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Hugo Herrera y el inicio de la discusión ideológica en Chile Vamos:

“A Guzmán lo matan y el sector se limitó a repetir lo que se decía para la época de Guerra Fría”

por 23 marzo, 2016

“A Guzmán lo matan y el sector se limitó a repetir lo que se decía para la época de Guerra Fría”
Para varios en el sector ha llegado el momento de hablar de ideas. Tanto en la UDI como en RN, que viven momentos de reorganización y replanteamiento internos, han aparecido voces que hablan de dotar por fin a la derecha de un relato post-Guerra Fría, que vaya más allá del conservadurismo moral y el liberalismo económico. Para ello el conglomerado ha abierto sus puertas a intelectuales críticos de cómo se venían haciendo las cosas. Uno de ellos es el filósofo Hugo Eduardo Herrera, quien participó de la elaboración del documento que pretende dar el puntapié al debate ideológico dentro de la alianza política (documento adjunto). Herrera no tiene problemas en admitir la fosilización del discurso, la falta de motivación y la ausencia de relato, sin embargo, es de quienes creen que ya no se puede llegar más abajo. Ahora al menos se tiene conciencia de la crisis, sostiene.
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“La situación del país es desafiante. La clase media se vuelve mayoritaria y plantea nuevas exigencias. Los chilenos, contentos con sus vidas privadas, desconfían de su institucionalidad política y económica, y viven, muchas veces, existencias intranquilas, por momentos agobiadas. El desajuste entre pueblo e institucionalidad conduce a que esta pierda legitimidad. El contexto deviene acuciante por la radicalización del discurso de la izquierda y los visos oligárquicos que asume la dirigencia política. Urge articular una propuesta a la altura del instante presente”. Así se inicia el documento de convocatoria de Chile Vamos, en el que, entre otros, ha participado el filósofo, académico y jurista Hugo Eduardo Herrera.

Su objetivo, junto al de otros personeros del sector ligados al mundo de las humanidades, es iniciar una discusión conceptual e ideológica de lo que significa ser de derecha en el Chile de hoy, además de dotar a Chile Vamos de un marco teórico del que sus predecesores carecieron notablemente. Sin perder la esperanza, el diagnóstico de Herrera no es para nada condescendiente. Por el contrario, se atreve a hablar de la falta de referentes trascendentales, del discurso fosilizado y de la incapacidad para leer los momentos políticos.

-La semana pasada a raíz de la discusión del aborto, hemos escuchado a diputados de Chile Vamos enunciar argumentos muy poco racionales y con escaso fundamento más allá de la religión. ¿Cómo se puede reconstruir ideológicamente a la derecha chilena si sus diputados mandan “al infierno” a sus colegas y les amenazan con el juicio de Dios?
-Es complicado. Obviamente es un escenario que está lejos de ser el ideal. Pero creo que esto se produce no solo en la derecha, en todas partes tú tienes una vanguardia que es más ilustrada y sectores que vienen más en el cuerpo o francamente en la retaguardia, por ponerlo en terminología bélica. Hay gente, también en la derecha, que está pendiente de la necesidad de una renovación en el discurso y que capta con cierta capacidad diferenciadora cuáles son los puntos críticos en el sector y qué es lo que hay que mejorar. Sin ir más lejos, igual he sentido en eso el apoyo de políticos que dentro de la derecha están preocupados por este carácter desfasado que está teniendo el discurso, un discurso de otra época en muchos aspectos.

-¿Ser de derecha en Chile sigue pasando por ser un católico devoto, querer libre mercado y ser nacionalista y amante del orden?
-El problema que hay es que nos hemos quedado con un solo aspecto del discurso de la derecha, que se ha vuelto más estridente o predominante. Tú lo sintetizas de una manera que suena fuerte pero que está bien determinada, o sea, el tipo de derecha –y que yo creo que es parte de un problema– que combina economía con moral. Economía liberal con moral conservadora. Y deja a un lado una comprensión más integral del ser humano y que incluya el aspecto político, la importancia que tiene la esfera ciudadana, la deliberación pública. Que haga una defensa de lo privado, pero en términos de la importancia existencial de lo privado, más allá de lo económico. O sea, por qué no todo tiene que ser deliberación pública como lo plantean algunos discursos más de izquierda, que solo le atribuyen legitimidad a la esfera pública. Ver qué es lo que realmente está en juego en el ámbito privado, por qué es importante, por ejemplo, ese silencio que es necesario para estudiar, esa tranquilidad sin la cual, decía Hannah Arendt, la vida pública se transforma en puramente superficial, tipo Das Man de Heidegger.

