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Análisis Internacional

Elecciones en el Reino Unido: Brown bajo cenizas

por 22 abril 2010

Elecciones en el Reino Unido: Brown bajo cenizas
Nick Clegg sintonizó con una sensibilidad cautiva, aquella que quizás el último en seducir fue Tony Blair en su primera elección hace más de 15 años. Las consecuencias fueron insospechadas, al día siguiente del debate. Los Lib. Dems. subieron 10 puntos en las encuestas, superando a los Laboristas en todas ellas e incluso a los Conservadores en algunas.

El apocalíptico panorama electoral del New Labour en el Reino Unido, debido a los impredecibles caminos que ha tomado la presente elección, no habría cabido ni dentro de los pronósticos  del más avezado oráculo. Hace sólo 2 semanas cuando Gordon Brown -secundado por un séquito de ministros y articulando una narrativa al menos convincente- llamó a elecciones generales y comunicó que la Reina había aprobado la disolución del Parlamento. Parecía que esta sería otra elección que se disputaría entre el Partido Laborista y el Partido Conservador. Sin embargo, un debate electoral y una nube de cenizas de un lejano volcán quieren cambiar la historia.

Hace una semana se realizó el primer debate televisivo en la historia del Reino Unido. Era el primero de tres en los que se enfrentarían el primer ministro Gordon Brown, el conservador David Cameron y el líder del Partido Demócrata Liberal (Lib. Dems.), Nick Clegg. En un debate agotadoramente tecnocrático, donde la discusión se centró en el cómo y no en el por qué, el sub evaluado Nick Clegg, logró hacer un pequeño giro en la línea discursiva al plantear algunas preguntas de fondo como cuestionar la rigidez de cuotas fijas en materia de inmigración, las políticas educacionales de los conservadores y proponer el reemplazo del plan de generación de energía nuclear del gobierno de 3.1 billones de libras por un plan de energía sustentable.

Aún falta mucho para hacer una evaluación seria del manejo de Brown, pareciera instalarse una duda sobre su verdadera capacidad para sortear esta crisis y por añadidura, la otra

Desde una retórica más crítica, Nick Clegg sintonizó con una sensibilidad cautiva, aquella que quizás el último en seducir fue Tony Blair en su primera elección hace más de 15 años. Las consecuencias fueron insospechadas, al día siguiente del debate. Los Lib. Dems. subieron 10 puntos en las encuestas, superando a los Laboristas en todas ellas e incluso a los Conservadores en algunas. La impresión fue tal que en la isla ya se habla del Obama Británico y de la Cleggmania.

A pesar de la fuerza que tomó Clegg, éste terminaría siendo un detalle en el oscuro panorama laborista. En efecto, la elección hoy está inmersa en una insospechada, profunda y reveladora crisis desencadenada nuevamente por las fuerzas de la naturaleza, esta vez proveniente de un volcán de extraño nombre (Eyjafjallajokull). La erupción del volcán arrojó una nube de cenizas que ha obligado a clausurar gran parte de los aeropuertos del Norte de  Europa, dejando a más de 400 mil ciudadanos británicos sin poder regresar a su país y trabando el regreso de cientos de tropas que retornaban de Afganistán. Asimismo, las millonarias pérdidas de las líneas aéreas en los últimos días podría gatillar insospechadas consecuencias económicas en un país que aún se encuentra inmerso en la crisis financiera. Este escenario obliga a Brown a demostrar en la práctica lo que ha predicado en esta campaña: que él es el único hombre capaz de sacar al Reino Unido de la crisis.

El gobierno ha dispuesto una serie de medidas para retornar a sus ciudadanos al país, sin embargo, en su implementación han habido serias descoordinaciones entre el gobierno y la Armada; y la información entregada a los afectados por el secretario de asuntos exteriores ha sido desprolija y ambigüa. Asimismo, el gobierno ha sido criticado de errático al momento de tomar decisiones sobre la reanudación del uso del espacio aéreo. A pesar que la crisis de las cenizas está en actual desenlace y aún falta mucho para hacer una evaluación seria del manejo de Brown, pareciera instalarse una duda sobre su verdadera capacidad para sortear esta crisis y por añadidura, la otra.

A estas alturas, pareciera ser que la única salvación del New Labour, si aún le queda, es que el innombrable volcán pare de arrojar cenizas y que en las dos semanas de campaña que quedan, Brown sea capaz de demostrar lo que no ha podido en casi dos años y medio de gestión: su capacidad para superar estados de crisis.

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