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Kathya Araujo, socióloga: “Hay que reconstruir la experiencia de lo colectivo” CULTURA Archivo

Kathya Araujo, socióloga: “Hay que reconstruir la experiencia de lo colectivo”

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Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
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En su conferencia en Puerto de Ideas Valparaíso 2025, la socióloga analizó el avance de la extrema derecha, el debilitamiento de los vínculos sociales y las tensiones morales de género que atraviesan la vida cotidiana en Chile y América Latina.


La socióloga y académica Kathya Araujo participó del festival Puerto de Ideas Valparaíso 2025, que terminó este domingo, donde expuso sobre las transformaciones sociales que han marcado las últimas décadas.

La investigadora publicó un nuevo libro sobre el momento de desencanto que afecta a la sociedad chilena se trata de El circuito del desapego (Pólvora Editorial), que analiza resultados de un extenso programa de investigación de más de dos décadas.

Araujo situó el problema en un proceso más amplio: el debilitamiento de la experiencia de lo colectivo. Explicó que, desde los años ochenta, dos dinámicas ocurrieron en paralelo. Por un lado, se consolidó un modelo económico que exaltó la competencia, la iniciativa individual y el mérito como reguladores de la vida social. Por otro, la democratización intensificó la sensibilidad respecto de los derechos y experiencias individuales.

“La democratización también trajo una insistencia muy fuerte en mis propios derechos, mis propias sensibilidades, mis propios sentimientos. Entonces, por dos vías muy distintas, el modelo económico y la democratización de la vida social, se produjo un debilitamiento de lo colectivo. No porque la democratización sea negativa, sino porque coincidió con esta forma de individualización que reorganizó todo.”

Este fenómeno no implica que la democratización haya sido negativa, sino que su despliegue coincidió con la expansión de un modo de vida fuertemente individualizado, donde la realización personal y la autosuficiencia se volvieron valores dominantes. El resultado es una sociedad donde la convivencia con otros aparece más como carga que como posibilidad.

En relación al avance de proyectos políticos autoritarios, Araujo sostuvo que estos se benefician precisamente de ese malestar con la carga de lo colectivo, prometiendo orden, jerarquía o pertenencia, pero sin cuestionar el modelo de competencia individualizada. De ahí la urgencia de reconstruir una idea positiva de lo común.

Araujo dijo que hay dos planos que a su juicio suelen confundirse: “qué disputan en términos de poder” y “cuáles son las estrategias que utilizan para conseguir la adhesión y el apoyo de la población”. Para la investigadora, separar ambas dimensiones permite observar que la fortaleza de la extrema derecha no radica solo en su discurso, sino en su capacidad para leer malestares preexistentes.

 “Hay algo del orden de la existencia y de la experiencia de lo colectivo que tenemos que conseguir hacerla retornar”, afirmó ante el público.

“Me parece una cuestión que es más societal, es reivindicar eso, reivindicar el placer en la experiencia con el otro, con el otro que no conozco, la idea del placer, la idea de la alegría, que pero son francamente políticas, son muy importantes políticamente hoy”, agregó.

La investigadora cerró planteando que el desafío no es volver a formas comunitarias pasadas, sino inventar nuevas maneras de vivir juntos, capaces de sostener la igualdad democrática sin descuidar la interdependencia que hace posible la vida. La tarea, señaló, es política, pero también ética y cotidiana.

Una sociedad de cuidados

Araujo enfatizó que esta transformación ha tenido efectos particulares en el ámbito íntimo y doméstico. En su investigación sobre vida cotidiana y moralidad, detectó que los hombres y las mujeres enfrentan tensiones diferentes respecto del cuidado.

“Estas son sociedades que necesitan mucho trabajo de cuidado, pero no son sociedades de cuidado. Y lo primero que tendríamos que hacer es construir sociedades de cuidado, sociedades que se piensen a sí mismas como responsables unas de otras. Pero eso todavía no pasa, y la carga se sigue depositando en las mujeres”, expresó.

Esta distribución desigual se expresa en lo íntimo. Según Araujo, los hombres suelen encontrar reconocimiento moral en la figura del proveedor, mientras que las mujeres se ven enfrentadas a una doble exigencia.

“Las mujeres viven entre las obligaciones morales con la familia y el cuidado, y las obligaciones morales consigo mismas, con su propia autonomía, su propio proyecto de vida. Es una tensión constante que no se resuelve fácilmente y que atraviesa la experiencia cotidiana”, agregó.

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