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Ancianos protestan indignados contra las AFP y las pensiones miserables

La marcha de los bastones

por 1 julio, 2016

La marcha de los bastones
Armados de pañuelos y pasamontañas para el frío, cerca de dos mil personas salieron ayer a la calle a protestar en contra de las AFP. En un país que envejece, el grito de descontento de los jubilados es una olla a presión que recién comienza a hacer ruido. Son pocos, pero están organizados para convertirse en una piedra difícil de sacudir de los zapatos.
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Después de caminar una decena de cuadras, la historia termina así:

–¡Todos al suelo! –grita uno de los asistentes, de unos 75 años.

Como si fueran un montón de cuerpos simulando la muerte, hombres y mujeres se apilan unos sobre otros, aplastando una bandera chilena de 5 x 5 metros extendida en el cemento mojado frente a La Moneda. Y aunque algunos dejan a un lado bastones y sillas de ruedas para intentar la performance, hay otros que no pueden ni agacharse.

El punto final de la protesta

El punto final de la protesta fue este: los cuerpos apilados de ancianos y ancianas simulando su muerte.

–Yo no puedo, compadre, me duele la espalda –dice con las manos en los bolsillos Luis Sepúlveda (64).

Cuenta que tiene una fractura en la columna producto del trabajo pesado que hizo como carpintero en la construcción por más de 40 años. Está en la marcha porque va a jubilar en poco tiempo más. Ya hizo una simulación: pensaba tener 50 millones, pero las inversiones de su AFP, más su riesgoso fondo (el A), lo hicieron perder varios pesos en los últimos años. Tiene cerca de 35 millones en el pozo y una proyección de unos $173.000 mensuales.

–O sea, tendré que seguir trabajando porque eso no me alcanza para vivir. Menos con la salud de mi espalda. Eso es lo indigno –comenta.

Hace 13 años, antes de separarse, podría haber sido más fácil, pero además ahora debe pagar arriendo.

Luis Sepúlveda es uno de los ancianos que llegó hasta el centro de Santiago para marchar hasta La Moneda con el objetivo de que todos entiendan que las AFP están “jodiendo el futuro y el presente de miles de personas”. Junto a él, hay otros hombres y mujeres. Mientras Luis habla, se acerca una mujer que no marcha, pero que podría ayudar a sumar rabia:

–Yo recibo una pensión de 10 mil pesos –se queja al aire.

Nadie queda indiferente ante la marcha de los bastones. Los peatones les sacan fotos con sus celulares. Al cruzar la calle Agustinas en medio de gritos, cantos y pancartas, los automovilistas les tocan la bocina para que apuren el paso. Dos carabineros en moto los escoltan.

Los abuelos y abuelas usan capuchas improvisadas: algunas son los mismos gorros pasamontañas que pausan el frío; otros se cubren con pañuelos.

Podría ser una protesta como cualquier otra, pero en pocas cuadras, Chile se deshace: resulta una imagen surrealista que algunos ancianos rengueen cuadras para gritar que reciben 20 mil pesos mensuales, que tengan que explicar que es inhumano y que tengan que escribir en un pedazo de cartulina que no alcanza para vivir.

No es extraño que, en un país que envejece, los encapuchados dejen de ser solo jóvenes y adolescentes. Los ancianos y ancianas marchantes son pocos aun, pero están organizados. También los acompañan estudiantes y nietos. Aunque a la protesta convocada ayer al mediodía se sumaron varias asociaciones de trabajadores públicos, el inicio de todo fue el movimiento “Aquí la gente” y un stand explicativo que instalaron hace más de un año y medio en el centro de Santiago. Francisco Becerra (61), secretario del movimiento, dice que el descontento partió el año 2011, cuando se reveló gran parte de “todas las mentiras que se conocen ahora”, afirma. Ahí fue la primera vez que usaron la bandera sobre la que se recostaron los abuelos en la marcha de ayer. El estreno fue contra La Polar.

