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Inscripción automática y voto voluntario: la democracia sale del coma político

por 23 diciembre 2011

Aprobar la inscripción automática y el voto voluntario es un gran paso en la dirección correcta. Entrega incertidumbre a un sistema históricamente inmóvil y poco competitivo, traspasa la responsabilidad de incentivar la participación cívica a la clase política y obliga a los partidos políticos a reestructurarse en búsqueda de representatividad.

Lo que parecía una utopía política hoy es una realidad: El Senado aprobó la inscripción automática con voto voluntario y el cambio estará operativo para las Municipales de 2012. Esta histórica reforma modificará profundamente el padrón electoral, no sólo incorporando casi 4,5 millones de personas a los registros electorales, sino que añadiendo incertidumbre a un sistema conocido de memoria por la clase política.

Las implicancias son variadas, pero, en concreto, ¿cuáles son los beneficios de la inscripción automática y el voto voluntario? Primero, desde un punto de vista filosofo-político, la voluntariedad del voto es una buena noticia para el mundo liberal: Cuando el sufragio se incentiva con propuestas y no con castigos, se enriquece la democracia y el mundo de las ideas. En segundo lugar, desde una mirada sólo política, hay un fuerte traspaso de responsabilidades. Cuando el voto es obligatorio, la clase política se sienta a esperar; con el voto voluntario, necesariamente se rompe su estado de comodidad y debe salir a buscar los votos, es decir, la responsabilidad de re-encantar a la ciudadanía es, como siempre debió haber sido, de aquellos que aspiran al poder. Además de esta reasignación de responsabilidad que conlleva el voto voluntario, se agrega una importante cuota de incertidumbre al sistema político con la inscripción automática. Para comprender el impacto de la incorporación de este grupo nuevo de votantes, un dato: Eduardo Frei resultó electo con 4.044.112 votos (es el presidente con mayor número de votos en una elección presidencial post-dictadura) y el número de personas no inscritas en los registros actualmente es cercano a los 4,5 millones de personas. En otras palabras, este grupo tiene la fuerza de incidir de forma trascendental en una elección presidencial.

Otro beneficio de esta reforma es el efecto que tiene sobre el sistema de partidos políticos. Considerando la escasa credibilidad ciudadana en la clase política y que el escenario social actual es caldo de cultivo para la formación de nuevos referentes, la posibilidad de que personas o grupos “externos” al sistema ingresen a competir es mucho más alta que antes. Evidentemente, la cancha aún es irregular en términos competitivos, pero el contexto actual, sumado a las cerca de 4,5 millones de personas que renovarán el padrón electoral, obligará a que los partidos políticos hagan reformas estructurales en búsqueda de la aparentemente olvidada representatividad a la que debieran apuntar. Si no se renuevan, se arriesgan a ser reemplazados por movimientos políticos ciudadanos destrabados ideológicamente y con mucho más potencial de representación que los atávicos partidos actuales.

En cuanto a los puntos débiles del proyecto, la mayor crítica nace respecto de la eventual caída en la participación ciudadana que acarrearía el voto voluntario. En este sentido, es importante considerar que, como se dijo antes, la responsabilidad ahora está en manos de la clase política, es decir, la aparente amenaza DEBE convertirse en una oportunidad de renovación política y de búsqueda de métodos para incentivar la participación (Por ejemplo, incorporar la educación cívica en los programas del MINEDUC, agilizar el proceso de votación presencial y comenzar a trabajar en el voto no-presencial u on-line). El voto obligatorio tiende a estancar a la clase política, sobre todo si se alberga en un sistema tan cómodo y poco competitivo como el Binominal. El voto voluntario rompe la inercia y los obliga a cambiar su actitud reactiva por una proactiva.

Aprobar la inscripción automática y el voto voluntario es un gran paso en la dirección correcta. Entrega incertidumbre a un sistema históricamente inmóvil y poco competitivo, traspasa la responsabilidad de incentivar la participación cívica a la clase política y obliga a los partidos políticos a reestructurarse en búsqueda de representatividad. No obstante, esta reforma, si bien es necesaria, no es para nada suficiente. La hegemonía Concertación-Alianza no se termina aquí. El paso siguiente para terminar con el estancamiento político es derogar el sistema binominal, pero con este avance, la democracia chilena comienza a salir del coma político y envía signos vitales.

(*) Texto publicafdo en El Quinto Poder.cl

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