La Enade 2018: ¿De espaldas al país? - El Mostrador

Sábado, 21 de octubre de 2017 Actualizado a las 03:24

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La Enade 2018: ¿De espaldas al país?

por 13 octubre, 2017

En una columna anterior llamaba la atención sobre la dificultad del empresariado para ponerse “en los zapatos del resto de los ciudadanos”. Al leer la entrevista que El Mercurio hizo el domingo recién pasado a los organizadores de ENADE 2018 queda la sensación de que el empresariado se da vueltas en torno a sus prejuicios e ideas preconcebidas con baja capacidad de dialogar con el resto de la ciudadanía.

La convocatoria lleva como título “Nuevos tiempos”. Pretende dejar como evidencia que se trata de un grupo de “adelantados” (en EEUU los llamarían los “First Responders”) que han descubierto que en los próximos 15 a 20 años “el 40% de los trabajos, tal cual los conocemos no van a existir”. Se trata sin embargo de un tema que se viene analizando hace tiempo a nivel nacional e internacional. Más aún, el Thinktank inglés del progresismo británico acaba de publicar el libro “Time for Change. A new Vision for the British Economy” donde trata en detalle estos problemas. Es también el caso del científico social estadounidense de izquierda Erik Olin Wright que en el prólogo a la versión alemana de su libro “Envisioning Real Utopien” (2010) señalaba:

“La segunda tendencia que enfrentará el Estado capitalista a lo largo del siglo XXI se relaciona con el efecto que sobre el empleo tendrán los cambios tecnológicos en marcha en el contexto de la revolución informática. Naturalmente cada ola de cambio tecnológico genera especulaciones sobre la eliminación de puestos de trabajo y sus efectos sobre una ampliación de la marginalidad y el sostenido desempleo estructural. En todos los casos anteriores el crecimiento económico generó finalmente puestos de trabajo suficientes en los nuevos sectores industriales que compensaron el déficit de empleo. La formas propias de la automatización del sector servicios en la era digital hacen mucho menos probable que se produzcan posibilidades de empleo intermediados por el mercado capitalista. Este problema se agudiza por el efecto de la globalización”

No radican las diferencias con otros grupos de la población en que el empresariado haya identificado primero el problema de desempleo estructural que genera la revolución de las tecnologías de información y telecomunicaciones (Piénsese por ejemplo en lo efectos del “Internet of Things”). Las diferencias derivan más bien del tipo de soluciones que se plantean. Para el mundo empresarial y la derecha la solución radica en la flexibilización/ precarización del trabajo que, en el contexto de un empresariado con baja disposición a invertir en ciencia, tecnología y capacidad de innovación, aparece como la ventaja competitiva más a su alcance. También en su esfuerzo constante por debilitar las organizaciones sindicales. Para las fuerzas progresistas, en cambio los problemas del cambio tecnológico exigen una modernización y mejoramiento radical de la calidad de la educación ( es uno de los sentidos profundos de la reforma educacional en marcha siendo el otro el de contribuir a una mayor igualdad) y la constatación que las nuevas tecnologías permiten una elevación sin precedentes de la productividad abriendo con ello la posibilidad de reducir la jornada laboral y por qué no, la eventual creación de un ingreso básico universal.

Para los organizadores de la Enade ha aparecido un nuevo tipo de consumidor aquel que “no tiene por qué comprar en Falabella, si pueden hacerlo en cualquier parte del mundo”. ¿En qué mundo viven? Es cierto que algunos compramos diversos productos vía internet pero cuando el 92% de los pensionados recibe según la Superintendencia de pensiones una pensión igual o menor a 163 mil pesos y el salario promedio de la población ocupada fue de $ 517 mil en el año 2016 lo que implica según la Fundación Sol que la mitad gana $350 mil pesos o menos, las afirmaciones del equipo de Enade solo evidencian que están de espaldas al país y que simplemente sólo conversan con ese estrecho círculo del 1%.

