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El otro Gonzalo Rojas

por 3 abril 2014

Hay, además, interesantes jerarquizaciones en Daniel Giménez. Pérez de Arce sobre Rojas (correcta); Gonzalo Rojas, el verdadero, sobre el otro Rojas (correcta); La Tercera sobre El Mercurio (errónea). ¿Son todas producto de la violencia? Yo, por lo menos, no lo he experimentado así.

Daniel Giménez ha publicado una extensa columna referida a mi persona y a mis ideas sobre la desigualdad.

Para iniciar un diálogo, voy a dividir mi respuesta en dos.

Por una parte, algunos comentarios sobre los aspectos formales del texto de Daniel Giménez; por otra, varias consideraciones sobre sus planteamientos referidos a la desigualdad y el conservantismo.

1. El otro Gonzalo Rojas.

Ese soy yo. Un columnista al que Daniel Giménez afirma no leer –“cada vez que veo un texto con la firma… le hago inmediatamente una verónica para obviarlo”– pero al que, sin leerlo, califica de poderoso, picaneador, pateador, trolleador, disparador, gritón, juguetón, provocador, confuso, carente de ilación y rigor conceptual, caótico, opaco, carente de significado, retórico, desprolijo, desordenado e inconexo.

Notable. Cuántas cosas ha visto en mis textos Daniel Giménez sin leerlos: “Había convertido en divertimento personal saltarme y obviar cualquier cosa que llevara la firma del otro Gonzalo Rojas”, afirma.

O este hombre tiene una esotérica capacidad para suponer esencias sin pasar por los sentidos o nos está engañando, porque me lee siempre. Si fuera lo segundo, esperaría el reconocimiento de su falsedad, porque saber que efectivamente Daniel Giménez es un lector asegurado, sería un gran logro a estas alturas de mi vida.

Hay, además, interesantes jerarquizaciones en Daniel Giménez. Pérez de Arce sobre Rojas (correcta); Gonzalo Rojas, el verdadero, sobre el otro Rojas (correcta); La Tercera sobre El Mercurio (errónea). ¿Son todas producto de la violencia? Yo, por lo menos, no lo he experimentado así.

Imagínense: Daniel Giménez prefiere la prosa caótica, desordenada e inconexa del otro Gonzalo Rojas, sobre la poesía erótica del verdadero. Qué desperdicio de 5 minutos, qué confesión tan dolorosa sería aquélla. Es casi para preguntarse si Daniel Giménez es siempre el mismo o… ¿habrá otro?

Pero qué importa el otro Gonzalo Rojas. En eso Daniel Giménez y el otro Gonzalo Rojas están de acuerdo. Y los lectores también.

Porque quizás a ellos les interese más que el diálogo se centre en varias afirmaciones significativas de Daniel Giménez.

2. Sobre desigualdades y conservantismo.

La parte de su columna referida a estos temas es ahora objeto de mis comentarios. Si el lector los entiende, aunque quizás no los comparta, saque sus conclusiones sobre mi “confusión, gran confusión.”

a. “La desigualdad es la organización u ordenación jerárquica de atributos diferentes”… de forma natural”, afirma Daniel Giménez. Y, vaya sorpresa, apenas cinco líneas después, nos dice que “las desigualdades son creadas cuando el ordenamiento social organiza e impone, por regla general a través de la violencia, jerarquías a partir de esas diferencias.”

¿En qué quedamos? ¿Las jerarquías son naturales o producto de la violencia social? Estoy con Daniel Giménez en su primera afirmación, pero como el no la respalda con la segunda, qué dificultad la que surge. (¿Está apareciendo el otro Daniel Giménez?).

Hay, además, interesantes jerarquizaciones en Daniel Giménez. Pérez de Arce sobre Rojas (correcta); Gonzalo Rojas, el verdadero, sobre el otro Rojas (correcta); La Tercera sobre El Mercurio (errónea). ¿Son todas producto de la violencia? Yo, por lo menos, no lo he experimentado así.

b. “Gonzalo Rojas al predicar y defender las desigualdades, no está haciendo otra cosa que replicar y continuar la vieja tradición del conservadurismo que se remonta a Platón y encuentra su punto cúlmine en Mussolini y el fascismo.”

Vaya méritos del confuso Rojas, porque empalma con Platón y una larga tradición que, por cierto, no culmina con Mussolini. Algo de bibliografía sobre el fascismo para Daniel Giménez, de modo que no repita un error tan básico. Que lea, por ejemplo, a Payne, a Nolte, a Griffin o a Emilio Gentile para comprender la naturaleza profundamente anticonservadora del fascismo. Por eso –y por muchas razones más– ni este gremialista ni ninguno ha sido ni será jamás fascista.

c. Gonzalo Rojas “apela a una reliquia de museo que, salvo por la porfía de alguno que otro amigo de lo arcaico, el pensamiento contemporáneo superó hace 150 años: la idea de naturaleza humana.”

Necesitamos saber qué representantes del pensamiento contemporáneo negaron ese concepto, cuándo se superó, ufff, cómo es posible que los creyentes de las tres religiones monoteístas –cristianismo, judaísmo e islam– lo asuman como su base, en fin, de qué modo podrían predicarse los derechos humanos sin que hubiera una naturaleza que los sustente. Y, por último, cuando Daniel Giménez usa positivamente el concepto de “natural”, ¿está escribiendo él o el otro?

Si al ver mi nombre Daniel Giménez no lee esta columna, que alguien se la cuente, ¿ya?

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