La “buena víctima”
Señor director:
La “buena víctima” nos presenta un “buen” caso, “atractivo de tomar”. La “buena víctima” llama o aparece cuando efectivamente estamos desocupados/as y podemos atenderla. La “buena víctima” nos visita en los horarios establecidos, ni antes ni después. La “buena víctima” es tan buena que si ocurre una emergencia busca el momento adecuado para contactarnos. La “buena víctima” es respetuosa. Responde a todas nuestras preguntas. No cuestiona. No se siente invadida. La “buena víctima” colabora con los procesos de intervención. Siempre está disponible. La “buena víctima” no reclama y además es agradecida. No nos funa. La “buena víctima” sólo necesita apenas una llamada o una entrevista porque entiende todo a la perfección aunque nosotros/as seamos poco claros/as con nuestros mensajes. La “buena víctima” no necesita una red de apoyo ni un proceso de acompañamiento en salud mental, porque tiene una inmensa fortaleza interior y una familia y amigos/as presentes. La “buena víctima” siempre tiene una “buena” actitud. La “buena víctima” no se permite estar depresiva, decaída o enrabiada. La “buena víctima” es optimista y tiene esperanzas en la justicia. La “buena víctima” es “tan buena” que es ella la que nos da aliento a nosotros/as los/as profesionales de ayuda. La “buena víctima” es informada. Pregunta cosas puntuales. La “buena víctima” cree en el funcionamiento y en la eficacia de las instituciones. Siempre, siempre, siempre, puede esperar, aunque pasen 4 o 50 años, porque es “buena”, siempre es “buena” .
Daniela Aceituno Silva