Piñera cae en la etapa de los errores no forzados - El Mostrador

Martes, 12 de diciembre de 2017 Actualizado a las 22:56

El nerviosismo interno por el riesgo a la sequía de votos para el 17 de diciembre

Piñera cae en la etapa de los errores no forzados

por 30 noviembre, 2017

Piñera cae en la etapa de los errores no forzados
La preocupación que se instaló ante una posible derrota se sustenta en una tesis que recorre a las huestes de la derecha y que apunta a que el principal problema de Piñera es que no tiene espacio hacia el cual crecer en votos para el 17 de diciembre. Este escenario habría hecho que la ansiedad del candidato desbordara los muros de Apoquindo 3000 y se saliera de libreto al comparar a Guillier con Maduro, lo que que solo mostraría su desesperación, o no trepidar en dar las volteretas que haga falta, como aceptar las condiciones de Ossandón en pos de alcanzar los bolsones de votos en Puente Alto.

Ni tan confiados ni tan seguros, más bien nerviosos y bastante preocupados. Así reconocen en el seno mismo de la derecha, del comando y del propio piñerismo, el real estado de ánimo que impera en estos días en las huestes de la oposición con miras a la segunda vuelta y lo que sucede con el propio abanderado, Sebastián Piñera. Su ansiedad ya traspasa los muros de su fortaleza de Apoquindo 3000 y ha quedado plasmada en errores no forzados, salidas de libreto y decisiones –como el giro en 180 grados en materia de gratuidad en la educación superior– que pueden transformarse en pan para hoy y hambre para mañana.

"Yo veo que el candidato Alejandro Guillier está cada día más violento, más demagogo, más populista, más errático y se parece cada día más a Nicolás Maduro (…). Yo me pregunto: ¿adónde nos conduce ese camino? Yo veo que algunos, con tal de aferrarse al poder y a sus prebendas, están dispuestos a hacer cualquier cosa", dijo el martes en la mañana Piñera. Una frase que es propia de lo que en el comando definieron como la necesaria campaña del terror para convocar al militante duro de derecha en la segunda vuelta, recurrir a la vieja estrategia de avivar cotidianamente el sentimiento antiizquierdista de dicho electorado.

El punto es que en el diseño nunca estuvo considerado que fuera Piñera el que se involucrara en este tipo de discurso. “Fue una salida de libreto, no debía decirla”, reconocieron entre los asiduos a Apoquindo 3000. Un error no forzado que contradice el despliegue que desde antes de la primera vuelta hizo el candidato de derecha, de apostar al centro, a instalarse como una figura y líder de unidad, apelar a una suerte de segunda transición, una especie de heredero moderno del legado del ex Mandatario DC Patricio Aylwin.

“No se puede negar que con eso demostró que está más nervioso que lo que demuestra”, se lamentaron en la mesa de RN.

Una mirada compartida por el analista y académico de la Escuela de Gobierno de la UAI, Cristóbal Bellolio, quien precisó que “la gente pensante de la derecha entiende que lo de Venezuela es una caricatura. Se sabe que presentar escenarios de emergencia es rentable, pero cuando es Piñera quien dice que Guillier se parece más a Nicolás Maduro, eso sí habla de que hay preocupación, porque ese era un poni al que solo se subían los más fanáticos de la derecha (…). Hay preocupación porque esta era una carrera corrida y ya no lo es”, precisa.

En la derecha hay quienes están convencidos de que Piñera ganará el balotaje, aunque unánimemente recalcan que lo hará por un margen muy estrecho, que el escenario es más favorable que la segunda vuelta del año 2009, porque ahora la centroizquierda tiene su votación mucho más disgregada y que el verdadero problema en estos días es que el resultado de la primera vuelta –un 36% que fue cuatro puntos por debajo del umbral mínimo esperado– golpeó “demasiado fuerte” a la campaña.

“Se perdió la confianza, eso pasa”, explicaron en el seno del piñerismo, mientras entre quienes son parte de los equipos de trabajo del comando presidencial reconocieron que no abunda el optimismo: “El problema es que muchos ya se habían probado el terno de ministros; ahora, están asustados”, asumieron.

