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La política también es circular Opinión Imagen referencial. Crédito foto: Agencia Uno

La política también es circular

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Guido Romo Costamaillère
Por : Guido Romo Costamaillère Director de Encuestas y Opinión Pública de Gemines Consultores y director de Scanner Social
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Los datos de Scanner Social de junio permiten hacer un diagnóstico bastante preciso de la gestión de Kast a cien días, y ese diagnóstico, revisado con cuidado, arroja tres áreas críticas que conviene distinguir entre sí antes de sacar conclusiones apresuradas sobre lo que está pasando.


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La primera es la seguridad, que fue la piedra angular de todo su discurso de campaña y la promesa que más votos le trajo. Ahí el problema no es menor: la ciudadanía declara sentirse más segura con el gobierno anterior que con el actual, un resultado que, aunque técnicamente reñido, constituye una derrota política real para alguien que construyó su capital electoral casi enteramente sobre ese tema. La segunda es la economía, con la promesa de crecimiento y desarrollo hoy prácticamente en el suelo, arrastrada por la pésima recepción ciudadana de las medidas del ministro Quiroz, que la gente no percibe como necesarias ni como propias, sino como un costo impuesto que además golpea el bolsillo de la mayoría, incluida buena parte de quienes votaron por este gobierno. Y la tercera, quizás la más preocupante para cualquier administración, es la pérdida de confianza en las promesas y en las políticas del gobierno, encarnada con fuerza en la figura del propio Presidente, algo que ya se venía anticipando desde el episodio de la “metáfora” migratoria y que la cuenta pública, lejos de corregir, terminó de profundizar.

Esta pérdida de credibilidad tiene una segunda derivada que vale la pena subrayar, porque es la que más le va a costar en los próximos meses: cuando la palabra presidencial ya está en entredicho, se vuelve mucho más difícil salir a defender la gestión con cualquier argumento, por sólido que sea, porque el mensajero llega desgastado antes de que el mensaje siquiera se escuche.

Dicho esto, conviene hacer una corrección importante sobre cómo se está leyendo este momento. El Scanner no sostiene que exista una crisis estructural de representación democrática, y confundir ambas cosas sería un error de interpretación. Lo que el Scanner muestra, con bastante nitidez, es que la ciudadanía no percibe que se esté gobernando bien, y esa percepción se reflejó con rapidez en las mediciones. Son fenómenos distintos: uno es un juicio sobre el desempeño de una administración específica, el otro sería un cuestionamiento al sistema político como tal, y los datos de junio hablan del primero, no del segundo.

Hay además otro matiz que ayuda a entender la magnitud real de la caída. La diferencia entre la votación que Kast obtuvo en segunda vuelta y su nivel de aprobación actual no se explica solo por los problemas de gestión ya señalados, se explica también por la composición misma de ese triunfo electoral. Buena parte de esa votación fue, más que una adhesión convencida al proyecto de Kast, un rechazo a la otra candidatura, la comunista, en un país con una base electoral históricamente anticomunista. Es un fenómeno que ya habíamos visto antes, con el signo político invertido: el triunfo de Gabriel Boric en 2021 también estuvo cargado de un voto anti-Kast más que de una adhesión plena al proyecto del Frente Amplio. La política chilena reciente parece moverse en ese patrón circular, donde se gana menos por convencer y más por representar la alternativa menos temida frente al otro bloque, y ese tipo de mandato, por su propia naturaleza, tiene un techo de lealtad mucho más bajo y mucho más frágil que el de un triunfo construido sobre convicción genuina.

Esto explica, mejor que cualquier otra hipótesis, por qué la caída de Kast ha sido tan rápida y por qué probablemente seguirá siéndolo mientras no logre revertir alguna de las tres brechas señaladas. Un mandato construido en parte sobre el rechazo al adversario no viene acompañado de reservas de paciencia ciudadana ni de beneficio de la duda prolongado, se agota apenas los resultados concretos empiezan a tardar, y eso es exactamente lo que muestran los datos de junio.

La pregunta que queda abierta para los próximos meses es si el gobierno logra convertir parte de ese electorado de rechazo en un electorado de adhesión real, algo que solo se consigue con resultados visibles en seguridad y economía, o si, por el contrario, sigue gobernando con una base que lo sostuvo más por descarte que por convicción, y que por lo tanto puede desmoronarse con la misma rapidez circular con que se construyó.

  • Revisa AQUÍ el Scanner Social de junio 2026
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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