Me parece que lo primero que hay que hacer para darle más densidad al discurso, que es lo que trato de proponer en el libro que escribí sobre la derecha, es reconocer que esta tiene una pluralidad de tradiciones, y que algunas de ellas son más políticas que el típico discurso más sonoro de conservadurismo moral y liberalismo económico. Y a eso hacen referencia los documentos, a que hay por lo menos cuatro derechas que se pueden distinguir: la liberal laica; la liberal cristiana, que es la que tú caracterizabas; la socialcristiana; y la nacional-popular, que está en nombres como Mario Góngora (historiador chileno, Premio Nacional en 1976), quien defendía la importancia del mercado pero que criticaba fuertemente el espíritu materialista. En esas cuatro vertientes del siglo XX tienes mucha mayor complejidad ideológica que la que se ha visto en el sector en los últimos años.

-Jaime Guzmán, un admirador del falangismo español y del nacionalcatolicismo franquista, congenió aquello con la visión económica neoliberal de Milton Friedmann. Tomó lo político de la época autárquica y filofascista de Franco y lo juntó con lo económico de la visión de un ultraliberal integral. ¿Nace ahí la contradicción vital de la actual derecha chilena?
-Si uno mira la vida de Guzmán completa, claro, él partió muy cerca del corporativismo y del falangismo, pero después él tiene un cambio, sobre todo cuando ve lo que él entendía como el peligro totalitario del gobierno de la UP. Ahí Guzmán empezó a asumir posturas democrático-liberales, y combinó esa defensa de la democracia liberal con otra postura bien llamativa: la de la participación de los trabajadores en las utilidades y en el control de las empresas, que lo plantea creo que el 72. O sea, primero tienes un corporativista, luego tienes un liberal político y en economía algo muy distante de lo que se llama usualmente neoliberalismo. ¡Jaime Guzmán iba incluso más allá de lo que hoy propone la reforma laboral! Pero viene el golpe y Guzmán no lo vuelve a decir nunca más y va adhiriendo cada vez más a las posturas de Hayek y de Friedmann, todo eso combinado con una versión muy especial de democracia protegida. Primero es partidario del régimen y luego de una democracia protegida.

"Mi tesis es que, tal como Guzmán cambiaba siempre más rápido que sus cercanos, se hubiera ubicado también más rápido que ellos en los nuevos contextos, manteniendo obviamente ciertas matrices, como su catolicismo. Pero a Guzmán lo matan y el sector se limitó a repetir lo que se decía para la época de Guerra Fría, salvo muy destacables excepciones. Y no tiene mucha lógica seguir repitiendo algo tal como hace veinticinco años".

Pero hay un tema que yo creo que ha sido poco planteado: a Guzmán lo mataron al inicio de la transición. Solo conocimos al Guzmán de la dictadura y nunca conoceremos qué hubiera hecho el Guzmán de la transición. Salvo un par de jugadas, como haber votado por Gabriel Valdés para Presidente del Senado y su distanciamiento con la derecha más tradicional, pero nada más, no le conocimos un pensamiento articulado respecto a cómo era el Chile de la transición. Mi tesis es que, tal como Guzmán cambiaba siempre más rápido que sus cercanos, se hubiera ubicado también más rápido que ellos en los nuevos contextos, manteniendo obviamente ciertas matrices, como su catolicismo. Pero a Guzmán lo matan y el sector se limitó a repetir lo que se decía para la época de Guerra Fría, salvo muy destacables excepciones. Y no tiene mucha lógica seguir repitiendo algo tal como hace veinticinco años.

