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74% de alza de VIH en adolescentes: ¿de quién es la culpa?

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Janet Noseda
Por : Janet Noseda @janetnoseda Psicóloga Clínica
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Existe un alza alarmante de casos de VIH entre los adolescentes, con un aumento del 74% entre los años 2009 y 2013. Tengo una opinión clara de las causas de esto, pues trabajé en una unidad de VIH/SIDA de un hospital público durante mucho tiempo, realizando las consejerías previas y entregas de exámenes a quienes se acercaban a realizarse el test de ELISA y observé muchas deficiencias en el sistema. Una de ellas, es que se les pide a los menores de edad tomarse el examen acompañados por un adulto.

Observé entonces, cómo muchos jóvenes que habían llegado a tomarse el examen eran devueltos a sus casas por no venir acompañados de sus padres o madres y, obviamente, no volvían más. ¿Cómo exponer su sexualidad a sus padres y además su temor de quizás estar viviendo con VIH? Así, se perdían oportunidades de pesquisa de posibles personas viviendo con VIH que estaban ahí mismo y que se iban bajo nuestras propias narices, por una ley muy mal hecha.

Pude hablar con muchos de esos jóvenes antes de que se fueran, para saber por qué deseaban hacerse el test de ELISA y, efectivamente, en la mayoría, había riesgo alto de que estuvieran viviendo con el virus, pues habían tenido prácticas riesgosas, como penetración anal sin condón o penetración durante la menstruación sin condón. Otros, habían tenido prácticas muy riesgosas para otras enfermedades de transmisión sexual que, de no recibir tratamiento, pueden ocasionar infertilidad, cáncer, problemas neurológicos y situaciones parecidas a las fases avanzadas del SIDA, como lo es la sífilis. Los jóvenes realizan frotación de genitales sin preservativo, sexo oral como práctica que consideraban segura y penetración eyaculando fuera del cuerpo. El herpes, la sífilis, el virus del papiloma humano y la gonorrea, estaban a la orden del día y esos jóvenes, ¡que estaban ahí mismo!, eran devueltos a sus casas.

A lo anterior, se suma el que Chile no cuente con campaña publicitaria de uso del condón ni educación sexual en los colegios. Estas dos variables deberían tener un mínimo común en un país “OCDE”: enseñar cómo poner un condón. Esto, que parece simple y lógico, en Chile es tema de constante debate y puritanismo.

Recuerdo que en una campaña presidencial de Lavín, este respondió, ante la pregunta de la campaña del uso de preservativo, que no le gustaría que su hija portara condones en la mochila. Recuerdo también campañas de prevención del VIH/SIDA donde existía una tremenda alharaca por usar o no la palabra “condón”.

Realmente no sé que hacemos en la OCDE, ya que en los países desarrollados, los jóvenes “seniors”, esto es, aquellos en último año de escuela o incluso antes, reciben instrucción de cómo poner un condón en la misma sala de clases, ensayando con frutas o elementos parecidos a un pene. Saben, por ejemplo, que para poner el condón el pene debe estar erecto, se debe apretar la punta del condón mientras se desenrolla hacia la base del pene y luego soltarlo y saben que el condón se usa durante toda la relación sexual y no solo durante la penetración, entre tantas cosas más.

[cita tipo=»destaque»] A lo anterior, se suma el que Chile no cuente con campaña publicitaria de uso del condón ni educación sexual en los colegios. Estas dos variables deberían tener un mínimo común en un país “OCDE”: enseñar cómo poner un condón. Esto, que parece simple y lógico, en Chile es tema de constante debate y puritanismo.[/cita]

No creo realista echarle la culpa solamente al Gobierno, puesto que yo misma he recibido negativas de colegios ante el ofrecimiento de talleres de uso del condón y la negativa es desde los mismos padres, madres y apoderados. Existe una especie de miedo de hablar de sexualidad con sus hijos e hijas, pues se estaría “incitando o dando implícito permiso a tener sexo”. Esto es llamativo, ¿obedece esto a la fantasía del embarazo adolescente? Y si es así, ¿no sería mejor enfrentar el tema y hablar con nuestros hijos de sexualidad, orientarlos acerca de los métodos anticonceptivos existentes y acompañarlos a escoger uno, hablarles de las enfermedades de transmisión sexual y de las formas más riesgosas de tener sexo para adquirir VIH/SIDA?

Creo que es mucho mejor saber que nuestros hijos e hijas se están iniciando en la vida sexual con conocimientos, con nuestra guía y apoyo y con herramientas para ejercer sexo seguro, que prohibirles recibir una charla sobre cómo poner un condón. El que sepan esto, los protege de enfermar y hasta de morir. Creo que más allá de la fantasía del embarazo adolescente está el juicio negativo de la sexualidad adolescente y es que en nuestro imaginario aún reside la sexualidad adolescente como algo malo, pecaminoso y cercano a lo libertino. En este punto, hace falta que los adultos se miren a sí mismos y observen desde dónde vienen estas premisas y cómo perjudican a sus hijos e hijas con ellas.

Hay algunos otros aspectos de los adolescentes que observé en la Unidad de VIH/SIDA que me llamaron mucho la atención y esto fue cuáles prácticas sexuales estaban practicando. Estos adolescentes, sin ninguna guía de los adultos, ejercían prácticas sexuales altamente riesgosas, tales como penetración anal sin condón (80% de probabilidad de adquirir VIH versus un 10% en la penetración vaginal sin menstruación), sexo oral sin condón (riesgo alto de adquirir papiloma humano, principal causa del cáncer cérvico uterino, herpes, etc.) y frotación de genitales sin condón (riesgo alto de adquirir sífilis, enfermedad que en su estadio tardío es casi idéntica al SIDA).

Estos jóvenes tenían estas conductas para evitar embarazos. Curioso, puesto que además no usaban métodos anticonceptivos y cargaban con las fantasías de sus padres o madres con respecto a la sexualidad: el embarazo como delator de una sexualidad que es vista como pecaminosa.

Creo que urge que las leyes cambien. Urge un plan nacional de educación sexual laica no sexista. Urge una campaña publicitaria digna, donde se use la palabra condón y se den los tips básicos de cómo ponerlo. Urge sobre todo quitarnos la venda de los ojos. Nuestros hijos e hijas están teniendo sexo y ello no es algo malo. Lo malo es no hablarlo, no orientarlos, no informarnos nosotros mismos sobre el VIH y las enfermedades de transmisión sexual. Urge empezar a comportarnos como el país desarrollado que alardeamos que somos y urge que los adultos nos observemos en nuestras propias fantasías y creencias acerca de la sexualidad adolescente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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