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CULTURA|OPINIÓN

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Robo de culturas ancestrales y mercantilización en subastas contemporáneas

por 18 julio, 2021

Robo de culturas ancestrales y mercantilización en subastas contemporáneas
Dentro de las piezas usurpadas al pueblo rapa nui se encontraban dos de las que se ha hecho más “ruido” occidental con respecto a su valor patrimonial: el gran Moái Hoa Hakananai’a y el Kavakava. El primero se encuentra en el Museo Británico de Londres y el segundo en propiedad de un particular (Mark Blackburn), el cual lo compró en una transacción realizada por la casa de subasta Christie’s en el 2019. El 2020 intentó venderlo a través de la empresa de subastas Bonhams (de la sede de Estados Unidos), pero no se concretó debido a las expectativas económicas de la empresa y del particular.
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En 1868 una fragata británica llamada Topaze se apropió, o, literalmente, robó una serie de piezas de la Isla de Rapa Nui. En este período los isleños se encontraban, ad portas de extinguirse como etnia, lo cual les ocasionaba serias dificultades materiales en torno a su sobrevivencia. Dentro de las piezas usurpadas se encontraban dos de las que se ha hecho más “ruido” occidental con respecto a su valor patrimonial: el gran Moái Hoa Hakananai’a y el Kavakava. El primero se encuentra en el Museo Británico de Londres y el segundo en propiedad de un particular (Mark Blackburn), el cual lo compró en una transacción realizada por la casa de subasta Christie’s en el 2019. El 2020 intentó venderlo a través de la empresa de subastas Bonhams (de la sede de Estados Unidos), pero no se concretó debido a las expectativas económicas de la empresa y del particular. 

Diversas organizaciones y autoridades pascuenses, desde hace más de 40 años han intentado la protección de su cultura y también la recuperación de sus importantes piezas ancestrales. Francisco  Haoa, gerente de la Corporación Municipal de Cultura de Rapa Nui me relató, hace poco, que el Estado chileno ha dado algunas muestras de gestión sobre la protección y recuperación de las piezas, sin embargo, no con la agenda y fuerza que esperarían para esta importante cultura viva precolombina (no es sorprendente, sobre todo considerando la vulneración de lugares sagrados mapuches, atacameños, aymaras, huilliches y muchos más; estos últimos en riesgo de extinción).

Haoa me explicó que las gestiones (a través, principalmente, de CODEIPA) con la Municipalidad de la Serena se han dado hace años y se vería cierta voluntad de devolver el Moai a Isla de Pascua, pero nada concreto aún. En Viña del Mar, en el Museo Fonck se encuentran muchas piezas autóctonas y ostentan en su fachada un Moái. Para este museo “perder” estas piezas es perder, quizá, lo más importante de su colección y, de parte del museo no ha existido intenciones de regresar nada a la isla. También en conversaciones (y aún nada concreto), el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio tendría la “voluntad” en el proceso de gestión de regresar lo que se encuentra en el Museo de Historia Natural en Quinta Normal.

El Ministerio de Relaciones Exteriores, junto con organizaciones rapa-nui han estado, hace años, en conversaciones con el Museo Británico de Londres para evaluar una eventual devolución (el Museo quiere garantías sobre la futura conservación de la pieza, al menos eso es uno de los “puntos fuertes” que argumentan). También intenté contactarme con la “Unidad de lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales” que trabaja con muchas organizaciones gubernamentales y no, pero no he recibido respuesta aún.  

Mientras conversaba con Francisco Haoa, me llamó la atención que nunca pronunciara el concepto de “patrimonio” y recalcara, en varias ocasiones, la tristeza de ellos como “pueblo”. En este sentido me comentaba que estas piezas tenían un valor espiritual que nosotros como occidentales no comprenderíamos, por eso, para entenderlo, transducimos estos “objetos” a las nominaciones de patrimonio. Esta última situación me motivó a averiguar más sobre este tipo de cosmovisión. Leí y contacté a una colega, Macarena Oñate, quién reside en la Isla hace 15 años. Oñate inspiró aún más mi curiosidad e interés al explicarme la tremenda importancia de los isleños sobre el concepto de “Mana”. Pude ver el documental “Te Kuhane o te Tupuna, el espíritu de los ancestros” de Leonardo Pakarati, el cual es muy recomendable para adentrarse, al menos como principio, en la importancia ancestral de Rapa Nui con respecto a sus ancestros y su vinculación directa con el Mana de ellos que se encuentra en los Moáis y “esculturas” realizadas durante siglos.

