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Peña critica reunión de Bachelet con prensa extranjera y dice que fue una de las operaciones comunicacionales “más torpes del último tiempo”

Peña critica reunión de Bachelet con prensa extranjera y dice que fue una de las operaciones comunicacionales “más torpes del último tiempo”

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“Cuando alguien convenció a la Presidenta Bachelet de que para exonerarse de reflexionar críticamente ante la ciudadanía -o lo que es casi lo mismo, ante la prensa que la ciudadanía lee, ve o escucha- debía reunir a los corresponsales extranjeros y dejarles ver sus reacciones, provistas de la sinceridad de quien hace una confidencia, confidencia que, sin embargo, sabe será revelada, le hizo un flaco favor a la Presidenta”, explica el rector de la UDP.


El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, criticó el encuentro que sostuvo la semana pasada la Presidenta Michelle Bachelet con corresponsales de la prensa extranjera, afirmando que ésta fue una de las “operaciones comunicacionales más torpes del último tiempo”.

El académico señala en su habitual columna en El Mercurio que “puesta frente a la necesidad de hablar y dar explicaciones, pero al mismo tiempo no exponerse a preguntas incómodas, alguien ideó la peor de las estrategias: que ella hablara a través de otro”.

En tal sentido, menciona que “la intervención de la Presidenta Bachelet ante un puñado de corresponsales extranjeros es una de las operaciones comunicacionales más torpes del último tiempo”.

Peña explica que en el encuentro con la prensa internacional se explicó el caso Caval y los rumores que le siguieron, explicando que “como los corresponsales son periodistas -o lo que es lo mismo, infidentes de profesión-, era seguro que lo que ella dijera lo sabría luego todo el mundo. La reacción de la Presidenta tendría así el sabor y la intimidad de una confidencia, pero revelada sin que interviniese su voluntad. El mejor estilo de la Presidenta -la intimidad a la distancia- podría ser así restaurado. Y los corresponsales que la oían agradecidos por la primicia serían, sin saberlo, muñecos de ventrílocua”.

Sin embargo, sostiene que en la creación literaria este recurso de hablar desde otro es frecuente, añadiendo que “Borges, por ejemplo, suele usar una voz prestigiosa a la que cita -Schopenhauer, Chesterton, Berkeley son sus favoritos- para hacer saber su propia opinión. Otros autores inventan un personaje y lo hacen decir lo que el escritor no puede. Es el caso de Cervantes, quien emplea ese recurso -la invención de Álvaro Tarfe- para denunciar que el Quijote de Avellaneda es falso. En la literatura el recurso no tiene por objeto el ocultamiento sino la revelación: hablar desde otro es a veces la única forma de narrar el punto ciego de la experiencia, esa zona de la vida que el sujeto viviente no puede revelar sin sesgo”.

En ese sentido, precisa que el resultado en la literatura “suele ser espléndido. Gracias a ese recurso se sabe que la filosofía puede parecer literatura y que la ficción más extrema esconde una descripción de lo real”.

Sin embargo, afirma que en el caso de la política, los resultados sueles ser “un fiasco” y “es que a diferencia del escritor que usa esos ardides y esas trampas para desnudarse frente al lector, el político los emplea para ocultarse: para no exponerse al escrutinio del verdadero otro que es la ciudadanía o la inquisición periodística”.

Agrega que “cuando alguien convenció a la Presidenta Bachelet de que para exonerarse de reflexionar críticamente ante la ciudadanía -o lo que es casi lo mismo, ante la prensa que la ciudadanía lee, ve o escucha- debía reunir a los corresponsales extranjeros y dejarles ver sus reacciones, provistas de la sinceridad de quien hace una confidencia, confidencia que, sin embargo, sabe será revelada, le hizo un flaco favor a la Presidenta”.

“Porque lo que reveló la puesta en escena de esa conversación (puesta en escena no porque en ella se hayan vertido mentiras, sino porque la sinceridad cuidadosamente deliberada parece más mentira que verdad) son dos rasgos de su liderazgo que la Presidenta debiera revisar”, argumenta.

Peña agrega que uno de los rasgos de la mandataria es “su actitud alérgica con la prensa, esa actitud huraña y distante con los medios nacionales. Es difícil explicar por qué la Presidenta no conversa con los medios y por qué en esta época de transparencia no se somete a la inevitable inquisición de los periodistas. Y es difícil porque la democracia reclama que el tamaño de la Presidencia sea compensado con la exposición a los medios”.

“El otro, que es quizá el reverso del anterior, es su convicción de que ella puede establecer un vínculo directo con la ciudadanía para el que no necesitaría de la mediación ni de la prensa masiva, ni de los partidos. La creencia de que las críticas son cosa de la élite y que si ella se relaciona directamente con el pueblo, la élite quedará sola y aislada”, sostiene el rector de la UDP.

Peña precisa que esos son dos errores evidentes, ya que “la alergia con los medios alimenta la desconfianza y casi legitima la sospecha. Y la creencia en el vínculo directo con la ciudadanía es lo que en América Latina desde hace bastante tiempo se conoce como populismo: la participación emocional de la gente sin la mediación más o menos racional de las instituciones”.

“Son dos errores que la Presidenta, o quienes la asesoran, no debieran dejar crecer. En la literatura los errores se castigan con la indiferencia de los lectores o la acidez de los críticos; pero cuando un político o una política incurre en ellos, la vida en común es la que resulta dañada”, concluye.

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