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¿Es Chile una potencia alimentaria?

por 10 enero, 2022

¿Es Chile una potencia alimentaria?
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En las tres últimas décadas, las exportaciones de productos agropecuarios y alimentos de Chile han alcanzado cifras muy significativas, subiendo de un promedio anual de cerca de $5.418 millones de dólares durante el período 2001 - 2003, a un promedio de $17.823 millones de dólares durante 2018 - 2020 (ONU - ITC; HS01 a HS24). Estas corresponden, entre otras, a frutas frescas; alimentos del mar, principalmente filetes de pescado; bebidas alcohólicas, mayoritariamente vinos; carnes, en la mayoría de cerdos y aves; y preparaciones de frutas y hortalizas. Si agregáramos las exportaciones de maderas, pulpa y celulosas (HS44 y HS47), el valor promedio de las exportaciones del sector silvoagropecuario y de productos del mar se eleva a casi $23.000 millones de dólares. En síntesis, en promedio, un tercio de nuestras exportaciones durante el período 2018 a 2020, tuvieron su origen en la agricultura y productos del mar.

Pero, entonces: ¿Es Chile una Potencia Alimentaria? En mi opinión, NO somos una potencia alimentaria. Hemos sido -sin duda- un país a seguir por varias décadas. Incluso, junto a nuestra fruta, salmones y vinos, hemos exportado nuestra experiencia y tecnología, y luego, las empresas chilenas invierten en el extranjero. Y así, otros países nos imitan. Empuje e iniciativa no nos faltan, pero no tenemos el tamaño y los recursos naturales son relativamente escasos para ser una potencia mundial exportadora de tales recursos y -al mismo tiempo- mantener y sustentar este modelo en el mediano y largo plazos. El presidente Boric propone cambiar este modelo exportador basado, en medida importante, en la explotación de recursos naturales de bajo valor agregado.

No obstante, en una publicación reciente, varios dirigentes de la industria manifiestan preocupación por la propuesta de Gabriel Boric y -aun cuando existe coincidencia en algunos temas vigentes, como la necesidad de “hacerse cargo” del tema de cambio climático, y enfrentar las desigualdades entre campo y ciudad, y la pobreza rural- se hace un llamado a reforzar los tratados comerciales, firmar nuevos TLC (s) (incluyendo el TTP11) y estar en estos tratados junto a China, por sus efectos -supongo- positivos para el desarrollo de las áreas rurales. En síntesis, a pesar de la preocupación por la crisis climática, se insiste en profundizar el modelo exportador actual y el interés principal parece estar centrada en cómo asegurar la provisión de agua en el futuro, sin hacer mención de los temas del uso (y/o mal uso) actual de este recurso escaso. Mas aún, algunos insisten en que nuestra dotación de recursos naturales nos capacita para ser lideres mundiales en la exportación de algunos productos. Al menos esta vez no se reitera al lema de Chile Potencia Alimentaria.

Históricamente, aun cuando la participación de Chile en las importaciones de Estados Unidos es muy baja, éste ha sido nuestro principal mercado. No obstante, el destino y composición de las ventas se ha ido modificando en los últimos años debido, por una parte, a los nuevos países y productos que hoy ingresan al mercado estadounidense y, por la otra, a los nuevos mercados a los que accede Chile y productos que exportamos. Los cambios son más notorios en el caso de las frutas. Durante el período de 2001 al 2003, en promedio, Chile exportó frutas por más de $1.546 millones de dólares, con casi el 45% de total yendo a Estados Unidos (poco más del 14% de sus importaciones). Nuestras exportaciones alcanzan su máximo en 2014 ($1.794 millones) cayendo a solo $1.333 millones de dólares en 2020. La participación de Estados Unidos en las ventas de fruta de Chile declinó a poco más del 24% en ese período. En contraste, México incrementó sus ventas de sólo $727 millones a más de $6.029 millones de dólares. Las exportaciones chilenas están siendo direccionadas a China, donde hace 20 años atrás eran casi inexistentes. En 2020, las ventas a China -unos $1.617 millones de dólares- sobrepasan por primera vez a las exportaciones a EE.UU. (“Long Live Democracy”). En EE.UU., por su parte, nuestras exportaciones comienzan a mostrar un perfil diferente, en el que destacan los alimentos del mar y, en menor medida, los vinos, y las de carnes de cerdos y aves.

Cabe preguntarse ahora, si se han producido cambios en el perfil de las exportaciones agroalimentarios de Chile. Las cifras de las exportaciones de frutas frescas, hortalizas, legumbres, tubérculos, y nueces (ONU - ITC; códigos HS07 y HS08), comparadas con las de sus “preparaciones” (HS20), así como en los alimentos del mar, indican que hemos retrocedido en cuanto al procesamiento de nuestras principales exportaciones de alimentos. De hecho, durante el período de los años 2001 - 2003 a 2018 -2020, las exportaciones de preparaciones de frutas y hortalizas redujeron su participación en las exportaciones totales de estos productos del 15.0% a solo 10.5%. La caída es muchos más acentuada en el caso de los productos del mar de 13.9% a sólo 6.2%. Y dado que nos gusta destacar que somos miembros de la OECD, deberíamos darle una mirada a las exportaciones de preparaciones de frutas y hortalizas de nuestros socios. Y vaya sorpresa, pues tienen cifras más elevadas y, algunos bastantes mas elevadas. Entre aquellos países con cifras de participación altas de exportaciones de “preparaciones” están Grecia (49%), Italia (40%), Portugal (32); y Francia (32%). Cifras más modestas tienen Estados Unidos y España, respectivamente, con números cercanos al 20% y al 17% (promedio de los últimos 5 años). Y -excepto en el caso de Grecia- las diferencias son bastante más contundentes en el caso de alimentos del mar.

Chile es un país pequeño y de recurso naturales relativamente limitados y que cada día enfrenta más competencia, por ejemplo, de parte de países como México y Perú, que tienen una base de recursos naturales bastante más generosa. Y de otros países que están empezando a imitar el “modelo exportador frutícola” chileno, como Argentina y Colombia. Además, parecería que estamos empujando al límite el potencial productivo, provocando, inevitablemente, daños en el medioambiente. Y -como vimos- tampoco estamos agregando mayor valor a nuestras exportaciones. El esfuerzo parece estar en solo redireccionar nuestras exportaciones y persistir en el lema de ser el primero en la exportación de “esta” u “otra” fruta fresca. Sería bueno escuchar algo más relativo a la fruta “más sabrosa”, con “menor impacto” en el medioambiente, “más higiénica” o más sana, y saber que podemos llenar despensas de sabrosos productos chilenos en los diversos países del globo. Como país hemos demostrado que podemos dar pasos significativos en materia de desarrollo de nuevos productos, investigación y progreso en la industria alimentaria, así como de penetración de nuevos mercados. Pero, parece faltar el empujón final en las políticas públicas de fomento y en la coordinación efectiva de instrumentos ya existentes, para encauzar las nacientes iniciativas de la industria en una dirección que nos permita diversificar las exportaciones de manera sostenida, agregar valor y seguir creciendo, creando empleos, exportando alimentos sanos y de calidad y, al mismo tiempo, sin provocar daños en el medio ambiente y protegiendo los recursos naturales.

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