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Mapas de contingencia para la nueva política

por Francisco Maturana 21 febrero, 2019

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Señor Director:

Hace unos días Constanza Schönhaut del Movimiento Autonomista compartió en su twitter
una entrevista a Santiago Alba Rico, impulsor del manifiesto “mover ficha” que dio vida a
Podemos y uno de los grandes filósofos españoles al que siempre vale la pena leer y escuchar.
En ella, se animó a esbozar algunas lecciones políticas de lo que ha sido el frenético recorrido
de Podemos y su irrupción en el escenario político español, con alguna recomendación
también para al Frente Amplio, aunque con una distancia prudente de quien no conoce tanto
el contexto chileno.

En esa misma línea y en aras de seguir contribuyendo a un debate constructivo que, si bien
tiene sus particularidades acorde a cada entorno socio-político y regional (la realidad
latinoamericana es sin duda muy distinta a la europea), merece la pena seguir profundizando
en un mundo globalizado donde las situaciones concretas pueden tener más influencia de la
que a veces pensamos, solo basta ver el giro reaccionario de la derecha en España replicando
el discurso de la oposición venezolana tildando de ilegítimo e incluso golpista a Pedro Sánchez.

Además, una de las herramientas de análisis más interesantes que nos da la Ciencia Política es
precisamente la política comparada. En ese sentido me animo a aportar desde mi humilde
posición, lejana de la altura intelectual de Santiago Alba Rico, pero más cercana a las dinámicas
internas y al funcionamiento de un partido “nuevo” tras mi experiencia en Podemos. Algunas
reflexiones que espero puedan ser de utilidad para los tiempos que vienen en los que el
entendimiento, la sabiduría pragmática y la tensión entre las ideas y la realidad serán
fundamentales.

Desde hace algún tiempo, el Frente Amplio parece haber sido víctima de su propio impulso
esperanzador. La falta de cohesión y organización interna, los constantes reproches vía twitter
entre unos y otros, y la ausencia absoluta de cualquier tipo de estructura orgánica comienzan a
pasar la cuenta en una coalición que, a pesar de representar los nuevo en muchos aspectos,
parece hacer constantes esfuerzos por retrotraernos a lo más repulsivo de esa vieja política
que se venía a transformar, como dijo Santiago Alba Rico refiriéndose a Podemos: “la nueva
política se convirtió en muy vieja política”.

Sin embargo, el caso del Frente Amplio se diferencia al de Podemos en una cuestión muy
concreta y es que, así como en Podemos todos los espacios orgánicos y de dirección fueron
cooptados por liderazgos provenientes de una fuerte tradición comunista (hoy en día Podemos
está dirigido por comunistas, de ahí la ausencia de debate interno), de lo que adolece el Frente
Amplio es precisamente de la carencia de una dirección capaz de integrar las distintas
sensibilidades y corrientes que lo componen, es decir, no se trata de ninguna manera de
instaurar un liderazgo enquistado y autoritario, sino por el contrario, de establecer las
estructuras de mediación y deliberación necesarias que se asemejen más a lo que puede ser
un debate asambleario o incluso a una cena en una casa de familia, donde por alguna razón u
otra todos y todas terminamos cediendo, empatizando y asumiendo posiciones que, aunque no se adapten del todo a nuestra idea pura, entendemos pueden ser mucho más constructivas
que el ya agotador repliegue identitario.

Ojo, no se trata de regalar las reivindicaciones ni caer en un “peor es nada”, se trata
precisamente de inteligencia política y de asumir que el cielo no se va a tomar por asalto, sino
a través de una escalera que deberá ser construida peldaño a peldaño, entre todos y todas,
incluidos quienes no piensen como nosotros. Un ejemplo que se me ocurre para reflejar esta
idea es el debate destructivo que se ha generado en el seno de Podemos en cuanto a la
cuestión animalista y que me tocó vivir en primera persona. No cabe duda de que, al menos
desde una perspectiva progresista, el maltrato animal, los modelos de alimentación y, sobre
todo, la incidencia más que comprobada desde la comunidad científica de la agroindustria en
el cambio climático debe ser abordada de cara al siglo XXI. Sin embargo, cuando el debate se
elabora desde lo identitario y desde el reproche moral resulta siendo contraproducente, muy
concretamente: poco se habla de que la irrupción de VOX en Andalucía y su esparcimiento en
el Mundo Rural tiene que ver con la postura sesgada de un sector animalista que antepuso la
idea frente a la realidad y se atrevió a llevar en el programa de Adelante Andalucía (coalición
en la que se integraba Podemos) medidas como la prohibición de la caza, lo cual generó
enormes molestias en un contexto como el rural sobre el que se sabe poco y nada. El resultado
ya lo conocemos.

