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Educación sexual integral y VIH-SIDA: ¿Qué proponen hoy las políticas públicas de salud y educación?

por 19 abril, 2018

Educación sexual integral y VIH-SIDA: ¿Qué proponen hoy las políticas públicas de salud y educación?
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Frente a otras instituciones que van perdiendo credibilidad y día a día se desmoronan, la escuela, con todos sus problemas y con sus visibles necesidades, continúa siendo el mejor lugar para niños y niñas, adolescentes y jóvenes.

Los docentes a diario compartimos espacios de enseñanza y aprendizaje con los estudiantes a cargo, nuestra labor de educadores no consiste sólo enseñar a leer y escribir, tampoco a machacar hasta el hartazgo sobre las cuatro operaciones básicas o recordar las heroicas hazañas de nuestros próceres, necesitamos de eso y de mucho más aún, pues intercambiamos con sujetos ávidos de conocimientos, llenos de preguntas e inquietudes que precisan resolver, conocer en profundidad acerca de sus derechos y deberes, de sus intereses y necesidades puntuales, saber de la vida y de lo que los rodea; por lo tanto, se vuelve imperioso hablar en las aulas de sexualidad y salud reproductiva, de políticas de género, diversidad sexual y todo aquello que involucra su desarrollo personal, en una sociedad que no siempre los contiene ni les ofrece respuestas.

Precisamos poner temas actuales y acuciantes en debate permanente: embarazos adolescentes, aborto, sexualidad, cuerpo y placer, sin dejar de lado la sexualidad responsable, los cuidados -cuidar y cuidarse- y, por supuesto, drogas, grooming y pedofilia, entre otros. Y como contenido transversal, en cada área, espacio curricular y disciplina del saber, hablar sobre VIH-SIDA y ETS/ITS (enfermedades de transmisión sexual/infecciones de transmisión sexual) con los aprendientes, que no sea un contenido ajeno a la cotidianeidad o forzado, porque estas enfermedades son una realidad tangible y debemos concientizar acerca de ellas. Son todos temas que van entramados entre sí y en las escuelas hay que desarrollarlos.

 Según cifras de ONU-Sida, publicadas en 2016, Chile lideraba el porcentaje de infecciones en la región, con un 34%.  Los sectores más pacatos de Chile, que rayan en la hipocresía -tenemos un país conservador y de doble estándar-, consideran y sostienen erróneamente que si no se habla de sexualidad en las aulas y se soslayan los problemas que ello implica, en el país no se fornica. Resulta peligroso que los programas preventivos y la información responsable quede al arbitrio de ciertas instituciones escolares, que no tocan el tema en las aulas ni les interesa/importa hacerlo: la salud de la población es un problema nacional, no de credos individuales ni de conciencias mojigatas.

Como educadores que hemos elegido la tarea de  enseñar a aprender, sostengo que las aulas son nuestra mejor tribuna para que niños y niñas, en su cotidianeidad, aprendan a pensar, cuestionar, diferenciar, inferir, interrogar e interrogarse, conocerse a sí mismos y a los otros, a sus pares, saber, conocer y aprender más de su cuerpo propio y el de los otros cuerpos, de la necesidad extrema de cómo cuidarse y conocer los peligros que les acechan cuando la información les es permanentemente banalizada, distorsionada, mezquinada o incluso ignorada por cuestiones religiosas, por moralina política o cuando advertimos que los responsables de informar abandonan sus deberes de servidores públicos. Entonces allí estamos nosotros, agentes de cambio, para no ignorar esos “olvidos involuntarios”; además de enseñar a aprender y abrir conciencias, tenemos la obligación de informar: el silencio cómplice no sirve ni ayuda, subrepticiamente, a causa de estos ¿olvidos?, cada día crece el contagio por VIH en Chile, cifra que ha trepado a un 96% más en menos de una década, con una tasa de mortalidad superior a otros países de la región. De un total de 65.000 personas infectadas, la tasa subió a 5.816 nuevos casos en 2017.

Acá no estamos ante opciones valóricas o religiosas ni particularidades ideológicas, nos hallamos ante una problemática de salud pública, donde los aprendientes, muchos de ellos extremadamente vulnerables, ante todo, son sujetos en formación; entonces, aparte de los aprendizajes curriculares, que son una obligación nuestra a desarrollar, como otra arista constitutiva del contrato pedagógico, es primordial desplegar ante ellos todas las alertas, mediante información amplia y responsable, clara y fidedigna. Por lo tanto, entre familia, escuela y Estado, es decir, toda la sociedad, debemos responder por ellos y ser los primeros actores sociales en abrirles el pensamiento, al hoy y al mañana, hablarles permanentemente de las opciones personales, cuando ya no es sólo el binomio hombre-mujer ni la pareja única establecida por preceptos religiosos lo que prevalece en las relaciones humanas, se hace crucial advertirles sobre los conductas de riesgo y peligros existentes, prevenirlos: cuidar y cuidarse, respetar y respetarse, querer y quererse, valorarse, las ETS/ITS no discriminan, sobre todo cuando las conductas sexuales, al día de hoy, son diversas.

