.
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La infertilidad afecta hoy a alrededor de una de cada seis personas en edad reproductiva, una cifra que ha ido en aumento y que refleja un cambio profundo en los patrones sociales, reproductivos y de salud de la población. Aunque por años se asoció casi exclusivamente a las mujeres, hoy existe mayor consenso en que se trata de una condición que involucra tanto a mujeres como a hombres y que debe abordarse de manera integral.

Así lo explica Sara Parada Ibáñez, directora de la carrera de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Santiago, quien señala que las causas más frecuentes de infertilidad son diversas. “Hoy observamos factores femeninos como los trastornos ovulatorios —especialmente el síndrome de ovario poliquístico—, la endometriosis, las patologías uterinas o el compromiso tubario, pero también factores masculinos asociados a alteraciones en la calidad espermática, además de causas mixtas o incluso inexplicadas”, sostiene. A ello se suman factores sociales, como la postergación del embarazo por razones laborales, económicas o de proyectos de vida, lo que desplaza el deseo reproductivo a etapas más tardías.

Uno de los elementos más determinantes es la edad, especialmente en las mujeres. “La reserva ovárica comienza a disminuir desde los 30 años y este descenso se acelera después de los 35, lo que reduce significativamente las probabilidades de embarazo y aumenta los riesgos reproductivos”, advierte la académica. Sin embargo, aclara que la edad también impacta en los hombres: con el paso de los años disminuye la motilidad espermática, aumenta la fragmentación del ADN y se eleva el riesgo de resultados reproductivos adversos.

El estilo de vida es otro factor clave y, muchas veces, subestimado. “El tabaquismo, el consumo de alcohol, el sedentarismo y las alteraciones del peso influyen directamente en la fertilidad, tanto femenina como masculina. Lo relevante es que son factores modificables, por lo que trabajar en ellos puede marcar una diferencia importante”, explica Parada Ibáñez. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud recomienda entregar consejería en hábitos saludables incluso antes de iniciar tratamientos de fertilidad.

Más allá del diagnóstico médico, la infertilidad tiene un impacto profundo en la salud mental y emocional de quienes la viven. “No es solo una condición biológica; genera angustia, frustración y afecta la calidad de vida y las relaciones de pareja. Por eso, el acompañamiento psicosocial es tan importante como el tratamiento clínico”, enfatiza la directora de Obstetricia UNAB.

Diagnóstico precoz de la infertilidad: la clave para mejorar las posibilidades de embarazo

La detección precoz aparece entonces como una herramienta clave. Según la especialista, identificar oportunamente los factores de riesgo permite evitar la pérdida de tiempo reproductivo, iniciar tratamientos antes y mejorar el pronóstico. “Especialmente en mujeres mayores de 35 años, el tiempo es un factor crítico, y por eso el diagnóstico temprano puede cambiar completamente el escenario”, señala.

En este contexto, la matronería cumple un rol central en el sistema de salud. Desde la educación sexual y reproductiva, la consejería preconcepcional y la promoción de estilos de vida saludables, hasta la detección temprana de alteraciones y el acompañamiento emocional, las matronas se posicionan como agentes clave. “Tenemos una labor fundamental en informar, orientar y acompañar a las personas, además de derivar oportunamente a otros profesionales cuando es necesario. Nuestra mirada es integral y centrada en las personas”, destaca Parada Ibáñez.

Visibilizar la infertilidad como un problema de salud pública y de derechos reproductivos sigue siendo un desafío pendiente. Entregar información clara, derribar mitos y promover un enfoque oportuno y empático no solo mejora los resultados reproductivos, sino que contribuye a una atención más humana y justa en salud sexual y reproductiva.

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