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A 100 años de la Revolución Bolchevique

por 2 julio, 2017

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Habrán muchos estudios y trabajos que abordarán este tema con pulcritud y rigurosidad. Lo mío es una libertad que nace sin ninguna de esas virtudes, aunque lo intentaré decir de manera cuidadosa.

Lo primero es que alguien podría decir ser objetivo, pero una de las cosas que nos enseñó la guerra fría era justamente que esa objetividad era una objetividad de clase y de intereses políticos. Lo que era bueno para unos no lo era para otros. Por ejemplo, quienes hablaron de la dictadura soviética eran los mismos que miraban para el techo con el régimen de Pinochet. Donde se encuentra la objetividad? Difícil, por ello seré cauto.

La Unión Soviética de Lenin -que murió en 1924 solo siete años después de la Revolución de octubre- pero sobre todo de Stalin (pocos saben que la redefinición de la geografía soviética se hizo posterior a la II Guerra Mundial) fue una potencia militar, económica y, por sobre todo, ideológica, durante 70 años.

Incluso la extraña mezcolanza china (marxismo neoliberal o dictadura con mercado) se sostuvo gracias a la existencia de la URSS. Estados Unidos demasiado preocupado del enemigo principal –la URSS- dejó de tratar de entender la política china e incluso pensó, luego de las críticas de Mao de mediados de los años 60, que podría intentar una alianza con China contra los soviéticos. No es primera vez que EE. UU elige mal sus aliados y esta perspectiva está aún en proceso de evaluación. (Por ejemplo, se dice que la alianza de Trump con Rusia -que lo tiene al borde de impeachment constitucional- sería para asegurar el apoyo de Rusia contra el Ejército Islámico y China).

Esta lógica la podrán echar de menos quienes mañana no tengan el dinero suficiente para acceder a tales bienes. La opinión sobre la igualdad sería muy diferente si las personas no supieran que lugar les tocaría en la sociedad. Si los ricos en lugar de obtenerlo por herencia tuviesen que someterse a una tómbola pudiendo ser ricos o pobres, seguramente su voto sería más mesurado con respecto a la desigualdad actual. Eso logró el socialismo soviético.

Los partidos comunistas del mundo existen -aunque muy degradados electoralmente- y no me cabe duda que en algunos años habrá gente que reivindique el enorme rol del Estado en la URSS. Probablemente, nadie rescatará la falta de democracia y la ausencia de mecanismos electorales, así como la prensa única y todas estas restricciones al pluralismo. Ya en EE. UU en la última elección, un demócrata, Bernie Sanders, se reivindicó socialista como lo fueron los socialistas de ese país durante años, incluyendo al físico Einstein.

Hay sin duda varias etapas en la Historia de la Revolución Rusa. La primera que termina con la muerte de Lenin y que resuelve las disputas al interior de la cúpula del partido comunista. Lenin, pragmático, centró la política en cómo desarrollar el país con la Nueva Política Económica, NEP, y con una disciplina productiva esencial. Los que privilegiaban la política (Trotsky y sus amigos) en realidad pregonaban la necesidad de propagar la revolución a nivel mundial como primera prioridad. El documento de Leon Davidovich sobre la Revolución Permanente fue el punto de quiebre entre el estalinismo (hasta ese momento sin la connotación peyorativa posterior) y el trotskismo, cuya constatación peyorativa se debe al trabajo eficaz de los servicios de inteligencia soviéticos ayudados por los PC de cada país del mundo.

Probablemente, si la estrategia trotskista hubiese triunfado, Hitler hubiese conquistado Rusia y “otro gallo cantaría”.  La decisión de la recuperación de la potencia rusa (que lo fue antes del siglo XIX) del PCUS mezclaba asuntos históricos rusos con ideología marxista revisada en la Academia de Ciencias de la URSS, que transformó el marxismo en un manual operativo más que en una manera de pensar, siempre crítica.

La II Guerra Mundial, mal puede entenderse sin la Gran Crisis económica de 1933 que se desplegó por todo el mundo y que estuvo a punto de que la misma Alemania, en lugar de abrir paso a Hitler, hubiese dado lugar una alianza entre los socialdemócratas y los comunistas. De quien fue la culpa?  Ello queda a reflexión del lector!!.

La crisis de los años 30 permitió un crecimiento significativo de ambas fuerzas  (socialdemócratas y comunistas) que copaban las centrales sindicales europeas. Hasta en Chile hubo una República Socialista (claro, duró una semana, pero socialista al fin y al cabo). No olviden que incluso en EE. UU. el movimiento social y sindical era poderoso y amenazaba al propio capitalismo. La creciente influencia de los PC en Europa era motivo de insomnios de la derecha regional.

La irrupción de Hitler - con el protagonismo que conocemos- encuentra a Rusia  muy preocupada de luchas internas con la II Internacional socialdemócrata e incluso atacando a la liga espartaquista alemana de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebnich. El PCUS en ese período entra en la etapa del estalinismo: quienes no están con nosotros son nuestros enemigos; quienes no están con la US son agentes del imperialismo y los únicos aliados son los PC, siempre y cuando mantengan disciplinadamente la línea del PCUS.

El fascismo, surge justamente como una inteligente manera de combinar las demandas populares con la persistencia del sistema. Italia, España y finalmente la Alemania fascista fueron las barreras decisivas para la enorme alza del comunismo en Europa.

Esta situación le permitió disponer de un aparato de inteligencia mundial y miles de “partisans” para combatir al fascismo aunque le costó darse cuenta del peligro de Hitler (al igual que a los demás Aliados).

Los expertos en temas militares podrán opinar con propiedad sobre la estrategia de Hitler pero, al parecer, su derrota se debe más bien a que decidió enfrentar demasiados enemigos simultáneamente. Como sea, el haber intentado conquistar Rusia será por siempre el error más importante del nazismo y el principio de su derrota total. La URSS demostró una enorme capacidad de resistencia de toda la población; una expertise militar adecuada y una capacidad logística que le permitió enfrentar la acción más importante del ejército hitleriano y la única -dígase con mayúsculas- en que realmente hubo combates serios y permanentes (Hitler había conquistado Europa con meras escaramuzas militares salvo Yugoslavia). Esto está y estará por milenios en el ethos ruso y en su orgullo nacional.

Estará en los imborrables éxitos de la república soviética y que no podrán tampoco cambiarse con un ejército norteamericano que, justamente, entra en batalla al final, cuando el nazismo estaba seriamente lesionado por la resistencia del Ejército Rojo.

Posterior a la derrota del nazismo se redistribuyó la Europa y quedó una enorme cantidad de países bajo la égida soviética. Si bien los rusos (como intertanto) parecían merecer el control de la administración de países que estaba hasta poco antes controlados por los nazis (Polonia, Checoslovaquia, Hungría e incluso la mitad de Alemania). Esta situación no tenía por qué conducir a un sistema “estalinista” en lo político, pero así se decidió y fue la base de las críticas posteriores que permitieron que estos países se descolgaran de la URSS sin problemas. No obstante, tampoco debe descartarse la posibilidad de que en estos países aparezcan movimientos o partidos que recuperen el concepto socialista sin las desviaciones estalinistas comentadas.

El poder adquirido por la URSS posterior a la II Guerra generó la Guerra Fría. Es decir, EE.UU. asumió que su enemigo fundamental era el comunismo. En lo interno se inició la caza de brujas; en lo internacional se apoyó a todo lo que oliera a anticomunismo. El peligro comunista se transformó en la obsesión de la CIA y del establishment norteamericano. Mirando en retrospectiva pareciera que los comunistas también tenían razón: El Mercurio no era un simple diario sino un diario pagado y pauteado por la CIA (de hecho, su propietario fue financiado por el organismo norteamericano). Tampoco los comunistas locales tenían autonomía de los lineamientos ideológicos de  la URSS. La Guerra Fría entonces fue el primer enfrentamiento global de la humanidad. Nada era ajeno a las dos grandes potencias.

Los 35 años de Guerra Fría enfrentaron a descomunales servicios de espionaje, inteligencia y evaluación que muchas veces no fueron bien leídos por los analistas. Fidel Castro fue bien visto por los analistas norteamericanos de ese momento; puesto que se equivocaron, posterior a ello la inteligencia de EEE. UU. Apoyó indefectiblemente a todas las dictaduras más ignominiosas del continente.

América Latina jugaba un rol marginal en esta lucha porque el marxismo oficial en la URSS tenía poco interés en los países del Tercer Mundo –quizás con razón en una perspectiva geopolítica- y además la estrategia se basaba en una curiosa y mecanicista idea de que antes de hacer una transformación socialista debía haber –forzosamente, para seguir la lógica de los manuales- una instalación capitalista que debía poner a las burguesías industriales locales contra los terratenientes semi feudales. ¿Fue esto lo que hizo Frei Montalva entre 1964 y 1969? Como sea la URSS y el PC chileno siguieron disciplinadamente esta línea.

La política de la URSS para América Latina nunca coincidió con la de Cuba pero no podía abandonarla porque era una pieza importante en el tablero general. El socialismo soviético en nuestra región nunca podrá ser evaluado sin reconocer el apoyo que la URSS otorgó a Cuba y que ésta era un símbolo de los cambios que exigía un continente dominado por oligarquías feroces.

La URSS posterior a Stalin que logró sobrepasar la Guerra Mundial con éxito no dejó de  reflexionar sobre reformas en sus lineamientos generales pero con pocas variantes. A principios de los  años 60 la política revisionista de la URSS encabezada por Kruschev – como la calificó el PC  chino de la época-  planteó la coexistencia pacífica, la emulación pacífica y la vía pacífica que terminó por ordenar a los PC de Europa pero en cambio, generó fuertes distensiones en la América Latina.

El PCUS en realidad venía desde hace tiempo planteando la necesidad de un cambio en la manera de que los partidos comunistas debian participar en la vida política de los países. La lucha armada había sido descartada ya en ese tiempo. Pero los partidos comunistas no habían logrado patente de demócratas, quizás ni hasta ahora.

La esperanza del fin de la historia pregonada por un trasnochado analista luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 no es tal. Sin duda que la gran conclusión de Marx de que “la historia es la historia de la lucha de clases”  que pudo mover a millones de personas durante siglo y medio es más confusa ahora que antes (nunca Marx definió a las clases de la sociedad sino a las simbólicamente evidentes como burguesía y proletariado). En el Siglo XXI hay una enorme mayoría que no cabe exactamente en esta diferencia…. Pero, en cambio, decir que todos podrían estar contra -o por reducir- el poder del 1% de los multimillonarios del mundo que se apropian del 30% de la riqueza planetaria podría mover al mundo, tanto como lo hizo Marx con sus postulados del Manifiesto de 1848.

En el mundo ha cambiado el concepto de trabajo. La plusvalía marxista debiese incorporar a todo trabajo y no solo al fabril como se le ocurrió al fundador de la II internacional. El concepto de excedente que desarrollaron los insignes marxistas norteamericanos Baran y Sweezy puede ser más apropiado a nuestros tiempos. En este sentido, hay sospechas de que podría generarse una alianza de trabajadores que son o no dependientes de un “patrón” pero que generan excedentes que son apropiados por terceros. ¿Acaso la descomunal industria china que copa el mercado mundial no es un ejemplo de excedente intermediado por la tercerización de la producción? Son las grandes compañías transnacionales que mantienen su poder obteniendo ganancias cada vez mayores en el proceso de intermediación financiera ganando en la parte final de la cadena de distribución.

A la población le cuesta entender las crecientes diferencias entre los precios de producción (al salir de la fábrica o del predio agrícola) y los precios de mercado (en el supermercado o tienda). Esta plusvalía de nuevo tipo no niega el concepto marxista original y hace pensar que el sistema bolchevique podría reducir tales costos como de hecho lo hizo. Sin embargo, no pudo resolver pese a las ideas “planificacionistas” la escasez y las “colas”.  El capitalismo elimina las colas no resolviendo las necesidades sino subiendo los precios hasta que los que ya no pueden comprar se retiran de la fila.  Esta “iteración de mercado” hace que al final justamente quedan en la fila solo los que pueden comprar a precios mayores lo que se ofrece.

Esta lógica la podrán echar de menos quienes mañana no tengan el dinero suficiente para acceder a tales bienes. La opinión sobre la igualdad sería muy diferente si las personas no supieran que lugar les tocaría en la sociedad. Si los ricos en lugar de obtenerlo por herencia tuviesen que someterse a una tómbola pudiendo ser ricos o pobres, seguramente su voto sería más mesurado con respecto a la desigualdad actual. Eso logró el socialismo soviético.

En fin, se ha dicho que hubo mucho retraso en la producción y esto es solo parcial porque en lo que era interés estratégico competía de igual a igual con EE. UU. (tecnología militar, desarrollo informático, industria pesada). El problema es que no se generaron incentivos para la producción de bienes de consumo básicos y se mantuvo un retraso que, pareciera no ser tanto, porque en la Rusia de hoy se encuentran todos los bienes de cualquier país capitalista vecino. El concepto de derecho al acceso a bienes y servicios sociales (salud, jubilación) puede que se olvide por un momento pero el socialismo bolchevique estableció y aseguró estos derechos tanto que muchos de los países del norte europeo y del centro de Europa aún mantienen estas garantías. Más temprano que tarde las poblaciones del mundo considerarán que la producción no es todo y que la seguridad de tener respaldo en caso de eventualidades catastróficas puede ser muy importante y eso lo logra mejor el socialismo real que el capitalismo neoliberal.

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