Publicidad
Acusación contra Beyer: otro ardid de la Concertación Opinión

Acusación contra Beyer: otro ardid de la Concertación

Publicidad
Jaime Retamal
Por : Jaime Retamal Facultad de Humanidades de la Usach
Ver Más

La paradoja será brutal, porque la derecha política, el gobierno piñerista y el propio Ministro Beyer argumentarán a su favor precisamente esto: ellos sí que se han ocupado de las demandas de los movimientos sociales por la educación; ellos sí que han fiscalizado, sancionado y hasta cerrado universidades que lucran; son ellos los depositarios más auténticos de una demanda justa del ciudadano medio común y de las familias de clase más humilde que esperan del Estado una provisión de calidad educativa. Brutal.


Ahora resulta que la Concertación está firme con el movimiento social por una “educación justa”, está firme contra el lucro en la educación superior, y está firme con provocar la caída de un ministro de Educación que los ha ninguneado hasta el hartazgo, de todas las formas posibles y en todos los medios posibles.

La Concertación ha presentado una Acusación Constitucional contra Harald Beyer “por infracción y omisión de las disposiciones de la Carta Fundamental, al no hacerse cargo de las denuncias de lucro en la enseñanza superior”.

¿Significa esto que la Concertación, ahora sí, está de parte de los movimientos sociales, de esos mismos que tan sólo ayer, no han hecho sino capitalizar el desprecio y descrédito que la ciudadanía tiene por “los que administraron la educación neoliberal de Pinochet”?

[cita]¿Alguien puede creer que esta Concertación, la verdadera, el “Mapu-Martínez”, estará en contra el lucro “regulado” en la educación superior? Si son ellos los que han ideado la administración del modelo, por qué iban a estar en contra de su propia criatura. Además, “Brunners” hay hoy muchos más que en los inicios de los 90.[/cita]

¿Es que la Concertación escuchó la voz del pueblo, finalmente, en una de las materias fundamentales de la educación, como lo es el derecho inalienable a recibir una educación de calidad sin importar la cuna del hogar donde uno nazca?

La paradoja será brutal, porque la derecha política, el gobierno piñerista y el propio Ministro Beyer argumentarán a su favor precisamente esto: ellos sí que se han ocupado de las demandas de los movimientos sociales por la educación; ellos sí que han fiscalizado, sancionado y hasta cerrado universidades que lucran; son ellos los depositarios más auténticos de una demanda justa del ciudadano medio común y de las familias de clase más humilde que esperan del Estado una provisión de calidad educativa. Brutal.

La Concertación se prepara para la justa electoral y la cuenta es más alegre que triste o preocupante pues, aunque les enrostren que durante 20 años no hicieron nada, lo concreto es que ahora sí, después de escuchar las calles y a los estudiantes en ellas, ahora sí que actúan, proponen y operan contra el lucro… y operarán… ahí la promesa, ahí Bachelet.

¿Resulta creíble este relato?, ¿no es un ardid más?, ¿no estamos de nuevo ante la administración del espectáculo político que tanto tuvimos que sufrir con la Concertación?, ¿no es esta la mejor manera de quitar la agenda a los estudiantes que ya anunciaron marchas para abril, y no sólo la agenda, sino también el discurso, los argumentos y sus consignas?, ¿qué pueden decir ahora los estudiantes de creíble que no tenga, por ambas partes del binominal, acciones concretas en vistas a desterrar el lucro en la educación?

Es muy difícil la tarea que tienen los estudiantes y el movimiento social por la educación, porque desenmascarar al binominal, es decir a las fuerzas de la política chilena respecto a su ambigüedad sobre el lucro en educación, cuando ambas coaliciones tienen ahora acciones sobre la mesa, será, por decirlo menos, cuesta arriba.

Tal vez exagero. Tal vez sólo basta decir “no les creemos”.

Tan sólo ayer Enrique Correa decía que “ha regresado la política en plenitud. El 2011 dio la impresión de que los movimientos sociales habían dejado a la política de rodillas. Eso es una ilusión”. No hablaba por sí sólo, hablaba por todo el establishment concertacionista, que hace rato eligió la dicotomía —absolutamente maniquea por cierto— “Movimientos Sociales contra la Política”. Con esa maniquea dicotomía, Enrique Correa nos recordó, al igual que Ernesto Ottone hace un par de días, que hoy la sociedad lo que exige es otro tipo de política, pero política al fin, las llamadas “políticas de inclusión”. Hoy ya no necesitamos a los movimientos sociales, hoy necesitamos a la política. El mismo Ottone siempre lo predicó a través de El Mercurio, su tribuna, desde el 2011 incluso como se puede leer: “La oposición, por su parte, debe esforzarse por recobrar su extraviada autoestima para contribuir a la búsqueda de soluciones desde la autonomía de la acción política”. ¿Cuál política, cuál es su especial consigna ahora? Inclusión, políticas de inclusión: Bachelet 2.0.

Y hablo de Enrique Correa y de Ernesto Ottone casi como si ellos fuesen los “niños símbolo” de la Concertación verdadera, la del poder, la dominación y el control: el famoso “Mapu-Martinez”, ese especial partido transversal —¡qué digo partido! ¡directorio!— esa red subterránea de dirigentes e intelectuales de cultura política social cristiana y social laica que nos gobernaron, presidentes más presidentas menos, durante 20 años. Es la Concertación “de” Bachelet, pero entendiendo es “de” no como si ella fuese un núcleo fundamental, sino más bien como lo que es, a saber, un producto más “de”  esa transversalidad que verdaderamente tiene el poder y lo administra. Han vuelto y en todo su esplendor, donde efectivamente está el poder, no por supuesto en los movimientos sociales. Vuelven como saben, en forma de política”. Al fin y al cabo ¿qué es la política? A ninguno de ellos hay que recordárselo, después de El Príncipe, todos lo sabemos.

La pregunta es obvia

¿Alguien puede creer que esta Concertación, la verdadera, el “Mapu-Martínez”, estará en contra el lucro “regulado” en la educación superior? Si son ellos los que han ideado la administración del modelo, por qué iban a estar en contra de su propia criatura. Además, “Brunners” hay hoy muchos más que en los inicios de los 90.

A veces, las más de las que uno podría soportar, la Cámara de Diputados ha hecho el ridículo ante el país. Esta vez no será así. La justificación contra Beyer es rotunda. El problema es que se configura el perfecto ardid contra una movilización social que aún hoy tenía argumentos para no creerle ni a la “Concertación soft” de la Cámara, ni menos a la “Concertación Mapu-Martínez” de Bachelet. Es un ardid en forma de política. El perfecto ardid.

Tal vez exagero. Tal vez sólo basta decir “no les creemos”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad