Publicidad
Encerrados, pero no apagados: Cómo encender la magia del aprendizaje en los días de invierno Opinión Créditos: Cedida.

Encerrados, pero no apagados: Cómo encender la magia del aprendizaje en los días de invierno

Publicidad
Geraldine Jara
Por : Geraldine Jara Directora de la carrera de Educación Parvularia UNAB.
Ver Más


El Mostrador Fuente Preferida

Llegó julio y, con él, el invierno se hace sentir con fuerza. Nuestros días parecen más cortos, las mañanas frías y muchas veces, queda replegarse entre cuatro paredes. Es fácil que en esta época del año las familias entren en “modo supervivencia”: una rutina rápida donde el cansancio acumulado del primer semestre pesa y el encierro se vuelve sinónimo de pantallas encendidas para capear el aburrimiento de la familia. 

Sin embargo, las educadoras sabemos que el invierno no tiene por qué ser un tiempo muerto para potenciar a los niños y las niñas. Al contrario, es una oportunidad de oro para desacelerar el ritmo vertiginoso del año y encender una chispa que la rutina a veces apaga: exploremos el asombro.

En la primera infancia, el cerebro no aprende mediante la presión o la repetición mecánica; aprende a través de la emoción, el vínculo y el juego. Cuando el hogar se tensa por las exigencias, el frío o el estrés de los adultos, los niveles de cortisol suben y las ventanas del aprendizaje se cierran. Por eso, el gran desafío invernal para las familias no es transformar la casa en una zona rígida, sino en un “laboratorio” de experiencias significativas.

No se necesitan recursos costosos ni materiales sofisticados. Llevar “magia” al hogar en un día de lluvia o de frío extremo es, simplemente, aprender a mirar lo cotidiano con ojos de niño. Es entender que la física, el lenguaje, la matemática, la resiliencia y la fortaleza socioemocional están suspendidas en las cosas más simples de la casa, esperando ser descubiertas.

¿Cómo transformamos un aburrido día de encierro en un espacio mágico de aprendizaje? Aquí tres invitaciones sencillas:

  • La física de la cocina “Una pócima caliente”: Preparar juntos una sopa, unas galletas o un simple chocolate caliente no es solo cocinar; es un viaje científico. Ver cómo el hielo se derrite, cómo el agua se evapora (estado gaseoso) o cómo cambian los olores al calentar los ingredientes estimula los sentidos y la curiosidad científica natural de un párvulo. ¡No tiene que quedar perfecto! Cuidar que no se convierta en un espacio para demostrar artes culinarias y terminar enojados. 
  • Historias a la luz de las sombras: Cuando la tarde caiga temprano, apaguemos las luces. Con una linterna y las manos (o siluetas de papel) podemos proyectar sombras en la pared. Crear historias en la penumbra no solo estimula el lenguaje abstracto y la imaginación, sino que resignifica la oscuridad —que a veces da miedo— en un escenario de juego seguro y compartido. ¡No caer en la tentación de asustar o burlarse de los más pequeños! Cuidarnos es algo que deberíamos esperar de nuestra familia en casa. 
  • La arquitectura de “la carpita”: Permitir que los niños saquen sábanas, sillas y cojines para construir una fortaleza o una cueva en la mitad del living. Ese espacio, que a los adultos nos puede parecer “desorden”, para ellos es un refugio de autonomía. Leer un cuento dentro de esa fortaleza improvisada genera un recuerdo imborrable y un bienestar socioemocional que blinda su salud mental contra el estrés invernal. ¡Ya habrá tiempo para poner todo en su lugar! ¿Para quién tiene que estar todo impecable? Desconfíen de las casas impecables que tienen niños. 

El invierno nos invita a mirar hacia adentro, a buscar el calor. Aprovechemos este repliegue forzado no para estresarnos por lo que los niños y niñas “dejan de hacer” afuera, sino para celebrar lo que podemos construir adentro. Que el frío de estos meses se combata con la calidez de un cuento compartido, un juego sin prisa y la certeza de que, entre cuatro paredes, también se puede descubrir el universo. Dejemos que los pequeños se asombren; al fin y al cabo, la magia del aprendizaje es más significativa si empieza en casa.

Publicidad