Iceberg antártico: no hablemos de evento apocalíptico - El Mostrador

Viernes, 20 de octubre de 2017 Actualizado a las 03:30

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Iceberg antártico: no hablemos de evento apocalíptico

por 18 julio, 2017

Durante los últimos meses el potencial colapso de la Plataforma de hielo Larsen C, en la península Antártica, ha captado la atención mundial. Las tecnologías de percepción remota y los medios de comunicación masiva nos han posicionado en el rol de espectadores privilegiados de un evento de escala planetaria, al parecer sin precedentes para el último milenio, en el continente blanco. Si bien es cierto que la desaparición de volúmenes de hielo en el continente Antártico se ha vaticinado desde hace más de una década, lo que resulta realmente intimidante de lo acontecido entre los días 10 y 12 de julio en la plataforma de Larsen, es la rapidez con la que están ocurriendo estos cambios.

Para comprender esto, se debe entender que las plataformas de hielo corresponden a delgadas plataformas que flotan en ambientes marinos, cuyo espesor puede variar entre 100 y 1.000 metros, y que generalmente se emplazan en los sectores donde los glaciares desembocan en la costa. No son exclusivas de ambientes antárticos, pues también se pueden encontrar en las regiones costeras de Groenlandia, Canadá o el Ártico. Lo interesante de estas plataformas de hielo, es que representan un obstáculo frente al flujo de hielo que proviene del interior del continente. Para el caso de la plataforma de Larsen (denominada así en honor al célebre explorador Noruego Carl Anton Larsen), al este de la península Antártica, estaría ejerciendo un efecto de contención frente al desplazamiento de los glaciares que  se mueven por efecto de la  gravedad hacia las zonas litorales. Este rol de contención se ve afectado por factores de tipo climático, por ejemplo, un ascenso en  la temperatura atmosférica, y oceánicos; variaciones en la temperatura de la columna de agua que rodea a las plataformas, más el efecto de las mareas que generan un  desgaste mecánico en las plataformas debido a su constante oscilación.

A lo anteriormente señalado, es necesario adicionar que, bajo el actual contexto de cambio climático, la península Antártica representa un “hot spot” o punto caliente donde el ascenso de las temperaturas ha sido notorio durante las últimas décadas. Una de las principales consecuencias del ascenso de las temperaturas en esta región, es precisamente el desprendimiento de volúmenes de hielo desde estas plataformas, tales volúmenes de hielo se denominan témpanos de hielo o “icebergs”, estas masas de hielo flotante representan además un peligro inminente para la navegación en aguas circumpolares.

Es necesario señalar que, lo anteriormente expuesto no representa un escenario apocalíptico en que el día después de mañana se vuelvan realidad imágenes cinematográficas en las que se muestran vastas metrópolis inundadas.

Al colapso de Larsen C le preceden el de las plataformas de Larsen A en 1995 (desprendimiento un tempano de 1.500 kilómetros cuadrados) y Larsen B el año 2002 (desprendimiento de un témpano de 3.250 kilómetros cuadrados). Si bien es cierto que el desprendimiento de Larsen C no es un evento anómalo en el ciclo de vida de una plataforma de hielo, es necesario destacar que sí representa un evento de carácter extremo. ¿Cifras para entender lo anterior? Según el British Antarctic Survey (BAS), el área de la zona desprendida es de casi 6.000 kilómetros cuadrados (aproximadamente un 10% del área total de la plataforma de Larsen), el espesor de hielo que se separó del continente es de aproximadamente 190 metros, de los cuales 30 metros se encuentran sobre el nivel del mar, esto es el equivalente a un edificio de 12 pisos.

El colapso de la plataforma, registrado rigurosamente mediante imágenes satelitales y trabajo en terreno, estaría vinculado tanto a un ascenso en la temperatura atmosférica como en la columna de agua bajo la plataforma, situación planteada el año 2015 en un artículo de investigación que identificaba un adelgazamiento del orden de 4 metros en la plataforma entre 1998 y 2012.

Ahora bien ¿Cuál sería la principal consecuencia de este colapso? En este punto, la comunidad científica plantea de forma uniforme que si progresivamente desaparecen estas plataformas de hielo en Antártica, se produciría una aceleración del volumen de hielo proveniente del interior del continente, grandes masas de glaciares se descargarían en el océano, contribuyendo a un ascenso en el nivel medio del mar.

Es necesario señalar que, lo anteriormente expuesto no representa un escenario apocalíptico en que el día después de mañana se vuelvan realidad imágenes cinematográficas en las que se muestran vastas metrópolis inundadas. No obstante, resulta intimidante la velocidad a la que se están presentando los efectos del evidente ascenso sostenido de la temperatura atmosférica sobre zonas particularmente sensibles, como la península Antártica, donde los modelos en donde se predecían los futuros cambios en las plataformas de hielo, se han visto en la obligación de replantearse, a la luz de la rapidez de los cambios que operan en esta región del continente.

Finalmente, y como ya se ha señalado en diversas publicaciones, resulta imposible descartar el “timming” político del colapso de Larsen C, acontecido a poco más de un mes de que Estados Unidos abandonara el acuerdo de París. El colosal nuevo tempano de hielo desprendido de la Antártica, denominado ahora A68, representa una señal de alerta de 5.800 kilómetros cuadrados que nos está enviando la naturaleza respecto de la forma en que estamos tratando nuestro planeta.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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