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Aravena, el Pritzker y la paradoja del “mercado”

por 21 enero 2016

“La mitad de una casa”. Con esa frase iniciaba un importante medio británico el reportaje que cubría el premio Pritzker recientemente otorgado al chileno Alejandro Aravena. Que un chileno obtenga el “Nobel de la Arquitectura” sitúa al país en el mundo entero, instalando a los chilenos en el mercado del arte, obviamente en el de la arquitectura e incluso en el de los negocios y el turismo. La prensa mundial seguramente no vuelva a hablar por un buen tiempo de Chile tan intensamente como lo hizo la semana pasada. Un gran logro para la arquitectura chilena y por supuesto para Aravena –que, por lo demás, es generoso en hablar constantemente de “su equipo” en Elemental–. Más meritorio aún si el haberlo obtenido en Chile y por dilemas de Chile. Si bien son problemas chilenos, el premio refleja la universalidad de estos y, obviamente, sus soluciones.

El jurado del premio hizo notar el dominio de materiales y la diversidad de trabajos de Aravena, sin olvidar en estos la poesía y capacidad de la arquitectura de “comunicar en todos los niveles”. Con todo, explicitó que lo que realmente hacía notable al chileno era su compromiso y desarrollo de viviendas sociales. Específicamente sus soluciones y la “nueva”, y necesaria, dimensión que Aravena le entrega a la arquitectura: la de influir en las discusiones de problemas sociales y humanitarios.

El trabajo de Aravena se puede leer como una crítica a la ingeniería social. La solución no es que el Estado entregue y diseñe hogares como agente omnisciente capaz de conocer la total complejidad de las comunidades y sus individuos. Por el contrario, la genial solución de Elemental es entonces asumir sus limitaciones: de conocimiento, de información y de recursos. Humildad por un lado y sensatez por otro.

La entrega de este premio es entonces, en esta ocasión, un llamado de atención a la necesidad del rol del arquitecto como un intelectual público. En Chile, diferentes arquitectos resaltan su obra y su notable capacidad de síntesis y retórica. Un economista destaca su propuesta como una solución a la segregación social existen en Chile. Diferentes personalidades celebran también el mensaje a resaltar el rol del arquitecto en la sociedad. Reflexionando sobre el premio, Aravena mismo, cuestiona al mercado y su relación con la ciudad. Sin embargo, interesante es notar que, paradójicamente, la solución por él propuesta ha sido justamente alejarse del Estado para acercarse al mercado.

El trabajo de Aravena se puede leer como una crítica a la ingeniería social. La solución no es que el Estado entregue y diseñe hogares como agente omnisciente capaz de conocer la total complejidad de las comunidades y sus individuos. Por el contrario, la genial solución de Elemental es entonces asumir sus limitaciones: de conocimiento, de información y de recursos. Humildad por un lado y sensatez por otro. Ante la incapacidad de conocer las preferencias, talentos y proyectos de cada individuo y familia, Elemental propone diseñar “media casa” en lugar de una casa completa. “Media casa” de mejor calidad y mejor ubicada en la ciudad, ya que –como bien dice Aravena– “las personas sí pueden ampliar y mejorar las terminaciones de sus casas. Pero no pueden cambiar dónde está ubicada”. Una “mitad de una casa” que otorga flexibilidad y permite adecuarla a las propias necesidades del individuo y familia. Algo completamente superior a construir una “común, barata y estigmatizadora casa inflexible”, como señaló un diario europeo.

Humildad y sensatez, virtudes que valieron “un Nobel” y que bien haría revisar por estos lados.

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