A la fecha, no advierto ninguna campaña transversal responsable y masiva, que centre su discurso en los acontecimientos potencialmente dañinos o nocivos para la salud sexual, que afectan a un importante sector de la sociedad chilena y que va en franca expansión: el VIH-SIDA recrudece, ¡nuestros muchachos y muchachas están desprotegidos, están en peligro!, abandonados a su suerte, el desapego y la irresponsabilidad política se ha generalizado y ¿qué hacemos, cruzamos los brazos?, ¿cómo se aborda el problema si la epidemia no está lo suficientemente y con responsabilidad política difundida en los medios?, ¿qué respuesta da el Estado cuando las tasas de infección de VIH y otras ETS/ITS en distintos sectores continúan en alza?, ¿cómo está tomando esta realidad hostil la sociedad chilena?, ¿qué hacemos en las escuelas cuando la tasa de muerte es de casi 3 por cada 100.000 habitantes? Nuestro rol docente tiene un papel primordial en esta cruzada: escucharlos, informarles, advertirles, preguntarles, contenerlos, crear conciencia para formar sujetos responsables, sobre todo cuando el inicio sexual de nuestros aprendientes es más prematuro.

El cambio es cultural. Hablar de VIH-SIDA hoy, en pleno siglo XXI, aún produce vergüenza, aún causa prurito: el problema consiste en hablar de sexualidad en las escuelas y en las casas con mirada cientificista, lejos de la realidad, cuando condón sigue siendo una mala palabra o pecado carnal, entonces se asoman las interpretaciones engañosas, los mitos, nuestra supina ignorancia de cada día. Las ETS/ITS, el VIH-SIDA, debemos darle prioridad entre todos y todas, cada uno de los días, en las casas, en las escuelas, en la TV y su lacrimógena teletón (el VIH también discapacita), y en las permanentes campañas políticas y sus arengas sensibleras, sobre todo cuando en la TV y sus programas ¿de humor? se ponen los cuerpos como una mercancía más, al alcance del mejor postor y todo es chacota, devenida en una descarnada frivolización de la sexualidad.

Chile pareciera tener ciudadanos de primera clase y también de segunda, pero siempre en la última categoría se hallan los inmigrantes, los negros, nuestros propios pobres y los enfermos con VIH, que siguen siendo ignorados, maltratados, ninguneados y, cuando mueren, como corolario, algunas familias rotulan esas muertes con cualquier otro epíteto, menos VIH-SIDA. El sólo calificativo de ETS/ITS pareciera causar estupor en los deudos, prefieren comentar que la persona murió de cáncer o de muerte súbita, cualquier salvavidas que aleje comentarios sobre conductas sexuales parece ser mejor antes que reconocer fallecidos por contagio o porque no se cuidó lo suficiente (o porque no recibió las terapias adecuadas); cualquier otra muerte parecerá siempre más digna antes que reconocer que la batalla al VIH no ha sido ganada, al contrario, nuestros jóvenes vuelven a ser víctimas, todos y todas, ya no son exclusivamente los homosexuales, ya no son los drogadictos los únicos grupos de riesgo, tampoco los promiscuos ni los confiados, esta enfermedad se ha extendido y un importante grupo de heterosexuales no lo sabe (y otros prefieren no saberlo), porque al principio es una enfermedad silenciosa, que no respeta clase, sexo, color de piel, condición, etnia ni credo.

Según cifras de ONU-Sida, publicadas en 2016, Chile lideraba el porcentaje de infecciones en la región, con un 34%.  Los sectores más pacatos de Chile, que rayan en la hipocresía -tenemos un país conservador y de doble estándar-, consideran y sostienen erróneamente que si no se habla de sexualidad en las aulas y se soslayan los problemas que ello implica, en el país no se fornica. Resulta peligroso que los programas preventivos y la información responsable quede al arbitrio de ciertas instituciones escolares, que no tocan el tema en las aulas ni les interesa/importa hacerlo: la salud de la población es un problema nacional, no de credos individuales ni de conciencias mojigatas.

Con terapias obsoletas y con políticas educativas y de salud mezquinas y superficiales, desde la dictadura a nuestros días al VIH se ha lo mantenido en un segundo plano, mediante una mordaza social, a una población que muere víctima de este flagelo o a espera de que la carga viral les aumente para recién, a partir de allí, comenzar a tratarlos, cuando en otras partes del mundo, gracias a las nuevas terapias y a los análisis permanentes, preventivos y gratuitos, nadie muere a causa del VIH y logran una mejor calidad de vida e inserción social y laboral: se aplican políticas públicas con difusión permanente, inversión genuina en salud y no parches, aunque el Plan AUGE afirme que aumentó la cobertura a partir de marzo de 2018.

Compatriotas: nuestros y niñas, adolescentes y jóvenes, cuyo promedio aproximado de edad es de 25 años, están muriendo hoy, el problema a atacar es hoy, es ahora cuando debemos poner el flagelo en palabras que movilicen para visibilizarlo,  en programas masivos y trabajos globales e intersectoriales, en conjunto, transversales y transdisciplinarios (inter-pluri-transdisciplinarios), haciendo hincapié en los medios de difusión masiva, con educación sexual integral, abarcativa y permanente en todo el sistema educativo nacional, en una alianza mancomunada entre casa y escuela, entre los ministerios de salud, educación y la ONG’s: Hoy nadie puede ni debe morir de VIH-SIDA y/o sus efectos colaterales. El rol también está en las escuelas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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