El Presidente Correa y los prejuicios de la elite chilena
Nadie de la élite chilena quiere escuchar al Presidente Rafael Correa decir en una universidad pública, menos en la Usach, que la educación superior pública gratuita es posible. Nadie de la élite chilena quiere escuchar sobre el ‘Proyecto Yachay’, uno de los más ambiciosos del Ecuador: la creación de la Universidad Tecnológica Experimental, que pretende convertirse en el principal conglomerado tecnológico y de investigación aplicada de América Latina. Lo que sí quieren escuchar es precisamente lo que les interesa: negocios. Para eso, donde sea y como sea, hay garantizada seguridad.
Razones de seguridad fue lo que expuso el Gobierno de Chile a las autoridades ecuatorianas en nuestro país para impedir que el Presidente Rafael Correa visitara la Universidad de Santiago y expusiera, en un diálogo académico, cifras que mostraran los logros y desafíos de la famosa “revolución ciudadana” que está llevando adelante en su país, Ecuador.
El veto resulta del todo plausible si es mirado desde la perspectiva de los prejuicios y sería aplicable no sólo a la Universidad de Santiago, sino a un sin número de instituciones de educación superior públicas y privadas. ¿Correa en la Universidad Central? ¿Correa en la Universidad Silva Henríquez? ¿Correa en la ARCIS, en la Academia de Humanismo Cristiano, Correa en la Universidad del Mar?… es lo mismo que Correa en la Universidad de Chile, de Concepción, la Frontera, de Playa Ancha o en la UMCE.
Son prejuicios que hablan de violencia, criminalización, anarquismo y encapuchados. Son prejuicios que encierran en un universo simbólico denigrante a comunidades académicas enteras, aunque se diga que no, que nunca se ha dicho eso, que sólo se han referido a los grupúsculos violentistas.
La verdad es que no es necesario ser semiólogo para darse cuenta que lo que importa en todo esto es ‘lo no-dicho’ (así operan los prejuicios más estructurantes) más que ‘lo dicho’.
¿Alguien recuerda si el propio Presidente Piñera ha visitado alguna de las universidades del Estado de Chile, alguna universidad pública, alguna de las universidades que están bajo su administración? ¿Lavín, Bulnes, Beyer?
[cita]Es evidente para el estado de movilización social y estudiantil que lo que pueda decir Rafael Correa es del todo interesante, pertinente y motivador. Hasta pedagógico, pues cualquiera que entienda el proceso ecuatoriano sabe que no es un proceso ni ‘a la Chávez’ ni ‘a la Fidel’ y menos ‘a la Kirchner’, es más bien un proceso cercano a lo ‘social demócrata’, y más de lo que se piensa.[/cita]
Es un desafío que habla por sí solo y nos recuerda además que cuando se habla de “universidad pública”, las autoridades de gobierno tienen sendos discursos para criminalizar y atizar la hoguera de los prejuicios, pero ni una palabra (ni pío) para hablar del fortalecimiento de lo público en el saber superior, del aseguramiento público de un saber —el científico y tecnológico— que debe ser de todos y no un bien más de la banca.
Pregúntese ¿qué significa para este país que aquella institución que estaba destinada al desarrollo científico y tecnológico —CONICYT— sea trasladada desde el Ministerio de Educación al Ministerio de Economía para su administración? De eso sí que saben “hablar”, y fuerte, con hechos.
Es evidente para el estado de movilización social y estudiantil que lo que pueda decir Rafael Correa es del todo interesante, pertinente y motivador. Hasta pedagógico, pues cualquiera que entienda el proceso ecuatoriano sabe que no es un proceso ni ‘a la Chávez’ ni ‘a la Fidel’ y menos ‘a la Kirchner’, es más bien un proceso cercano a lo ‘social demócrata’, y más de lo que se piensa.
El punto es que desde el 2006, y bajo un entramado de consignas antineoliberales, el Presidente Correa ha impulsado reformas (muchas de ellas estructurales) de las cuales el movimiento social chileno puede aprender mucho, sobre todo por sus impactos y proyecciones, sobre todo para un país como el nuestro que necesita reformas estructurales que hoy por hoy —se siente— sólo se espera que Bachelet pueda impulsar.
Nadie de la élite ni del gobierno quiere escuchar la historia de un país que devorado por el neoliberalismo un día dejó atrás las lógicas neoliberales excluyentes, y avanza y se desarrolla con una nueva Constitución (Asamblea Constituyente mediante) y con nuevos proyectos y desafíos. Nadie, obviamente.
Nadie de la élite chilena quiere escuchar al Presidente Rafael Correa decir en una universidad pública, menos en la USACh, que la educación superior pública gratuita es posible.
Nadie de la élite chilena quiere escuchar sobre el ‘Proyecto Yachay’, uno de los más ambiciosos del Ecuador: la creación de la Universidad Tecnológica Experimental, que pretende convertirse en el principal conglomerado tecnológico y de investigación aplicada de América Latina.
Lo que sí quieren escuchar es precisamente lo que les interesa: negocios. Para eso, donde sea y como sea, hay garantizada seguridad.
¿Reuniones con empresarios?, ¿reuniones con los empresarios de la megaminería? Seguridad garantizada. Pero claramente será uno de los momentos conflictivos para el presidente Correa, pues como me dijo hace poco un académico argentino, escritor del éxito de ventas “15 Mitos y realidades de la Minería Transnacional en la Argentina”, Enrique Viale, “la megaminería es la principal contradicción del proyecto de revolución ciudadana de Correa”. Ya tiene problemas por las consecuencias ambientales en Yasuní, ya los tendrá por la megaminería.
Pero en Chile no hay problema. Es parte de la domesticación biopolítica del neoliberalismo. Estamos acostumbrados.
Esta pregunta y esta respuesta de Juanafé, con toda su carga simbólica y poética, siguen siendo para la Usach un mantra neoliberal, el mantra de los prejuicios que hoy por hoy nos tienen del lado de la violencia inventada como excusa:“¿Quién tiro la bala para Víctor Jara? Nadie nos dio la cara…”
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