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La Condenación de Fausto: Rompiendo protagonismos Última ópera de la temporada en el Municipal de Santiago

La Condenación de Fausto: Rompiendo protagonismos

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En La Condenación de Fausto los desafíos son complejos. Berlioz es un gran orquestador con hermosos matices y reminiscencias líricas en su lenguaje romántico. La Orquesta Filarmónica a cargo de Max Valdés cumplió con creces sobretodo en la última función en la que la sincronía de la gran orquesta con el drama fue perfecto. Los tiempos y el balance produjo la magia y la tensión de la obra. Valdés abordó con seguridad y aplomo los desafíos técnicos de la grandiosa partitura que profundiza en los sentimientos que anida Fausto en la búsqueda de comprender el mundo sin poder lograrlo.


El Mostrador C+C asistió a las dos versiones de la última ópera de la temporada en el Municipal de Santiago, La Condenación de Fausto del compositor francés Hector Berlioz, en las funciones del sábado 5 ( elenco internacional) y 12 (elenco estelar) comprobando una vez más la primacía del segundo elenco por sobre el primero.

Los principales solistas del primer elenco simplemente cumplieron a diferencia de los cantantes del segundo elenco que se la jugaron. Todo esto cambia en el pathos de la presentación, ya que, evidentemente fluyeron otras energías. Mi reflexión apunta a cómo hacer que estas evidentes desigualdades se puedan ir limando con el tiempo. Me refiero al tiempo de ensayo, al uso de escenario y al trato de los elencos estelares.

En La Condenación de Fausto los desafíos son complejos. Berlioz es un gran orquestador con hermosos matices y reminiscencias líricas en su lenguaje romántico. La Orquesta Filarmónica a cargo de Max Valdés cumplió con creces sobretodo en la última función en la que la sincronía de la gran orquesta con el drama fue perfecto. Los tiempos y el balance produjo la magia y la tensión de la obra. Valdés abordó con seguridad y aplomo los desafíos técnicos de la grandiosa partitura que profundiza en los sentimientos que anida Fausto en la búsqueda de comprender el mundo sin poder lograrlo.

Los coros tienen gran protagonismo destacando con belleza y musicalidad en la Fuga de la Taberna, el Sueño de Fausto, el Coro Demoniaco y la Apoteosis de Margarita. Esta última escena es apoyada por el coro de niños ubicado en los palcos laterales quienes no lograron dar con cabalidad todo el protagonismo deseado. El trabajo coral estuvo a cargo de Jorge Klastornick y Cecilia Barrientos.

La puesta en escena e iluminación fue autoría de Ramón López, que abordó el drama con novedosos recursos escénicos. Un gran espejo proyectó imágenes y videos, los que reflejaban el mundo exterior en oposición al mundo interior que sucedía en el escenario, lo que fue muy acertado.

Momentos memorables son la escena de la taberna que aporta con un brillante colorido y donde la iluminación juega un rol protagónico (conocida especialidad de López).

En el programa de sala, López realiza una profunda reflexión de cómo entender una obra, no concebida como ópera y en las que la secuencia de veinte cuadros la música toma un protagonismo primordial en oposición al drama original de Goethe en el que las palabras son las ordenadoras del drama.

Gran dramatismo se produce en la escena de Margarita con imágenes de una insistente lluvia y otro momento memorable es el guiño al héroe romántico en la escena de Fausto inspirado en la famosa pintura Caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friederich.

Destaca también el aria de Mefifistófeles en Voici des roses apoyados por la caída de pétalos en el único momento “humano” del demonio. El pasaje al infierno conocido como Pandemonium con los demonios y espíritus malignos es magistral. Los personajes maléficos y almas del purgatorio con vestuarios muy idóneos a cargo de Loreto Monsalves.

Destacan, asimismo, las irónicas coreografías de los espíritus de Mefistófeles bajo la dirección de José Vidal.

En cuanto a los protagonistas las diferencias de elencos son opuestamente abismantes. Mientras los cantantes del primer elenco hicieron un mínimo esfuerzo sin pasión, los cantantes del elenco estelar fueron los encargados de hacer memorable esta Condenación de Fausto. Tanto el tenor argentino Santiago Burghi como Fausto, como los chilenos, el bajo barítono Homero Pérez Miranda como Mefistofeles y la mezzo soprano Evelyn Rámirez nos confirman una vez mas que el paradigma de la excelencia del primer elenco no es tal.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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