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Liderar al Chile que despertó

por 28 noviembre, 2019

Liderar al Chile que despertó
La gran virtud del liderazgo es justamente que se construye trascendiendo la veleidad del triunfo y la derrota, confirmándose en la capacidad de reacción, porque es en esencia resiliente. Por eso, Piñera, en su rol de líder de Estado, aún tiene una oportunidad única de volver a soñar lo imposible, fundamentalmente por la responsabilidad que dada la investidura de su cargo tiene con cada ciudadano. Así como lo hizo cuando se aferró a la corazonada de que aquellos 33 infortunados hombres podían ser salvados, cuando la lógica parecía indicar lo contrario.
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Un 13 de octubre de 2010, Sebastián Piñera observaba con emoción y orgullo cómo los mineros atrapados en la mina San José, eran rescatados dentro de la cápsula Fénix 2. Un orgullo que resultaba legítimo considerando que, junto a las ansiosas familias de estos trabajadores, fue de los pocos que transmitieron firme y consistentemente la confianza de que sí era posible sacar nuevamente a la vida a estos 33 infortunados hombres. Fue esta seguridad la que movilizó talentos y voluntades en Chile y el mundo entero, hasta lograr aquella postal inolvidable.

Nadie imaginó que justo nueve años después, en su segundo gobierno, sería el mismo Presidente Piñera quien observara atónito el inicio de una revuelta social nunca antes vista desde el retorno de la democracia. Es el mismo Chile, que veía angustiado el devenir de los 33 mineros, el que casi una década más tarde se manifiesta atrapado en un filón de pobreza solapada e injusticia social. La realidad actual ha llevado a muchos a preguntarse si aún creemos en la institucionalidad democrática e, incluso, a cuestionar si esta vez nuevamente como Presidente, Sebastián Piñera, será capaz de liderar una solución que como el ave Fénix permita dejar atrás las cenizas de la violencia y el resentimiento, para lograr impulsar a la nación a un inédito mejor estándar económico y social.

Si bien el actual desafío tiene marcadas diferencias con la gesta de San José, puede servir para exponer algunos aspectos de liderazgo que nunca deben obviarse. Al contrario de lo sucedido en el episodio minero, cuando fue el propio mandatario quien se incomodó y reaccionó ante las crecientes sensaciones de pesimismo –Ministro incluido– en esta oportunidad no fue capaz de hacer lo propio ante los dolores sociales latentes. Más aún, su gobierno dio muestras de no percibirlos, con una inmovilidad que durante semanas solo profundizó la molestia y la incertidumbre. Una vez que la explosión social se hizo evidente y, por momentos incontrolable, tampoco fue capaz de transmitir la serenidad que las personas reclaman de sus líderes en situaciones de crisis. La icónica frase: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso...”, lejos de aglutinar –si ese fue el objetivo deseado– irradió ansiedad y disgusto al no mostrar empatía con el fondo de las demandas sociales.

La operación que en el año 2010 tuvo como nombre propio, “San Lorenzo”, exhibió siempre un sueño traducido en una misión muy precisa: rescatar a todos los mineros sanos y salvos, en el menor tiempo posible. Hoy, por el contrario, el mandatario parece no haber siquiera intentado poner una visión inspiradora en el horizonte de los chilenos. Ha terminado retocando las propuestas de otros, como la Agenda Social y la nueva Constitución, que han ganado espacio en la mente de muchos ciudadanos casi por walkover.

Finalmente, es menester recordar que la solución al desafío del rescate surgió de intentar varios inéditos y esperanzados sondajes, hasta que uno de ellos recibió la respuesta esperada, “Estamos bien en el refugio los 33”. El liderazgo se nutre de intentar propuestas creativas que se perfeccionan en el tiempo. Hoy, no veo intentos, apenas, remedos.

En consecuencia, si el rescate elevó la popularidad del Presidente a un 63%, hoy los errores expuestos, sumados a otros factores, le han hecho descender a un escuálido 13% de adhesión. Sin embargo, la gran virtud del liderazgo es justamente que se construye trascendiendo la veleidad del triunfo y la derrota, confirmándose en la capacidad de reacción, porque es en esencia resiliente. Por eso, Piñera, en su rol de líder de Estado, aún tiene una oportunidad única de volver a soñar lo imposible, fundamentalmente por la responsabilidad que dada la investidura de su cargo tiene con cada ciudadano. Así como lo hizo cuando se aferró a la corazonada de que aquellos 33 infortunados hombres podían ser salvados, cuando la lógica parecía indicar lo contrario.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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