¿Qué hay detrás del bus de la propaganda religiosa contra la “ideología de género”? - El Mostrador

Sábado, 21 de octubre de 2017 Actualizado a las 01:14

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¿Qué hay detrás del bus de la propaganda religiosa contra la "ideología de género"?

por 7 julio, 2017

A propósito de la noticia que anuncia la llegada a Chile del bus contra “la ideología de género”, que este año ya fue polémicamente introducido en países como España, México y Colombia generando el rechazo del público y fuertes protestas en su contra, resulta interesante abrir el debate sobre qué significa una iniciativa como esta y cuáles son sus implicancias.

En los últimos años, donde sea que el feminismo haya aumentado su incidencia política, el Vaticano y sus aliados políticos han intervenido con su estrategia reaccionaria en lo que parece ser el intento por restaurar las visiones conservadoras de la sociedad. Esto es precisamente lo que hoy está ocurriendo en Latinoamérica, donde el feminismo ha fortalecido su discurso, permeando partidos políticos, protestas sociales, creando incluso movimientos masivos contra la violencia de género, como #NiUnaMenos y la batalla contra el acoso callejero.

Ante esto, los movimientos religiosos anti-feministas han aumentado su influencia en países como Chile, México, Argentina, Perú, Colombia y Brasil. Asimismo, el advenimiento de gobiernos de derecha y centro-derecha ha facilitado el ambiente político para el crecimiento del discurso de la “ideología de género”, ofreciendo un espacio apropiado para la proliferación de argumentos contra los discursos progresistas, feministas, y de izquierda.

En este sentido, Colombia es uno de los ejemplos más recientes de cómo la propaganda religiosa tiene un impacto negativo en el avance de políticas de género, principalmente aquella generada por las iglesias evangélicas, quienes estuvieron directa y activamente involucradas en la campaña contra las negociaciones de paz con un discurso reaccionario sobre el género, contribuyendo a su fracaso. Este último ejemplo ilustra que a pesar de la creencia común de que la iglesia con mayor influencia política en América Latina es la Católica, no podemos menospreciar el crecimiento de las iglesias evangélicas, especialmente en Chile.

Sobre esto último, el principal argumento de las iglesias contra la identidad de género es la inexorabilidad de la diferencia sexual, la cual es crucial para la procreación. Esta idea es su marco conceptual para argumentar también contra la igualdad entre hombres y mujeres, las nuevas formas de familia, y la homosexualidad. Todas estas, según ellos, constituyen infracciones al orden natural.

En el 2015, 40% de los chilenos se identificaron con alguna iglesia, 28% con la Católica y 12% con la protestante u otra. Más aun, en las últimas décadas estas iglesias han demostrado tener la capacidad de dar vuelta elecciones, subir y/o bajar candidatos, y una gran organización para ejercer lobby. En el contexto de próximas elecciones presidenciales no ha de extrañarnos que la comunidad religiosa tenga especial atención por parte de los políticos, y hasta provoque un cambio en el discurso de algunos de ellos, como Parisi, o la radicalización de posiciones conservadoras, como la de Piñera y Ossandón.

“Ideología de género” es un concepto sostenido por activistas religiosos que encierra la creencia de que las reivindicaciones feministas y LGBTQI+ no son nada más que un discurso ideológico, sin base científica, articulado y promovido por la nueva izquierda mundial, apoyado por organizaciones internacionales (como ONU Mujeres) y transnacionales, cuya finalidad es esconder y tergiversar los principios básicos del orden natural.

En los noventa, durante la preparación de Beijing, la Iglesia Católica (el Vaticano) junto a académicos de la Universidad de Navarra, rechazaron la teoría de género acusándola de pura ideología, de serun discurso que intenta encubrir la realidad y la naturaleza. Por ejemplo, crearon argumentos contra las ideas feministas de igualdad entre hombres y mujeres, y con especial atención argumentaron contra la noción feminista de que el género es una creación histórica y cultural, y que por lo tanto no tendría relación alguna con los genes, cromosomas, o cualquier origen biológico.

Este discurso realza el binarismo sexual argumentando que los cuerpos y cerebros de hombres y mujeres son sustancialmente diferentes, por lo tanto, de la diferencia biológica se desprende que hombres y mujeres (y nada entremedio) cumplan con determinados roles y realicen distintas tareas ya que la desigualdad de género es reflejo de la naturaleza humana y parte de la obra de Dios (que por algo nos hizo diferentes).

