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Celulares a evaluación: promover el buen uso, no prohibir

por 30 julio, 2019

Celulares a evaluación: promover el buen uso, no prohibir
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Estamos cerca de celebrar los 100 años del inicio de la Era de Prohibición, que significó la supresión de toda bebida alcohólica en todo Estados Unidos. Ese periodo histórico trajo personajes y anécdotas llenas de color, pero también valiosas lecciones que debemos rescatar. La más importante de ellas: el hecho de crear una ley (o decreto) que prohíba un producto o acción no elimina el problema que da origen a la norma y se corre el riesgo de incrementar exponencialmente los conflictos y tensiones. Esa medida no tuvo la repercusión pensada y terminó por ser derogada en 1934.

Hoy estamos en presencia de un nuevo punto de controversia: en estos días se discute la pertinencia del uso de celulares en el aula.

Los celulares inteligentes son una realidad para muchos de los estudiantes de enseñanza básica y media. Es cierto que el uso actual del celular por parte de los adolescentes y adultos jóvenes se centra en redes sociales y la recreación, por lo que dentro de las aulas son un factor muy poderoso de distracción. Está documentada la adicción que pueden causar y que diversas plataformas utilizan (con los "me gusta" o retweet, por ejemplo). A pesar de ello, prohibirlos en la sala de clase resulta artificial, aleja a la "vida real" del discurso escolar, las situaciones cotidianas y las posibilidades disponibles.

Como toda tecnología, la principal herramienta para estimular y practicar el buen uso de este recurso es más y mejor educación: construir instancias donde los docentes y estudiantes puedan descubrir sus posibilidades.

Por si mismos, los celulares son poderosos computadores capaces de procesamiento en paralelo y permiten tomar fotografías (evidencia de las experiencias), grabar audios (las mismas clases, por ejemplo), editar texto (tomar notas), realizar cálculos algebraicos y tienen capacidad para almacenar una gran cantidad de libros.

Si a eso se le suma una conexión a internet, las posibilidades se multiplican: búsqueda de información, videos, videoconferencia con otros estudiantes (o expertos), procesamiento de datos en la nube, traducción simultánea, etc. Y si se conectan a dispositivos ya existentes en colegios (como microscopios o telescopios) extienden su uso y el alcance de las lecciones para la vida de los estudiantes.

Existe una faceta más cercana a la experimentación y la ciencia que desarrollamos en Lab4U, donde los celulares tienen un papel central. Los smartphones pueden incluir desde su fabricación diversos chips que entregan mucha información útil: acelerómetro, giroscopio, brújula (magnetómetro), termómetro, sensor de luz, GPS y manómetro. Estos son el reemplazo perfecto para una gran cantidad de sensores y herramientas de medición experimental.

Utilizados de esa manera pueden sustituir caros equipos a los que muy pocos colegios pueden acceder, transformando la experiencia de aprendizaje utilizando las herramientas que ya están instaladas en el aula. Con ello se acerca a los estudiantes la vivencia del científico, promoviendo el trabajo colaborativo, el pensamiento crítico y la alfabetización científica.

Entre otras iniciativas para el uso de celulares con sentido didáctico en el aula podemos nombrar: Kahoot, que realiza concursos de selección múltiple en tiempo real. Puede trabajarse en grupos; Plickers, que permite recoger información individual de conocimiento u opinión utilizando la lectura de códigos QR que presentan los estudiantes. Estas iniciativas y otras iniciativas pueden ser aplicadas a las clases de lenguaje, historia, ciencias, matemática y artes. Es decir, todos los ámbitos de la instrucción escolar, de rápida implementación y bajo costo.

Esta modalidad de trabajo no es nueva en el mundo de la educación, la preocupación por las Tics lleva varias décadas en el currículo internacional y en el chileno, con diversos programas para favorecer su uso. Eliminar a los celulares de la sala significa entrar en contradicción con las mismas bases curriculares que promueven el uso de computadores y tablets en el quehacer docente.

La propuesta del uso de tecnologías se basa en la necesidad de la alfabetización digital, pero dado su uso masivo entre los jóvenes, también puede implicar mejoras en la motivación, la idoneidad de las lecciones y la pertinencia del conocimiento para su vida actual. Todo esto dentro de un mundo lleno de cambios e incertidumbres que los llevará a una vida laboral muy distinta de la actual.

Tomemos, como sociedad, a esta tecnología como una oportunidad para levantar una comunicación efectiva entre profesores y estudiando, consensuando formas de uso que ayuden a todos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. No tomemos una decisión de prohibición que redunde en mayores problemas y desencanto, como hace 100 años ya aprendimos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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