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Paquetes de estímulo fiscal: aplicando un ventilador mecánico a la economía

por 8 abril, 2020

Paquetes de estímulo fiscal: aplicando un ventilador mecánico a la economía
Algunos economistas estiman que los efectos de estos paquetes de estímulo fiscal llevarán el déficit fiscal de Chile a un 7% del PIB, en circunstancias que ciertos líderes políticos opinan que el Gobierno debería aumentar aún más las medidas de ayuda económica a la población. Es importante dejar en claro que todos los países del mundo están haciendo lo mismo, como Estados Unidos, que anunció un paquete de estímulo fiscal de 2 billones de dólares, tres veces mayor al entregado con motivo de la crisis subprime en 2009.
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Del mismo modo que una persona contagiada con el COVID-19 requerirá un ventilador mecánico cuando por efectos de su enfermedad pierda la capacidad de respirar por sí mismo, las economías sometidas a una paralización creciente de sus actividades productivas debido a la emergencia sanitaria, requerirán de medidas de salvataje, destinadas a evitar la quiebra generalizada de empresas, con el consecuente efecto de pérdidas de empleo, de ingresos y de capacidad de consumo de la población.

Esas medidas de salvataje consisten en los denominados paquetes de estímulo fiscal expansivo. En palabras sencillas, la inyección de dinero a la economía para reanimar tanto la oferta como la demanda, ambas deprimidas por la caída abrupta en la actividad económica.

Si un país tiene ahorros acumulados en el pasado –Chile los tiene afortunadamente, aunque no sean suficientes–, los efectos son, únicamente, perder la capacidad de utilizarlos en futuras crisis, sobre todo si es poco viable volverlos a acumular. Una segunda alternativa es endeudarse, camino que es viable si la deuda histórica es moderada, pero que implicará que el costo de la deuda aumente en función del mayor riesgo que asume el que se endeuda.

El Gobierno de Chile anunció, recientemente, un paquete de estímulo fiscal expansivo de 11.750 millones de dólares, equivalente a un 4,7% del PIB, que principalmente apunta a aportar recursos adicionales al seguro de desempleo, aplazar pagos de impuestos de empresas medianas y pequeñas, capitalizar al BancoEstado para que este pueda aumentar su volumen de crédito a pymes y personas, bonos de apoyo a familias vulnerables y suspensión transitoria del impuesto de timbres y estampillas.

No hay que olvidar que en diciembre de 2019 ya se había entregado un paquete de estímulo fiscal por 5.500 millones de dólares, a consecuencia de la ralentización de la economía a causa del estallido social de octubre.

Algunos economistas estiman que los efectos de estos paquetes de estímulo fiscal llevarán el déficit fiscal de Chile a un 7% del PIB, en circunstancias que ciertos líderes políticos opinan que el Gobierno debería aumentar aún más las medidas de ayuda económica a la población.

Es importante dejar en claro que todos los países del mundo están haciendo lo mismo. Por ejemplo, Estados Unidos anunció un paquete de estímulo fiscal de 2 billones de dólares, tres veces mayor al entregado con motivo de la crisis subprime en 2009 y el Banco Central de esa nación (la FED), inició un programa masivo de compra de bonos y llevó la tasa de interés a casi cero.

Sin embargo, la gran pregunta es cómo financiar estas gigantescas inyecciones de dinero a la economía, que son urgentemente necesarias, pero que tienen efectos importantes a futuro, dependiendo de los instrumentos utilizados para concretarlas.

Si un país tiene ahorros acumulados en el pasado –Chile los tiene afortunadamente, aunque no sean suficientes–, los efectos son, únicamente, perder la capacidad de utilizarlos en futuras crisis, sobre todo si es poco viable volverlos a acumular. Una segunda alternativa es endeudarse, camino que es viable si la deuda histórica es moderada, pero que implicará que el costo de la deuda aumente en función del mayor riesgo que asume el que se endeuda.

Y cuando no hay ahorros ni nadie que quiera otorgar crédito, solo queda reasignar gasto y, finalmente, emitir dinero, asumiendo el costo futuro de una inflación en aumento, que reducirá el valor adquisitivo de ingresos y activos de las familias (¿les suena Argentina?).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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