Esta tesis aplica también para otros vectores de transformación como el feminismo o la
ecología. Ambos representan ejes fundamentales para un cambio radical en el sistema político
y para el modelo de desarrollo, y por tanto para la política en general en el siglo XXI. Sin
embargo, partir desde lo identitario una vez más puede ser contraproducente. Los
movimientos sociales juegan su rol y son imprescindibles, pero para organizaciones como el
Frente Amplio que pretenden disputar otros espacios no basta con repetir hasta el cansancio
que el machismo mata o que el cambio climático es la peor crisis de la humanidad, ni mucho
menos de recriminar al de la vereda del frente “tienes que ser feminista” o “tienes que ser
ecologista”, sino eres mala gente. El reto está en diseñar políticas públicas y acuerdos
programáticos que extraigan lo mejor de estos vectores de transformación y sean capaces de
convencer a una gran mayoría ciudadana, no solo a los que tenemos años de activismo a
nuestras espaldas y tenemos claro el mundo nuevo que queremos ver plasmado en la
sociedad. El mejor ejemplo de esto lo está encabezando, sin duda alguna, Alexandra Ocasio-
Cortez y los Justice Democrats con su propuesta del #GreenNewDeal, un esfuerzo admirable
de ir puerta por puerta dialogando y convenciendo de que se puede luchar contra el cambio
climático creando nuevas oportunidades de empleo y así mismo reformar el sistema político.
En este sentido, el Frente Amplio ha esbozado algunas líneas que llaman poderosamente la
atención, como la propuesta de un Sistema Nacional de Cuidados o una Ley de Cambio
Climático, pero que se diluyen entre la falta de conducción y de responsabilidad de algunos
sectores que parecen haberse olvidado de que son representantes políticos, con todo lo que
ello implica, y no influencers de Instagram y Twitter. O que también se ven opacados por
enfrentamientos absurdos como el del llamado grupo de Política Internacional que ha actuado
con una actitud muy poco solidaria y que, de nueva cuenta, lleva a pensar en la urgencia de
estructuras orgánicas sólidas, con capacidad de análisis y profesionalizadas para abordar la
contingencia política desde una mirada amplia fijada en los objetivos que se plantean, que
hasta donde tengo entendido son gobernar algún día este país, horizonte que contrasta
fuertemente con la intención de voto que sigue acompañando a Beatriz Sánchez y la desconfianza generalizada que parece impregnar el Frente Amplio incluso en quienes nos la
jugamos por esta apuesta.

Más allá del constante ataque mediático y el ensañamiento evidente de los poderes facticos,
hoy Podemos se desmorona producto de la omisión de deliberación interna y del abandono de
una visión estratégica capaz de ir de más allá de su zona de confort, lo cual muy probablemente se refleje el próximo 28 de abril en las elecciones generales en España. El Frente Amplio parece estar en una dinámica similar, donde la autocrítica brilla por su ausencia salvo contadas excepciones, pero que aún está a tiempo de revertir, sobre todo de cara a las próximas elecciones municipales en 2020, para las que la derecha ya se está preparando pensando en listas únicas y primarias coordinadas.

Decía Alba Rico que, en contextos post-revolucionarios, se trata de desmontar y no de demoler, a lo que podríamos añadir los recientes dichos de Palma Salamanca cuando decía que la revolución estaba agotada y que los cambios serían paulatinos, y que la vocación de mayorías requiere obligadamente de modelos organizativos más parecidos a la realidad que se pretende transformar. Este es quizá el gran reto del Frente Amplio para constituirse como verdadera alternativa de gobierno, porque el sectarismo, la superioridad moral y la auto referencialidad nos pueden condenar a la marginalidad del tablero político, donde yacen tantos otros que, en algún momento, también se erigieron como los únicos capaces de venir a cambiarlo todo.

Francisco Maturana
Politólogo por la Universidad Complutense de Madrid

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