En la lista de errores en la derecha suman el gesto de apoyo que le dieron a Piñera hace dos días 12 miembros del partido Ciudadanos, liderados por el ex DC Juan José Santa Cruz; el ex presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Rafael Guilisasti; y el empresario Jorge Errázuriz. Esto, porque precisamente la idea no es perfilar la imagen empresarial del abanderado, que es la que genera ronchas y críticas a nivel de opinión pública. “Esa foto estuvo mal, era el candidato con la mitad de la Bolsa de Comercio. Ahí mostró desesperación”, se lamentó un alto dirigente de RN.

La preocupación que se instaló ante una posible derrota se sustenta en una tesis que recorre a las huestes de la derecha, la dirigencia de Chile Vamos y el corazón del comando, que apunta a que el principal problema de Piñera es que no tiene mucho espacio hacia el cual crecer en votos para el 17 de diciembre, porque el supuesto trasvasije de votos del electorado DC, al que muchos apuestan en el sector, ya se habría producido.

“La votación de Sebastián Piñera, y muy especialmente la suya que coqueteó con el voto DC, ya ha recibido el dopaje de este votante y, por lo tanto, no existiría una reserva de votantes DC disponible para la segunda vuelta. En el comando de Piñera estos números no han sido analizados con detalle, pero si a primera vista los datos parecen coherentes, el candidato tiene por delante un enorme trabajo pendiente para movilizar al electorado de derecha que no acudió a votar más que por captar votos en la DC”, reza la columna de John Müller en El Mercurio, el lunes 27 de noviembre, la que –aseguraron en el seno del piñerismo– ha calado hondo y presenta una visión compartida estos días por muchos.

Para Bellolio, la sequía del pozo de votos de Piñera es un punto no menor a considerar, que viene a explicar el clima de incertidumbre y nerviosismo. “Están preocupados y cuentan la mitad de la historia al comparar este escenario con lo sucedido el año 2009, porque no dicen que un tercio de los votos de Marco Enríquez-Ominami se fue a Piñera, ese MEO-piñerismo ahora no se ve, no está, es muy poca la gente que votó por Beatriz Sánchez y que ahora votará por Piñera”, dice.

En el comando defendieron el giro que se dio y criticaron que cuando Guillier cambia de opinión es democrático o está ampliando sus planteamientos, pero, cuando lo hace Piñera, “lo acusan de darse una vuelta de carnero”. Dicen que hace semanas que se le había planteado al candidato de derecha la necesidad de modificar la postura en materia de gratuidad y que el error fue que no explicó bien las razones de su cambio, para que no quedara como una motivación electoral: “Es cierto, él debió precisar que la gratuidad es una demanda que está más empoderada de lo que pensó y que, por lo mismo, no podía seguir en la línea que tenía, pero no lo hizo, se vio mal”.

En el seno del comando reconocieron que, ante este escenario, es que se asumió que cada voto es relevante y que esto explica las acciones y decisiones de la última semana, como la de sumar al polémico senador RN Manuel José Ossadón, para intentar capturar los bolsones de votos que ostenta en dos comunas claves del país, La Florida y Puente Alto, a cambio de aceptar las condiciones que puso el parlamentario: no desdecirse de ninguna de las críticas que anteriormente le hizo a Piñera y comprometerlo con la gratuidad en la educación superior y el metro para La Pintana.

“En el comando, el núcleo duro, no querían recurrir a Ossandón, pero se vieron obligados porque se resolvió no dejar ningún voto volando”, precisó un histórico piñerista, mientras que Bellolio advirtió que hay “mucha gente de derecha a la que le importa la claridad doctrinaria y los contornos claros, por lo que comprarle el discurso a Ossandón no es algo que les guste, eso es pan para hoy y hambre para mañana. El problema es que no tiene otra opción”, sostiene.

Cara de hereje

El error del abanderado de derecha con la frase comparando a Guillier con Maduro es solo uno de los temas que ha generado ruido, porque aún resuenan las cientos de declaraciones que en los últimos tres años y medio desplegaron los parlamentarios de Chile Vamos para criticar la gratuidad en la educación superior, como las opiniones del propio Piñera sobre el tema, para terminar aprobando el proyecto en el Congreso la semana pasada y con el candidato prometiendo avanzar en dicha política “lo más posible, (lo que) depende del crecimiento de nuestra economía”.