Afpestados

Junto a la decena de ancianos encapuchados, se asoma un cartel largo con el rostro de Clotario Blest impreso: “La unidad de los trabajadores es invencible”, reza el lienzo sostenido por manos de trabajadores que también gritan: “Que Nueva, que Nueva, que Nueva Mayoría, si van a gobernar pa' la misma minoría”.

Rody Gárate grita con ellos. Tiene 63 años y el año 2004 jubiló anticipadamente porque tiene un 50% de incapacidad física. Eso dice un carné que trae consigo en su billetera, aunque también lo delata el bastón que lleva en la mano derecha. Con la izquierda sostiene una bandera chilena. Trabajó durante décadas como contador auditor titulado de la Universidad de Chile, pero lo que hoy recibe como pensión no tiene relación con ese pasado. Su pensión es de 154.000 pesos.

Rody Gárate

A pesar de que tiene una discapacidad física de un 50%, Rody Gárate (63) caminó varias cuadras en protesta contra las Afp.

El número de asistentes a la protesta es pequeño: no pasa de las 2 mil personas, pero es mucho más grande de lo que muchos de los asistentes esperaban.

“Hay una molestia cada vez mayor”, dice uno de los marchantes. De hecho, hasta hace unas semanas eran casi invisibles, hasta que la Asociación de Pensionados de Concepción arribó al frontis de la AFP Habitat de esa ciudad, el viernes 17 de junio pasado, para protestar por el anuncio de la caída de las pensiones en un 2% a partir del 1 de julio.

Esa misma mañana, Imilsa Contreras, de 82 años, amarró su pie a la reja de la AFP, en un acto que tendrá reproducciones similares en el sur y en Santiago en las próximas semanas.

No es extraño que, en un país que envejece, los encapuchados dejen de ser solo jóvenes y adolescentes. Los ancianos y ancianas marchantes son pocos aun, pero están organizados. También los acompañan estudiantes y nietos. Aunque a la protesta convocada ayer al mediodía se sumaron varias asociaciones de trabajadores públicos, el inicio de todo fue el movimiento “Aquí la gente” y un stand explicativo que instalaron hace más de un año y medio en el centro de Santiago.

Francisco Becerra (61), secretario del movimiento, dice que el descontento partió el año 2011, cuando se reveló gran parte de “todas las mentiras que se conocen ahora”, afirma. Ahí fue la primera vez que usaron la bandera sobre la que se recostaron los abuelos en la marcha de ayer. El estreno fue contra La Polar.

Francisco Becerra

Francisco Becerra, secretario del movimiento "Aquí la gente", dice que el descontento comenzó a gestarse el año 2011.

Becerra explica que la intención del movimiento contra las AFP tampoco quiere la réplica del modelo. “No queremos AFP estatal ni privada ni nada. Replicarlo es validarlo; queremos volver a un sistema de reparto”, enfatiza. Su pensión se empinará por sobre los 168.000 pesos, aunque trabajó durante décadas como Sociólogo.

En la Plaza de la Constitución, como parte de la marcha, se confunde un grupo de profesoras que hace una década se detiene cada jueves al mediodía en el mismo lugar, para pedir que se respete la llamada deuda histórica. Aunque ellas también cargan carteles en contra de las AFP.

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La marcha comenzó en Huérfanos con Ahumada y terminó en La Moneda.

Entre ellas está Yolanda Cortés. El próximo 11 de septiembre va a cumplir 87 años. Trabajó por 42 años como profesora de Educación Física, vive con su hermana y hace cinco años vendió la casa que tenía en Lo Espejo para pagar la carrera de Arquitectura de su nieta, que estudia en la Universidad de Chile. “Yo vivo con una pensión de 200 mil pesos que se hace nada cuando uno se enferma, pero sé que es mucho más de lo que ganan algunas de mis compañeras”, cuenta.

Al igual que las decenas de ancianas que marchan al compás del mediodía de este jueves, no se explica que tengan que recorrer varias cuadras armadas de carteles para que se entienda una petición humana y básica. “Cuesta entender que seamos casi invisibles”, dice Yolanda.

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