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Los estilos de “Los Príncipes” de Chile Opinión

Los estilos de “Los Príncipes” de Chile

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Diego Pérez de Castro
Por : Diego Pérez de Castro Periodista, Magíster en Comunicación Política y Asuntos Públicos en la Universidad Adolfo Ibáñez.
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La gran obra “El Príncipe” que llevó a su autor, Nicolás Maquiavelo a ser considerado el padre de la ciencia política, en sus capítulos XVI y XVII retrata las dualidades a las que se enfrentan los gobernantes. En tiempos de escasez de liderazgos, es necesario repasar el libro una vez más pensando en la asunción de un próximo mandatario en nuestro país. 

Tras la elección de Gabriel Boric como el próximo Presidente de Chile, surgen las primeras interrogantes sobre qué tipo de liderazgo y gobernanza se le dará al país y si ¿tendrá una gran diferencia de la ejercida por la última trilogía de Presidentes que gobernó durante los últimos 20 años?, Lagos, Bachelet y Piñera. 

 

El año 2000 apareció un liderazgo más autoritario a sus predecesores y que nunca tuvo fama de liberal y parsimonioso: Ricardo Lagos. Así, respecto del capítulo XVII “De la crueldad y la clemencia”, Lagos siempre apostó, debido a su naturaleza y temperamento, a ser “más temido que amado”, considerando tal como dice el libro “resulta difícil combinar ambas cosas”. No se le daba naturalmente lo carismático, que por contraparte sí tuvo su sucesora.  Pero al no conseguir el amor, si conseguía evitar el odio y el rechazo a su gestión, gracias a su perfil estadista, cultivando un carácter severo. Por ejemplo, en materia limítrofe, defendiendo los intereses de Chile ante la injerencia multilateral que solicitó el Presidente de Bolivia Carlos Meza en 2004 y cuando negó el voto de Chile en la ONU, pese a la solicitud de George W. Bush, para iniciar una invasión a Irak. Fueron decisiones en beneficio de los pueblos, que son muchos y donde fue “sabio ganarse esa fama de tacaño que engendró un reproche sin odio”, como diría Maquiavelo. 

El estilo de Ricardo Lagos, cultivó la liberalidad en lo económico y en lo político cultivó el respeto, temor y admiración por sus decisiones, pero sin dejar de lado la “clemencia” de sus decisiones. Esta fue la última fórmula que trajo estabilidad al país desde el punto de vista económico, político y social. La llamada “política de los consensos” o creación de “mayorías sociales”, fusionó materias económicas, sociales y emocionalidad para buscar esa clemencia o bondad.

 

La sucesora de esta trilogía es Michelle Bachelet cuando como Ministra de Defensa aparecieron sus atributos, que la llevaron a empatizar con la ciudadanía por su historia de su vida, ligada al exilio, los derechos humanos, junto a la idea progresista de que mujeres lograran tomar un espacio de poder dominado por los hombres. Esos atributos sumados a su personalidad afable y familiar, la hizo posicionarse según los capítulos del príncipe como un liderazgo cercano donde el “ser amada”, se le daba de manera natural y ese estilo fue el que potenció durante sus dos períodos presidenciales. La Presidenta Bachelet a diferencia de su predecesor basó su estilo de gobernanza, según el capítulo XVI, en recurrir a la “virtud de la liberalidad” pues está “manifiesta” en ella como príncipe o princesa. En su instalación, no había sospecha alguna sobre “tacañez”, pues dominaba un discurso y programa de gobierno basado en derechos, justicia social y oportunidades. 

 

Un momento crítico de su liderazgo donde es posible desprender otra cita de El Príncipe: “poniendo en práctica todos aquellos recursos que se pueden utilizar para sacar dinero. Todo ello comenzará a hacerlo odioso ante sus súbditos y poco apreciado por todos”. Se comenzó a vivir con la Revolución Pingüina en 2006, que vivió el icónico episodio donde la estudiante María Música arrojó un jarro con agua a la Ministra de Educación, Mónica Jiménez, clara expresión de que el pueblo empoderado se alzó exigiendo más derechos que teniendo deberes. Momento gráfico de una “pérdida de inocencia” por parte de ese pueblo ya desarticulado. Es en el capítulo XVII donde se señala que “debe por tanto un príncipe no preocuparse de la fama de cruel si a cambio mantiene a sus súbditos unidos y leales. Porque con poquísimos castigos ejemplares será más clemente que aquellos otros, que por excesiva clemencia permiten que los desórdenes continúen y que éstas perjudiquen a la comunidad”. Esa excesiva clemencia permitió que los desórdenes dentro de la coalición siguieran, perjudicando, en definitiva, a la comunidad, concluyendo con altos niveles de desconfianza, gatillando un nuevo principado de oposición y sin lograr conservar el poder para su sector. Son las ex ministras de Estado Paula Narváez y Yasna Provoste algunos experimentos bacheletistas que retratan el paradigma, ya que no consiguieron ni ganar una consulta ciudadana ni pasar a una segunda vuelta presidencial respectivamente.

Finalmente, la punta que falta en el tridente, Sebastián Piñera. En la interna de Palacio se sabe que es temido y se le reconoce con un carácter frío, calculador y autoritario. Sin embargo, el Presidente Piñera es un príncipe que ha buscado constantemente ser amado, pero ante la imposibilidad de serlo nunca buscó ser temido, al menos no durante la mayoría de sus mandatos. La sobre-humanización de sus errores y la búsqueda forzada de pertenecer al pueblo, no lograron omitir que es parte de los más ricos del país. Pasó de ser un príncipe humano a ser uno odiado, la antítesis de lo que propone Maquiavelo. Primero, observamos la lógica gerencial -y no por eso negativa, todo lo contrario-, una gestión por fuera de los límites que tradicionalmente permite el Estado. Las “chaquetas rojas”, inauguraciones de obras, negociaciones en el extranjero, el rescate heroico de los 33 mineros y ahora la gestión y aseguramiento de vacunas al país. 

El Príncipe nos enseña que «es mucho más seguro ser temido que amado cuando se haya que renunciar a una de las dos», así como también que “temido” no es lo mismo que “odiado”. Maquiavelo sugiere que de forma ingeniosa y prudente “el príncipe debe hacerse temer de manera que, si le es imposible ganarse el amor, consiga evitar el odio». Pero factores como el asesinato de Camilo Catrillanca, la falta de empatía de sus ministros, el estallido social y un Piñera solitario en una dolorosa e inclusive provocadora postal en Plaza Italia con los habituales “renuncia o fuera Piñera” de fondo y el comercio local saqueado con la economía en crisis, no fueron factores favorables para evitar ese odio al que se refiere Maquiavelo. Es justo la falta de prudencia y ese apego entero a “promesas” como “tiempos mejores” y “delincuentes se les acabó la fiesta” que hacen ver ahora a un Príncipe Piñera, “desprovisto” de respaldo y, lamentablemente, en proceso de “hundimiento” al terminar su principado. 

Aunque Gabriel Boric, no haya asumido aún como Mandatario, desde el estallido social ha mostrado algunos atisbos de qué tipo de Príncipe es y probablemente esas cualidades de los capítulos XVI y XVII lo llevaron a ganar la elección. Ahora la pregunta que surge es, ¿será capaz de integrar los consejos de El Príncipe en su futuro principado? Sin dudas que la obra “El Príncipe” es una biblia que retrata el arte de lo que es la ciencia política y sus ideas siguen más vigentes que nunca. 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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