En este sentido es donde, nosotros, como occidentales, entendemos ciertos objetos sagrados como representaciones de algo, muchas veces usando una perspectiva retroactiva en base a lo que “hoy” conocemos. Cuando siento que algo puede significar una o múltiples cosas; cuando pienso en la representación de una figura ancestral con respecto al pueblo al que pertenece, en ese instante mi cosmovisión es muy diferente de la que viven, en este caso, los rapa-nui.

Ellos no establecen este tipo de separaciones informativas con respecto a los elementos de la naturaleza y los objetos construidos; son todos parte de una energía que les da vida y mantiene las almas en los objetos ancestrales. Este es el Mana. Las piezas construidas por sus ancestros, y en los lugares donde se instalaron, tienen una importancia fundamental al momento en que se vinculan con su cultura y sus antepasados, los cuales viven en esas piezas, su Mana está en ellas. No es una metáfora ni, repito, representación, es constitutivo y atemporal energéticamente.

Las piezas sagradas de los antiguos rapa-nui, como los Moáis, los cuales son rostros vivientes de las familias de los rapa-nui y conservan, estén donde estén, el Mana de los antepasados. Todos los objetos tendrían un alma, la cual es parte de un equilibrio, el cual puede romperse. De acuerdo a esto, la cultura estaría rota, pues sus ancestros se encuentran repartidos por el mundo, no en el hábitat espiritual del Mana donde vibran. El Mana es una fuerza, que da vida, que es lo que emerge, el principio de las cosas, sería algo así, para nosotros occidentales, como una fuerza que siempre ha estado y que accediendo a ella se integra una fuerza positiva de todas las cosas en nuestro cuerpo, alma y espíritu. El Mana se transmite generacionalmente, en una especie de genealogía a través de los objetos vivientes, entidades ancestrales. Los Moáis, no se encuentran en un lugar para ellos, sino que viven en un lugar. Al ser despojados de su vivienda, les quitan sus fuerzas de origen; es como, si a la inversa, le quitaran su vivienda o los arrancaran de estas.

Si no están los Moáis que pertenecieron a la isla, la gente pierde el Mana, o parte importante de su lugar, el cual no tiene un pasado y futuro como lo percibimos nosotros, sino que son un momento donde deben estar en cuanto su morada de relaciones ancestrales y actuales. La falta de uno de sus Moáis, es la falta de ellos mismos como parte de de la falta de una parte de sus vidas , pues el Moáis tiene una vida propia y el lugar que le corresponde en, valga la redundancia, correspondencia con su lugar. Para ellos, los cadáveres, o los huesos de sus antepasados son parte de esta ceremonia que no se puede separar, parecido (para entenderlo occidentalmente) a la desaparición en genocidios o dictaduras, donde, de forma posterior, se busca la reivindicación y encuentro de los cuerpos para una digna sepultura  en la creencia cristiana. Para los rapa-nui no importa el tiempo que haya pasado, les sucede algo parecido con los restos de sus ancestros, son parte de ellos y continúan arrebatados.

Nuestra, aún, no superada modernidad nos ha educado a “creer” en la separación y dicotomía de las cosas, y en esto, también, a jerarquizar ciertos objetos sobre otros desde una perspectiva ontológica de la adquisición, compaginación, documentación, acumulación, racionalización del saber por encima de lo no conocido. De estas maneras se puede justificar una apropiación en base a la herencia de lo propio como usurpación de objeto en tanto ganancia de cosas por sobre el valor de las cosas en sí; ganancias en guerras, en poderío tecnológico, en mercados industriales culturales que apelan a la propiedad privada, al personalismo exacerbado, a la construcción de identidades individualizadas al extremo de no contener la alteridad en mínimo equilibrio, etc. 

En este sentido, el concepto de propiedad puede verse, aquí -momentáneamente- desde una doble posición: por un lado la que corresponde a lo que ya entendemos como cultura y mencioné dentro de las exageraciones en los “vicios” recién, donde lo propio llega hasta la defensa y creencia de que lo privado es abarcable a lugares y objetos que pueden ser comunes; una recalcitración de la individualidad atrofiada en nuestra época. Por otro lado está la propiedad de las cosas, es decir, lo que podría ser propio de algo en su “principio”, como las cualidades de un objeto en sí mismo. En este último sentido, lo propio es una cualidad inseparable del objeto, y por lo tanto algo que de no estar en él perdería sus cualidades identitarias, es decir, lo que lo hace ser lo que es en un contexto. En el caso de los Moáis de Rapa Nui, el contexto es algo no comprensible por nosotros, pues no tiene una contingencia o coyuntura (como conceptos), sino una multiplicidad de dimensiones del Mana que hacen posible la relación de una etnia con su propia generación de realidad y convivencia con el cosmos que la posibilita.      

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