Los desafíos que plantea la COP28
Señor Director:
Los ojos del mundo se encuentran atentos a los distintos acuerdos y desacuerdos que se produzcan en la 28° versión de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP28), que se lleva a cabo en estos días en la ciudad de Dubái, en Emiratos Árabes Unidos.
Entre los principales acuerdos que se buscan impulsar en esta nueva versión de dicha conferencia destacan el triplicar la capacidad de generación de las energías renovables y duplicar la eficiencia energética para el año 2030. Lo anterior, ha llevado a que en las distintas instancias y espacios que se desarrollan en estos días, las discusiones se centren en materias tales como el desarrollo de las energías renovables, la promoción de la eficiencia energética y la electromovilidad o el avance en los nuevos energéticos.
Todo lo anterior en miras a cumplir el compromiso de París del año 2015, el cual estableció como meta reducir las emisiones de CO2 en un 45% para el año 2030.
Este contexto evidencia el preponderante papel que tiene el sector de la energía y su capacidad de transformación para efectos de concretar el cumplimiento de estas metas ambientales. Asimismo, permite constatar la gran oportunidad que se despliega para Chile en cuanto a convertirse en un actor relevante para el cumplimiento de estas metas y compromisos.
Sin perjuicio de lo anterior, la oportunidad que tiene Chile se ve amenazada por la actual tiranía de una permisología asfixiante, plagada de resultados inciertos y plazos que no se condicen ni con la normativa misma ni con las exigencias propias de este tipo de mercados. Ciertamente Chile tiene reconocidas ventajas comparativas para ser un referente en estas materias, pero lamentablemente el actual entramado burocrático nos está llevando a perder dichas ventajas, convirtiéndose en una de las principales razones que contarán los libros de historia para explicar cómo Chile no fue el país de las energías renovables, de la electromovilidad o los nuevos energéticos.
Ahora bien, es cierto que una parte importante de la administración es consciente de este peligro y ciertamente despliega esfuerzos concretos por colaborar con los desafíos propios de este siglo. En este sentido, creo que es valorable, e incluso esperanzador, que la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) recientemente haya creado la Unidad de Sostenibilidad Energética para tratar materias relativas a recursos distribuidos, energías renovables, eficiencia energética, colectores solares, electromovilidad, alumbrado público y nuevos energéticos, la que esperamos se convierta en una instancia que promueva el correcto desarrollo de estas materias y que permita a nuestro país aprovechar este momento de la historia que nos es tan propicio.
Al menos inicialmente, tengo la esperanza que los esfuerzos de la SEC van en la dirección correcta, buscando crear una unidad especializada para “avanzar” en estas materias y no atrincherarse en la mera fiscalización del cumplimiento de la norma. Las materias que se desarrollan ameritan no solo un entendimiento integral de las mismas y sus mercados, sino que también un entendimiento común y generalizado de parte de los distintos Órganos del Estado, condición sine qua non para que las próximas generaciones de chilenos no deban reflexionar sobre lo que pudimos haber sido, sino sobre todo lo que hemos logramos.
Santiago Portaluppi,
abogado