-Las organizaciones humanas requieren de símbolos, de referentes transcendentales cuyo ejemplo inspire. En Chile la izquierda tiene a Allende, la DC a Frei Montalva, en varios países la derecha tradicional también los tiene, como Charles De Gaulle en Francia o Konrad Adenauer en Alemania. ¿En Chile faltó ese referente trascendental? Porque lo fue Pinochet en su tiempo, pero defender a Pinochet hoy sería impresentable, además no fue un ideólogo.
-Una de las tareas que tiene la derecha hoy es reconstituir sus tradiciones. Ver a los distintos autores y políticos en donde hay algo de pensamiento, y tratar de reapropiárselos. Ahora, esto tampoco se trata de ir al pasado y resucitar a Encina y pensar lo mismo que él pensó, sino que es una tarea de reinterpretación de textos y de intentar readecuar pensamientos pasados, adaptarlos a lo contemporáneo. También en el pensamiento económico de la derecha hay muchos aspectos interesantes; uno puede ir a leer a Hayek o incluso a Friedmann, pero hay que reinterpretarlos políticamente, ver qué alcances tiene un pensamiento económico como ese en el Chile de hoy, ver hasta dónde conviene aplicarlo y hasta dónde no, desarrollar distancia crítica. Pero sobre todo para la construcción de símbolos es importante volver y hacer una reapropiación crítica de autores pasados.

-A la derecha chilena, y en general a las latinoamericanas, se les critica que en lo económico no tienen problema en ser muy liberales, mientras que en lo político y lo valórico abogan por un intervencionismo absoluto del Estado. ¿Cómo se defiende eso desde el pensamiento, desde lo ideológico?
-Más allá de si una derecha sea o no liberal, el problema es la sofisticación comprensiva, o sea, la capacidad que tú tienes de discernir la situación y hacerte cargo de comprenderla, tratar de captar lo que ahí está ocurriendo, cuáles son las pulsiones, los anhelos, las tensiones del momento, y ofrecerle a esa situación caminos de sentido, ofrecerle salidas, salidas que hagan sentido a grandes mayorías. Eso es algo que debe buscar cualquier sector político, sea liberal, sea socialista, sea del lado que sea. A la derecha le ha faltado esa sofisticación comprensiva, y una diversidad de discursos contribuiría a eso. A mí no me da miedo que en la derecha haya sectores más liberales y otros más conservadores, o socialcristianos, o nacional-populares, porque esa misma diversidad te obliga a tener que discutir y a pulir mejor los argumentos, y a que no pasen cosas como lo que pasó con el tema del aborto. Esa dinámica interna de diversidad te lleva a sofisticar tu discurso, volverlo más complejo, y te permitiría algo que hoy la derecha no tiene, y que creo que por eso es importante el pacto Chile Vamos, que es comprender la realidad más allá de herramientas morales o económicas, sino que comprenderla con herramientas específicamente políticas.

-¿Qué es la libertad para la derecha chilena? ¿Por qué libertad para comprar y vender pero no para casarse o para decidir cuándo morir?
-Más que dar una definición de libertad, quiero dar con un principio, que trato de desarrollar en el texto y es clave, un principio de carácter sistemático que es el siguiente: el ser humano tiene dos esferas, una privada o íntima, y una pública o ciudadana, y esas dos esferas se desarrollan estrechamente con los modos de plenitud o de felicidad, y al revés de frustración, que puede experimentar el ser humano. La derecha tiene que pensar esa distinción y pensarla bien, porque la derecha ha soslayado mucho el tema de lo público, la plenitud que tú alcanzas en la vida republicana. Pero por otra parte también le ha faltado, no obstante que defiende la esfera privada, mostrar persuasivamente el por qué el ámbito privado es tan legítimo como el público y debe ser también resguardado.

Desde ahí podría nacer un discurso de derecha que sea capaz de generar atracción, porque muestra aspectos de la plenitud humana, más que defender intereses, y que se volvería altamente persuasivo teniendo en cuenta la radicalización del discurso de cierta izquierda que valora solamente la esfera pública, descuidando la privada, pretendiendo desplazar por completo al mercado de ciertos aspectos de la vida social. Sin reparar en que, cuando desplazas por completo al mercado, ese poder queda en manos del Estado, entonces cómo garantizas una esfera privada fuerte entregándole todo el poder económico y político al Estado. Es mucho mejor abogar por una distribución equilibrada del poder social, en donde lo divides entre un Estado fuerte y un mercado fuerte, y a su vez divides el poder dentro del mercado para que no haya oligopolios, y divides el poder dentro del Estado para que haya una república y haya descentralización.

