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¿Y si viviéramos más de 100 años?: el sistema podría sostenerse solo con un creciente aporte público

por 23 agosto, 2018

¿Y si viviéramos más de 100 años?: el sistema podría sostenerse solo con un creciente aporte público
Si el 25% de la población superará esta edad, el costo de su mantención sanitaria se elevará al doble, mientras que las pensiones, justamente por el aumento de la esperanza de vida, se reducirán a casi la mitad. Este cálculo –que incluso intuitivamente es fácil de comprender– obliga a pensar que el sistema actual de financiamiento de la salud solo podrá sostenerse en un creciente aporte público y/o en mecanismos de financiamiento que amplíen los aportes no solo individuales sino también de los empleadores.
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La tasa global de fecundidad de Chile pasó de 5,12 hijos promedio por mujer en edad fértil, en 1950, a 1,72 en la actualidad. De otra parte, las proyecciones del Centro Latinoamericano de Demografía, Celade, el organismo encargado de población de las Naciones Unidas,  indican que a partir de 2050 la población en Chile comenzará a decrecer.

El 10% de la población hoy tiene más de 65 años y alcanzará el 25% en el 2050. Un tercio de ellos tendrá más de 80 años, lo cual implica preocupaciones y cuidados estructuralmente diferentes a los actuales. ¿Quién  se ocupará de ellos, si la relación de apoyo potencial, es decir, la población de 15-59 años, con respecto a la población de 60 y más años, pasará de 4,3 en la actualidad a 1,8 en el 2050?

No todos los adultos mayores son autovalentes y se requiere un dispositivo decente para que quienes necesitan apoyo permanente puedan enfrentar necesidades cada vez más básicas. Solo hace pocos días murieron 10 mujeres mayores en una casa de reposo de Chiguayante. La solución de algunos es mayor supervisión y exigencias pero, probablemente, sin percatarse de que eso hará más complicado el problema, porque muchos de ellos –o sus familias– no podrán pagar las mensualidades que se les exige, haciéndolo todo peor.

Más grave aún, en Francia, en 2003, murieron más de 15 mil adultos mayores según estimaciones de las Pompas Fúnebres de ese país por la canícula de agosto. Nada estaba previsto. Una enorme cantidad de ellos, jamás fueron reclamados en las morgues. Los cuidados de largo plazo que deben combinar salud con otras áreas son también parte de las necesidades de cambio en nuestro sistema.

¿Y si viviéramos 100 años?, ha titulado la Asociación de Economía de la Salud su seminario anual que tendrá lugar en noviembre en Santiago. Es una pregunta relevante, porque los cambios que se avecinan son graduales pero inexorables. Las transformaciones necesarias para enfrentar tales requerimientos deben ser motivo de reflexión desde ahora, para comenzar a adecuar las pesadas estructuras sociales e institucionales que permitan enfrentar con éxito tales desafíos.

Asimismo, la esperanza de vida de la población de los países de la OCDE ha aumentado en 10 años desde 1970 hasta hoy. Esto equivale a que prácticamente estamos aumentando las expectativas de vida en tres meses cada año, lo cual podrá incluso aumentar con las transformaciones tecnológicas y los conocimientos sanitarios. Si hoy los chilenos pueden esperar vivir 80 años, hacia mediados del siglo podríamos estar cerca de los 100 años.

Como se ha calculado, en la actualidad cerca del 10% de la población tiene 65 o más años. Las personas que superan esta edad cuestan en promedio 4 veces más que un adulto hombre de entre 30 a 35 años. Ahora bien, si el 25% de la población superará esta edad, el costo de su mantención sanitaria se elevará al doble, mientras que las pensiones, justamente por el aumento de la esperanza de vida, se reducirán a  casi la mitad. Este cálculo –que incluso intuitivamente es fácil de comprender–, obliga a pensar que el sistema actual de financiamiento de la salud solo podrá sostenerse en un creciente aporte público y/o en mecanismos de financiamiento que amplíen los aportes no solo individuales sino también de los empleadores.

¿Y si viviéramos 100 años?, ha titulado la Asociación de Economía de la Salud su seminario anual que tendrá lugar en noviembre en Santiago. Es una pregunta relevante, porque los cambios que se avecinan son graduales pero inexorables. Las transformaciones necesarias para enfrentar tales requerimientos deben ser motivo de reflexión desde ahora, para comenzar a adecuar las pesadas estructuras sociales e institucionales que permitan enfrentar con éxito tales desafíos.

En numerosos aspectos, los cambios necesarios gozan de un cierto consenso en el país. Por ejemplo, la capacidad de resolución en la atención primaria, que significa romper con el “hospitalocentrismo” que ha primado en el país. Trasladar cada vez más intervenciones a los establecimientos que hoy se dedican al plan básico de atención (para algunos mal llamado atención primaria), con los respectivos recursos y capacidades de resolución.

Intensificar las acciones para reducir los gastos de bolsillo, sea mediante mayor resolución en el sector público, control de los incrementos de los costos de los planes de salud del sector privado o compras de medicamentos por medio de instituciones centralizadas y con autonomía para buscar competencia entre los proveedores, entre otras acciones que bien podrían ser firmadas por todos los actores políticos, como se hizo en Perú hace algunos años. Como sea, el desafío de los adultos mayores, valga la redundancia, es mayor.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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