Existe también una diferencia de apreciación respecto de la relación entre cambio tecnológico y política. Para la derecha y los ex concertacionistas cooptados por el empresariado, el cambio tecnológico determina unilateralmente el futuro. Para el mundo progresista, en cambio, el derrotero que genera transformación tecnológica depende de la correlación de fuerzas entre trabajadores y empresario; entre las fuerzas políticas que toman la representación de los más ricos y de aquellos que se vinculan con los más vulnerables. En ese sentido fueron muy distintos los caminos que luego de la crisis del 29 y en los años 50 y 60 del siglo pasado impulsaron los Estados Unidos y Gran Bretaña que reconstituyeron el capitalismo a partir del impulso del Estado de Bienestar que el impulsado por la Alemania Nazi. Frente al cambio tecnológico y la globalización, aparecen hoy también diversas miradas. Por una parte, la respuesta tipo Trump, que niega el cambio climático; que sostiene que la forma de proteger los empleos en Estados Unidos es el cierre de las fronteras y la reducción de los impuestos a las empresas y a los más ricos, la liquidación de la organización sindical, el rechazo a la migración y la promoción de la discriminación. Algo de eso se observa entre los empresarios que convocan a ENADE. Por la otra, y eso se ve en las propuestas programáticas de la Nueva Mayoría y de la Democracia Cristiana, hay una apuesta a favor del cambio tecnológico y la inversión en innovación, que relevan la importancia de integrarse en las cadenas internacionales de valor, a favor del aumento de la oferta de bienes públicos y de impulsar iniciativas para lograr una gobernanza democrática de la Globalización y a una modernización del sindicalismo que lo fortalezca.

Llama la atención también la autocomplacencia del mundo empresarial chileno. Según ellos “las empresas han demostrado que tenemos una capacidad de cambio enorme que nos permite hacer un llamado a nuevos tiempos”. De repente parece que las empresas que están cambiando la forma de producir y de consumir como Amazon, Google, Facebook, Microsoft son una creación chilena. Hay sin duda empresas nacionales que desarrollan iniciativas interesantes. No obstante un sector muy relevante son las que aprovechan mercados regulados ( las de energía y de agua potable, las AFP y las ISAPRES) que han surgido al amparo de grandes subsidios (empresas forestales) las que aprovechan las rentas de los ricos recursos naturales del país (empresas mineras, pesqueras, acuícolas). No podría ser de otra manera si la inversión en ciencia y tecnología en Chile es de 0,38% del PIB mientras que el promedio en la OCDE es de 2,5% y la mayor parte de los recursos los aporta el Estado.

Para los organizadores de la Enade ha aparecido un nuevo tipo de consumidor aquel que “no tiene por qué comprar en Falabella, si pueden hacerlo en cualquier parte del mundo”. ¿En qué mundo viven? Es cierto que algunos compramos diversos productos vía internet pero cuando el 92% de los pensionados recibe según la Superintendencia de pensiones una pensión igual o menor a 163 mil pesos y el salario promedio de la población ocupada fue de $ 517 mil en el año 2016 lo que implica según la Fundación Sol que la mitad gana $350 mil pesos o menos, las afirmaciones del equipo de Enade solo evidencian que están de espaldas al país y que simplemente sólo conversan con ese estrecho círculo del 1%.

No ha sido auspiciosa la incursión empresarial en el mundo político. Hace pocos días Juan Andrés Camus, presidente de la Bolsa de Comercio sostuvo que si el candidato Sebastián Piñera no ganaba, el mercado bursátil tenía un alta probabilidad de colapsar. ¿Cómo es posible que este personero ( el Loreto Letelier de la economía) ignore el aporte que han hecho al desarrollo del país las distintas fuerzas que han gobernado estos últimos 27 años, que han puesto a Chile en un lugar preferente en la región y más allá y que según él, un candidato de esa coalición con solo su llegada haga colapsar la bolsa? La únicas respuestas posible es que él haya tenido un “colapso” nervioso o esté enceguecido por su ideologismo.

En suma, la entrevista es lamentable. Dicen querer convocar a los presidenciables a dialogar sobre los “Nuevos Tiempos”. Pero lo que ofrecen es una mirada ideologizada, donde existe un consumidor que ya no va a Falabella, en que la idea del ciudadano que busca ser protagonista de su vida no aparece en la discusión y en que critican la decisión de incrementar el gasto público en 3.9% sin ningún argumento de peso y en que hablan de la necesidad cambiar la forma de desarrollar “el capital humano” sin perder una palabra con el gran esfuerzo que el país está haciendo en educación. Eso no es diálogo es un monólogo. Y asociado a ello aparece también la falta de información como cuando uno de los entrevistados señala “que no he visto nunca un Estado emprendedor que lleve a un país al desarrollo”. No hay espacio para extenderme en la materia; me limito a recomendarle el libro De Mariana Mazzucato, profesora de políticas de ciencias y tecnología de la Universidad de Sussex y asesora de la Comisión Europea en materias de crecimiento económico, que tiene como título “The Entrepreneurial State” (El Estado emprendedor).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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