Fue mientras era Presidente, el año 2011 –en pleno conflicto con el movimiento estudiantil–, que consideró a la educación un “bien de consumo”; y, en junio de este año, después de haber ganado las primarias de Chile Vamos con más de 1 millón 300 mil votos, aseguró que se mantendría la gratuidad al 50% como era en ese momento y que, con la otra mitad, su idea era cambiar el sistema de financiamiento con un “nuevo sistema combinando becas para los alumnos más meritorios y más vulnerables, y préstamos en condiciones mucho más favorables, no administrado por los bancos sino por una agencia estatal”.

Es más, al mes siguiente, en julio, después que la Cámara de Diputados aprobara el proyecto que aumentó la gratuidad al 60%, Piñera acusó al Gobierno de irresponsable: "Los estudiantes tienen muchos derechos, pero no son los únicos. Hay otros grupos de nuestro país que tienen igual o más derechos. Y que tienen que ser considerados, aun cuando no marchan ni protestan ", agregó. Pero el viernes 24 de noviembre, en una entrevista en Radio Bío Bío, Bellolio hizo una advertencia sobre este giro: “Es normal flexibilizar posiciones, pero con el tema de la gratuidad el problema no es que la rechazaron primero y ahora la aprobaron, sino que la derecha cree que es injusta y ahora están ofreciendo algo en que no creen”.

El ex director de Adimark y analista, Roberto Méndez, agregó que, a semana y media ya de la primera vuelta, tanto Piñera como Guillier no han actuado con claridad, que en lo que han mostrado hasta ahora hay más incertidumbre que certezas sobre la estrategia que tienen para el balotaje, pero también advirtió sobre el riesgo de las volteretas programáticas muy drásticas. “La gente va a ser muy severa con giros sin justificación o contradictorios, por eso es tan difícil y por eso creo que ninguno de los dos ha encontrado el tono adecuado”, sentenció Méndez.

En el comando defendieron el giro que se dio y criticaron que cuando Guillier cambia de opinión es democrático o está ampliando sus planteamientos, pero, cuando lo hace Piñera, “lo acusan de darse una vuelta de carnero”. Dicen que hace semanas que se le había planteado al candidato de derecha la necesidad de modificar la postura en materia de gratuidad y que el error fue que no explicó bien las razones de su cambio, para que no quedara como una motivación electoral: “Es cierto, él debió precisar que la gratuidad es una demanda que está más empoderada de lo que pensó y que, por lo mismo, no podía seguir en la línea que tenía, pero no lo hizo, se vio mal”.

En el seno del piñerismo añadieron que este giro en materia de gratuidad, a pesar de las críticas, era “mucho mejor que el costo de darle un portazo al tema”. Es que en el núcleo duro del candidato ronda un fantasma no menor, el de la campaña de Joaquín Lavín el año 1999, quien pasó a segunda vuelta con Ricardo Lagos y perdió el balotaje por menos de 30 mil votos.

Recurrentemente sale a colación en las conversaciones lo que se considera hoy un error garrafal de aquella campaña: el no alinearse con el tema de la reforma laboral que entonces puso La Moneda en el debate público. “La UDI optó por la doctrina y Lavín perdió. Por eso, se decidió no cometer el mismo error y dar todas las volteretas que sean necesarias en los temas claves”, admitió un piñerista duro.

Dicho de otro modo, en el entorno del candidato hablan de actuar con más humildad y no prescindir de nadie, ir sumando nichos aunque la clave –recalcaron– está en evitar que se le resten votos. Piñera –explicaron– no puede moverse de sus posturas en los temas valóricos, para no entrar en conflicto con el mundo evangélico, ni tampoco sacar del clóset –aunque se esté conversando con algunos en reserva– al mundo militar en retiro, porque eso atenta con sul perfil de centro y más moderno.

“El nerviosismo no es malo, es mucho mejor esto que el ambiente que hubo entre la primaria y la primera vuelta, ese relajo que primó en muchos, que era carrera ganada. Ahora, todos tienen claro lo que hay que hacer: menos reuniones y más calle”, sentenció un piñerista histórico.

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