Presidenta no queremos su plata para financiar la rehabilitación, de eso nos encargamos nosotros
Señor Director:
Nuestro barrio organizó una Teletón en Santa Julia, Viña del Mar. A pesar del mal clima y de las horas en que nadie entró, pudimos salir adelante. El grupo de gente a cargo tenía tanta energía y convicción en que podríamos realizarlo de manera exitosa, que nada nos detuvo. Juntamos la misma cantidad de dinero que en eventos anteriores y nos fuimos victoriosos al banco donde nos aplaudieron por la entrega. Para celebrar organizamos una once con todos los niños discapacitados que participaron y parte del equipo. Cuando estábamos terminando les conté la historia que me hizo llorar, del niño de la Teletón que sufrió bullying en el colegio y que tuvo que cambiarse a otro establecimiento donde por fin pudo tener amigos. Todas las mamás comenzaron a contar cómo el colegio donde sus hijos estudiaron les dio una oportunidad de integración, pero a la misma vez eso se transformó en un calvario. Donde profesores que no estaban preparados trataban mal a los niños, los dejaban fuera de sala, no los llevaban a actividades fuera del colegio, los ridiculizaban. Mi corazón se apretaba y sentí mucha rabia. Ese mismo colegio que recibía una subvención por recibir niños con capacidades limitadas, no estaba preparado ni tenía la intención de serlo. Su infraestructura deficiente era un obstáculo más en esta carrera por ser considerado un niño normal. No había baños para discapacitados ni lavamanos, menos barandas ni subidas de sillas de ruedas. Puedo contar todo el día las veces que mi hermana se cayó, se rompió un diente en ese patio. Los niños que van a colegios de integración sufren toda una vida por ser considerados como todos, con los mismos derechos.
Recuerdo que debíamos llevar a nuestra hermana al baño en los recreos, y si ella quería ir al baño antes la Directora del colegio la retaba y nos exigía tener un “ horario” planificado. Mi hermana se cansó, lloró tanto un día, que no quiso ir más al colegio. Y así muchos otros niños. Pero siempre estuvimos nosotros, la familia, y eso importa.
Los meses previos a la Teletón, las redes sociales parecen una competencia de columnistas por quién escribe la peor nota acerca de la Campaña, por quién tiene la verdad nunca antes contada, como si ellos alguna vez se hubieran puesto en el lugar del otro. Como si alguna vez hubieran sido voluntarios de algo y hubieran sentido esa magia de la solidaridad que aflora en el pecho. Solo leo frialdad y unas ansias por ser famoso. En vez de poner el grito en el cielo porque las empresas ponen un poco de plata, yo les pediría que nos ayuden en esta mi campaña personal: “Presidenta no queremos su plata para financiar la rehabilitación, de eso nos encargamos nosotros. Queremos leyes, normas, sanciones y mejoras en los colegios y universidades. Queremos profesionales capacitados para educar a niños discapacitados, no solo en herramientas sino en disposición”. No quiero que un profesor ni un Director ni los alumnos de un establecimiento se sientan con el derecho de discriminar, insultar y herir a una persona porque es “diferente”. Ese es el daño y la deuda más grandes que existen con el país.
Que las platas que se entregan por integrar a niños discapacitados se inviertan en ellos, que sancionen a aquellos que no cumplan, esto no puede seguir así. Luego, después de eso, hablemos de inclusión.
Melissa Torrejón Oñate
Centro Comunitario de la Discapacidad
CECODIS