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Las múltiples vidas del monumento al General Baquedano

por 2 noviembre, 2020

Las múltiples vidas del monumento al General Baquedano

Crédito: Ramon Monroy/Aton Chile

Hasta antes del 18 de octubre, el monumento al General Baquedano era uno más dentro de Santiago, uno que simplemente ‘estaba’ en lo que se ha convertido en un espacio emblemático de reunión, ya sea para celebrar o para manifestarse.
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En las últimas semanas, el monumento al General Baquedano, ubicado en la plaza del mismo nombre, ha suscitado una intensa discusión a raíz de las múltiples modificaciones que ha sufrido desde el 18 de octubre del año pasado. Estas alteraciones alcanzaron un nuevo punto culmine durante las vísperas de conmemoración del estallido social, quizás una de la más notorias fue la capa de pintura roja que recibió hace algunas semanas, la que fue cubierta prontamente. El Ministro de Defensa, Mario Desbordes, planteó hace unos días la posibilidad de mover la estatua de su ubicación actual, mientras que el vocero de Gobierno, Jaime Bellolio, replicó que eso sería “rendirse ante el vandalismo”. 

Podríamos decir que todas las alteraciones que ha recibido el monumento al General Baquedano (vengan del sector que vengan), junto con todas las discusiones asociadas a este proceso, le han dado múltiples vidas a un lugar de memoria que, hasta antes del 18 de octubre, bordeaba la expiración. Tampoco sería errado asumir que este proceso ha dejado en evidencia que hace tiempo su sentido no dependía de la figura misma.

Estas discusiones, que han trascendido el mundo político, nos llevan a preguntarnos por el rol de los monumentos dentro del espacio público. Si consideramos las reflexiones planteadas por el historiador francés Pierre Nora en la década de los 80, podemos entender estos espacios como “lugares de memoria”, es decir, como sitios que buscan evocar el ejercicio del recuerdo en sociedades en las cuales ese ya no es el modo principal de vivir el pasado (sociedades consumidas por la historia y su afán de registro indiscriminado, de acuerdo al mismo Nora). 

Vale la pena entonces preguntarse qué recuerdos son los que evoca el monumento a Baquedano como lugar de memoria. Lo anterior no tiene una respuesta fácil, ya que en los últimos años se ha hecho imposible pensar sitios como estos (patrimoniales) sin las comunidades en las cuales se encuentran insertos; estas pueden ser diversas dentro de un mismo territorio, lo que abre un terreno fértil, y al mismo tiempo fascinante, para conflictos sobre el sentido y la pertinencia de algunos monumentos. Son precisamente las comunidades las que le dan vida a estos espacios que, según Nora, viven por su “aptitud para la metamorfosis”, es decir, para ser resignificados una y otra vez.

Hasta antes del 18 de octubre, el monumento al General Baquedano era uno más dentro de Santiago, uno que simplemente ‘estaba’ en lo que se ha convertido en un espacio emblemático de reunión, ya sea para celebrar o para manifestarse. La figura del General mismo y su importancia histórica nunca ha sido un punto de conflicto; es su ubicación, cargada de simbolismos otorgados por la ciudadanía misma, la que ha hecho del monumento un tema de conversación y un lugar de tensiones desde el año pasado. 

Teniendo esto en consideración, podríamos decir que todas las alteraciones que ha recibido el monumento al General Baquedano (vengan del sector que vengan), junto con todas las discusiones asociadas a este proceso, le han dado múltiples vidas a un lugar de memoria que, hasta antes del 18 de octubre, bordeaba la expiración. Tampoco sería errado asumir que este proceso ha dejado en evidencia que hace tiempo su sentido no dependía de la figura misma.

Recientemente, el Consejo de Monumentos determinó que la estatua permanecerá en su ubicación actual, por lo que es probable que esta vuelva a sufrir algún tipo de modificación en el futuro; por lo mismo, parecería más pertinente mirar con detención las nuevas capas de significación que se han añadido al monumento, tanto de forma material como inmaterial, y preguntarnos cómo es que estas le dan una nueva vida, una que, por lo demás, podría dar cuenta del proceso histórico que fue el camino al plebiscito de hace unos días. 

Juan Pablo Vilches. Departamento de Historia, Centro de Estudios del Patrimonio. Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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