Con esto, y ante el progreso del feminismo en la región, intentan desesperadamente regresar a lecturas tradicionales y conservadoras de la sociedad, enalteciendo la femineidad y la masculinidad clásicas, la heterosexualidad, la familia matrimonial, el matrimonio eclesiástico, y la maternidad, satanizando y condenando la homosexualidad, el aborto, el matrimonio igualitario, la igualdad de género, la adopción homoparental, entre otras. En general, la ideología detrás de la “ideología de género” señala que el feminismo intenta alterar las leyes aristotélicas del orden global y la construcción natural de lo masculino y lo femenino. Más aun, uno de sus argumentos es la visión apocalíptica de que el feminismo y el género serían ideologías totalitaristas cuyo objetivo es establecer un nuevo orden mundial, junto con el fin de la familia y, por lo tanto, de la especie humana.

En Chile, su estrategia ha consistido en esparcir esta creencia, realizando talleres y charlas por todo el país, haciendo lobby, llamando a marchas pro-vida y anti-gay, y ahora introduciendo más propaganda mediante un bus. Las Iglesias Evangélicas junto a la Iglesia Católica, mediante la Pontificia Universidad Católica de Chile (específicamente académicos de la Facultad de Derecho) han participado activamente como lobistas en la tramitación de las iniciativas legislativas más relevantes para el feminismo en las últimas cuatro décadas.

Los ejemplos más atingentes son los proyectos de despenalización del aborto en tres causales y el de identidad de género. En ambos proyectos de ley, Ministros/as, Senadores/as y Diputados/as, han sido actores pasivos del lobby religioso. Desde 1994 han existido más de 15 intentos de legislar sobre el aborto en Chile. Sin embargo, la influencia de la religión en la política los dilató hasta detenerlos, y con el actual, aun intenta hacerlo, sino al menos desvirtuarlo completamente. Algo parecido ha sucedido con el proyecto de Ley de Identidad de Género, ingresado el año 2013 y que después de 4 años de una tremenda resistencia provocada por activistas religiosos recién avanza a su segundo trámite constitucional en la Cámara de Diputados, no sin sufrir varias modificaciones ya denunciadas por las organizaciones LGBTI+. Más allá de la gubernamentalidad Foucaultiana, entender la naturaleza o la divinidad como una construcción normativa que debe ser plasmada en la norma jurídica implica necesariamente la exclusión y discriminación de aquellos que no encajan en sus estándares, implica posicionar personas fuera de la ley o contra la ley sólo por ser diferentes, y eso es y siempre será violencia.

Sobre esto último, el principal argumento de las iglesias contra la identidad de género es la inexorabilidad de la diferencia sexual, la cual es crucial para la procreación. Esta idea es su marco conceptual para argumentar también contra la igualdad entre hombres y mujeres, las nuevas formas de familia, y la homosexualidad. Todas estas, según ellos, constituyen infracciones al orden natural.

Lo que nadie quiere asumir es, por ejemplo, que estos fervientes defensores de que los cigotos y los fetos son personas, justifican atrocidades como la mutilación de órganos sexuales en recién nacidos intersexuales (que presentan ambos genitales), producto de la presión social hacia los padres que, muchas veces sucumben ante la ignorancia y las fatídicas recomendaciones de algunos médicos, viéndose forzados a decidir cuál será el sexo de su hija o hijo recién nacido, y criarlo acorde a las normas sociales de lo que significa ser niña o niño, según haya sido su elección. Para los activistas religiosos, la homosexualidad y la no conformidad con el género asignado al nacer son patologías, y el aborto es un crimen, un pecado.

De esta manera, el crecimiento en la influencia de la propaganda religiosa de la “ideología de género” no solo es perjudicial para el avance del feminismo, sino también para todas las personas que no encajan en su noción de qué es “normal”, “natural”, e incluso qué significa ser persona.

No nos confundamos, este bus no promueve la igualdad y el anti-bullying, promueve la desigualdad, el odio, la segregación, y la exclusión, mediante la homofobia, la transfobia y el sexismo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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