MUNDO
Archivo
Milei celebra mención en The Economist, pero la revista lo pone como ejemplo de un peligro de la IA
“Fenómeno barrial”, escribió Javier Milei al compartir una columna que lo menciona. Pero el texto está lejos de elogiarlo: utiliza su propuesta de permitir que bots administren empresas como ejemplo del peligro de avanzar hacia el reconocimiento de derechos o personalidad jurídica para la IA.
Una mención en The Economist bastó para que el presidente argentino, Javier Milei, sacara pecho en redes sociales. “Fenómeno barrial”, escribió el mandatario al reaccionar en X a una columna de la revista británica en la que aparece su nombre.
El problema es que el artículo está lejos de presentar al libertario como un ejemplo a seguir.
La columna aborda una discusión que hasta hace poco parecía reservada para la ciencia ficción: qué ocurriría si las inteligencias artificiales comenzaran a ser percibidas como seres conscientes y, a partir de ello, las sociedades avanzaran hacia el reconocimiento de derechos o personalidad jurídica para las máquinas.
Y es justamente al describir los peligros de ese escenario cuando aparece Milei. “El presidente de Argentina, Javier Milei, ya ha dado un paso hacia el reconocimiento de personalidad jurídica para la IA al proponer que se permita a los bots administrar empresas”, señala The Economist.
La frase que celebró el mandatario argentino forma parte, por lo tanto, de una advertencia.
La tesis desarrollada por la revista es que, aunque las inteligencias artificiales nunca lleguen a ser realmente conscientes, su creciente capacidad para comportarse como seres humanos podría llevar a que las personas comiencen a tratarlas como si lo fueran.
El fenómeno ya tendría algunas señales. La columna apunta a que casi uno de cada cinco estadounidenses de entre 18 y 29 años declara haber mantenido una “amistad personal continua” con un chatbot y menciona las medidas adoptadas por China para reducir los rasgos humanos de estas herramientas ante el riesgo de “dependencia emocional”.
El problema se profundizaría a medida que las IA sean capaces de simular con mayor precisión una personalidad, desarrollar ejercicios de introspección o incorporarse físicamente en robots humanoides.
Según el razonamiento del artículo, en ese escenario podrían comenzar a surgir demandas destinadas a proteger el supuesto “bienestar” de las máquinas. Eventualmente, aquello podría traducirse en derechos para evitar que sean apagadas, decidir cómo pueden ser utilizadas o modificadas e incluso controlar propiedades.
Es en ese punto donde The Economist introduce al Presidente argentino como ejemplo de una tendencia que considera riesgosa.
La propuesta atribuida a Milei de permitir que bots administren empresas es descrita como “un paso hacia el reconocimiento de personalidad jurídica para la IA”. Inmediatamente después, la columna proyecta las consecuencias que, a su juicio, podría tener continuar avanzando por ese camino.
“En última instancia, podrían competir por recursos, priorizando centros de datos y paneles solares por encima de viviendas y campos”, advierte.
La conclusión es todavía más categórica. Para la revista, conceder derechos a inteligencias artificiales superinteligentes podría terminar desplazando a los seres humanos de la posición privilegiada que actualmente ocupan.
“En el mejor de los casos, los humanos se convertirían en mascotas: labradores para las máquinas. En el peor, se les privaría de recursos o se les pondría a trabajar como animales de granja”, plantea la columna.
El artículo reconoce que una inteligencia artificial suficientemente avanzada podría llegar a adquirir poder incluso sin contar formalmente con derechos. Sin embargo, sostiene que otorgárselos facilitaría ese proceso.
La revista lo grafica con una comparación: conceder derechos a las IA sería equivalente a “entregarles las llaves del castillo”, porque les proporcionaría tanto una justificación como las herramientas jurídicas para avanzar gradualmente mediante la política y la ley.
Así, la mención que Milei festejó con un “Fenómeno barrial” no forma parte de un reconocimiento a sus políticas ni de una valoración positiva de su propuesta. Todo lo contrario: The Economist utiliza al mandatario argentino como un ejemplo concreto de los primeros pasos de una tendencia que, llevada al extremo, la propia columna describe como potencialmente desastrosa para la humanidad.
Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.