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Opinión

Cencosud: el trato exquisito y los olvidados de estos años

por 1 mayo, 2013

Cencosud: el trato exquisito y los olvidados de estos años
¿Por qué Cencosud hace en Perú —contratar a sus empaquetadores— lo que se niega radicalmente a hacer en Chile y sostiene, junto con la Asociación de Supermercados, que esos jóvenes son externos y que en ningún caso dependen de ellos? ¿Qué explica la diferencia de Paulmann hacia sus trabajadores peruanos y chilenos?

En Lima están los Supermercados Wong. Son desde hace algunos años propiedad de Cencosud. Al salir de las cajas, hay unos jóvenes que visten el uniforme de la empresa.

Cumplen la función de empaquetadores. Como los del Jumbo en Chile.

Pero con una gran diferencia. Esos empaquetadores, los peruanos, están contratados como trabajadores de Wong y por tanto reciben un sueldo de Cencosud. De hecho, no aceptan propinas.

Y ahí vienen un par de preguntas fundamentales:

¿Por qué Cencosud hace en Perú —contratar a sus empaquetadores— lo que se niega radicalmente a hacer en Chile y sostiene, junto con la Asociación de Supermercados, que esos jóvenes son externos y que en ningún caso dependen de ellos?

¿Qué explica la diferencia de Paulmann hacia sus trabajadores peruanos y chilenos?

La respuesta es sencilla: el ‘trato exquisito’ lo llamaremos.

La idea es relativamente sencilla y consiste en que desde el retorno de la democracia hubo una suerte de acuerdo en la elite política, incluyendo a la derecha y a la Concertación, de dar garantías a la “elite empresarial” de que no se tocarían las reglas del trabajo —el Código del Trabajo de Pinochet.

Y ¿en qué consistió ese trato exquisito?

Primero, en no tocar las reglas que impiden que los trabajadores negocien colectivamente sus condiciones de trabajo a nivel sectorial y por rama, la única forma de negociar que en el mundo ha mostrado ser eficaz en otorgar poder a los trabajadores y otorgar equilibrio en las relaciones laborales.

Segundo, por nada del mundo tocar las reglas que permiten el reemplazo de los trabajadores en huelga —único país del continente que lo autoriza—, para mantener a los trabajadores chilenos sin derecho a huelga efectivo.

Tercero, no eliminar los grupos negociadores —una genial ocurrencia de José Piñera—, los que compiten con el sindicato en la representación de los trabajadores, permitiendo un tipo de organización más amable con el empleador, por no decir derechamente, grupos amarillos controlados por la empresa.

¿Volverá la Concertación a otorgar un “trato exquisito” en materia laboral a esa pequeña elite empresarial que parece querer controlarlo todo en Chile? ¿Estarán los candidatos más cercanos a los trabajadores a la altura de las circunstancias para derogar el Código del Trabajo de Pinochet, incluyendo al Partido Socialista, el “partido de los trabajadores”?

¿Y qué hicieron todos estos años los trabajadores y sus representantes como la CUT?

No existieron. Bueno sí, estuvo Arturo Martínez que es lo más parecido a la inexistencia. Fueron olvidados en todos estos años y así parece que se pretende que sigan hasta el final de los tiempos.

De ahí, que en estos días, y ad portas de una elección presidencial, sea necesario volver a hacerse las preguntas claves para el movimiento de los trabajadores.

Y son sencillas:

¿Volverá la Concertación a otorgar un “trato exquisito” en materia laboral a esa pequeña elite empresarial que parece querer controlarlo todo en Chile?

¿Estarán los candidatos más cercanos a los trabajadores a la altura de las circunstancias para derogar el Código del Trabajo de Pinochet, incluyendo al Partido Socialista, el “partido de los trabajadores”?

¿Se atreverá Bachelet esta vez a cumplir con los trabajadores —y no quedar en manos de los ‘Velascos’ de turno— para reformar la ley hacia un derecho de negociación colectiva efectiva?

¿Podrá el Partido Comunista apoyar un candidato(a) en las próximas elecciones que no proponga la negociación colectiva por rama o sector y la derogación del reemplazo de los trabajadores en huelga?

Veremos si los trabajadores logran por fin que alguien les explique por qué tanto olvido para ellos y tanta finura y consideración para unos pocos.

Exageraciones ideológicas de este columnista, dirán algunos, eso de hablar del “trato exquisito” a los empresarios —algo fuma este Ugarte dirían los ‘Escalona’.

Quizás. Pero entonces terminemos con nuestra historia de los empaquetadores.

Matthei —que prácticamente se va del Ministerio del Trabajo sin lograr nada de nada en materia laboral—, sí se preocupó de este tema. Para eso propuso solucionar el problema de los empaquetadores en los Supermercados. De hecho, soltó algunas lágrimas en la pantalla cuando se reunió con ellos en un programa de televisión.

“En un mes enviaré un proyecto de ley para darles una solución”, les dijo a los esperanzados jóvenes.

Y vaya que lo hizo. Envío un proyecto de ley que dice que esos jóvenes no serán considerados trabajadores para ningún efecto legal. Ni de los supermercado ni de nadie (Boletín 7592).

O sea, ni corta ni perezosa: trabajadores sin derechos al servicio de los Supermercados.

¿Qué tal, entonces, eso del trato exquisito?

Incluso, creo que en los pasillos del Ministerio del Trabajo —pero esto sí que puede ser sólo un rumor— se escuchó decir que la ley hasta tendría nombre, como un homenaje propuesto por la ministra y sus ayudantes.

La ley “Don Horst” parece que quieren llamarla.

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