-¿Tiene un relato hoy la derecha chilena? ¿Un ethos?
-Yo distinguiría dos cosas. En términos, por así decirlo, sociológicos, la derecha en Chile, y en general en el mundo, siempre ha tenido una cierta entidad, es una parte del espectro social. El punto es que en Chile el nivel discursivo de nuestra derecha se ha fosilizado, y eso impide dimensionarla como sector específicamente político más allá de un grupo de intereses, que todos los grupos políticos son también grupos de intereses, pero la gracia es que puedan convertirse también en grupos capaces de entender políticamente. Y me parece que en ese nivel es donde la derecha está al debe. Creo que una luz de esperanza incipiente es que en este consejo político de Chile Vamos nos hayamos reincorporado personas independientes que éramos críticas de lo que se venía haciendo, y se nos haya permitido participar de la elaboración de documentos. Hay bastante políticos que van tomando conciencia recientemente de esta debilidad discursiva que afecta de manera severa al sector, que no es capaz de enfrentar con argumentos a los sectores concurrentes ni de motivar a las grandes mayorías. El no tener un discurso consistente te va minando la mística, la capacidad de convencer y de autoconvencerte. Cuando se pierde el espíritu y el halo de la convicción quedas con la pura máquina. Algo de los casos de financiamiento político tiene que ver con esa pérdida de motivación.

-Cuando uno ve a partidos de centro derecha del extranjero, que son referentes para Chile Vamos, defender cosas como el Estado del bienestar, el matrimonio igualitario, la acogida de refugiados, se sorprende de lo distante que está de eso nuestra derecha.
-Uno de los grandes desafíos que tiene la democracia chilena es, si queremos avanzar al estadio de las democracias más desarrolladas como el país se propone, el poner a sus sectores políticos al nivel de las izquierdas y las derechas más avanzadas. Más allá de que uno pueda no compartir todo lo que esas derechas o esas izquierdas piensan, ahí estamos en deuda. Nuestra derecha está en deuda en tomar conciencia de estas dos esferas del ser humano como esferas igualmente importantes e igualmente valiosas. Hay que avanzar en el reconocimiento de las espontaneidades sociales que abriga un determinado país. Piensa el ejemplo de Alemania, un país con un Estado fuerte que tiene participación en distintas áreas, pero también industrias privadas importantísimas mucho más importantes que cualquier industria chilena. Otra cosa, en Alemania hay una descentralización política de verdad, se toman el asunto en serio con una división de poderes clara. En esos países hay una valoración del paisaje, del entorno, de cómo se inserta en él la vida humana, y aquí estamos lejos de tener plena conciencia de aquello. Tal como no se trata de copiar literalmente a los autores del pasado hoy, tampoco se trata de copiar todo lo de afuera íntegramente, pero sí de buscar una inspiración y un ejemplo para mejorar nuestro sistema político.

-¿Hay una crisis de pensamiento hoy en la derecha chilena?
-Estoy más esperanzado que pesimista. Porque la crisis de algún modo ya se produjo, o sea, no podemos estar más mal de lo que estábamos hace tres o cuatro años, cuando existía la misma crisis que hoy, pero no había conciencia de esa crisis. Hay algo que ya se impuso en la discusión pública y es que la derecha pasa por una crisis intelectual y está tratando de superarla. Yo me doy cuenta en el mundo académico, hay más movimiento e, incluso, en los partidos ahora hay más receptividad sobre estos temas. Reconozco el apoyo de gente como Andrés Allamand, Jaime Bellolio, Mario Desbordes, Hernán Larraín o Cristián Monckeberg, que se percatan de que existe la crisis y de que es importante que gente ligada al mundo académico, del mundo de las humanidades, se meta en el trabajo político y pueda aportar con reflexión. Varios diagnosticamos esta crisis que no es nueva y ahora se está reaccionando. Ahora la pregunta es: ¿va a funcionar esta reacción o va a haber intereses que se van a entrometer? Veo un gran grado de receptividad de varios sectores de la derecha, pero el cómo va a acabar esto es una pregunta abierta.

Documento adjunto: Convocatoria para la Derecha.

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