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Llega a Chile la moda de los concursos de belleza para niñas: “Hay que darles una nueva Cecilia Bolocco”

por 5 julio, 2017

Llega a Chile la moda de los concursos de belleza para niñas: “Hay que darles una nueva Cecilia Bolocco”
El evento se realizó en Temuco y tuvo dos soberanas en las categorías de 4 a 8 y de 9 a 12 años. Según la psicóloga Alexandra Vidal, “entran a un mundo que no les corresponde”.
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Los concursos de bellezas para niñas siempre han estado rodeados de críticas, aunque en países como Estados Unidos son toda una industria comercial en la que se invierten millones de dólares. Pero lo que genera un sinnúmero de detractores es que al sólo pronunciar el tema, muchos se imaginan niñas pequeñas ultra maquilladas caminando con tacos, peinados tinturados, vistiendo trajes brillantes y demostrando una sensualidad y/o sexualidad no acorde para su edad.

Estas competencias son un verdadero imperio que gira en torno a la belleza, clases de baile, bronceados, prótesis dentales, vestuarios carísimos, peluquería, manicure, clases de protocolo, actuación, y más, todo dependiendo de las pruebas que se soliciten para obtener el premio mayor.

En Francia, en cambio, en el año 2013 votaron para prohibir los concursos de belleza para niños menores de 16 años, lo que generó un amplio debate en la época.

En Chile, se llevó a cabo esta semana el Mini Miss Chile 2017 en el Teatro Municipal de Temuco. Hubo dos categorías de 4 a 8 años y de 9 a 12 años; en ambas, dos pequeñas salieron triunfantes y agradecieron el apoyo de sus familias. Fueron 50 niñas de todo el país las que participaron y donde también se premió al mejor traje patriota y de noche y a Miss Simpatía, Modelo, Talento y Proyección, entre otras categorías.

En el evento estuvo presente la Miss Universo Chile 2016, Catalina Cáceres, quien precisó que "me encanta este evento, de verdad siento que nos ayuda a formar a las candidatas para el futuro, a niñitas que cuando lleguen a concursos nacionales se paren con muchísima más seguridad y cuando les toque un concurso internacional puedan verse a la cara con cualquier país sin pensar que están en un nivel inferior", según informó El Austral.

Keno Manzur, encargado y productor del evento, señaló que “lo que nos motivó a realizar esta actividad principalmente fue darle tribuna a todas las niñitas y jóvenes que les encantan los concursos de belleza y que no quieren esperar hasta tener las edades permitidas como, por ejemplo, 17 años para una Miss Mundo o 18 para una Miss Earth o Miss Universo. La idea es que de chiquititas ellas empiecen a agarrarle el gustito a los concursos de belleza y que realmente se enteren de lo que son y que no es lo que muchas personas piensan, para eso tienen que vivirlo y que lo vivan de chiquititas, mejor”.

Paola Olave, otra de las productoras del evento, explica que “los requisitos eran tener entre 4 a 12 años, gustar del modelaje y tener la personalidad suficiente para presentarse en un escenario, nada más, no buscamos estereotipos de belleza, ni talla, ni peso”.

Según los organizadores, las niñas no cumplieron roles de mujeres adultas. “Acá no se disfrazaron de adultas ni hicieron nada inadecuado. Al contrario, se presentaron con un bello traje inspirado en la bandera y luego un bello traje de fiesta que cualquier niña puede usar en un concurso de reinas, incluso de su colegio”, relató Olave.

Y Manzur agrega que “las niñas siempre están con un apoderado, con familiares, entonces siempre hay un trato de niña, un trato entretenido. La verdad, es que finalizado el concurso recibimos pura buena onda, pura buena energía, puros buenos comentarios de los apoderados de las 50 niñas que participaron en la primera edición y si hemos recibido críticas ni me he enterado”.

Este tipo de concurso genera muchos anticuerpos, primero por el culto a la belleza y porque. como señala la psicóloga Alexandra Vidal, “no son positivos para niñas tan pequeñas que aún están desarrollando su autoestima y la confianza en sí mismas. Esto las lleva a comenzar a temprana edad la competencia, a sentirse disconformes consigo mismas”.

La experta agrega que “entran a un mundo que no les corresponde, este mundo les despierta intereses que si sus fortalezas no están bien firmes y no cuentan con herramientas internas, puede llevarlas por un camino negativo, como los trastornos alimenticios, por ejemplo”.

Keno Manzur organizador del evento defiende la actividad y dice que “la idea del concurso es que las niñas les agarren el gusto a los concursos de belleza para que cuando sean grandes a nuestro país le empiece a ir mejor en los concursos de belleza internacionales porque hay muchos fanáticos en Chile que no tiene por qué ser mirados en menos y hay que darles en el gusto, hay que darles una nueva Cecilia Bolocco”.

Además, explica que lo principal del concurso es que las niñas siempre son niñas. “Las niñas siempre están con un apoderado, con familiares, entonces siempre hay un trato de niña, un trato entretenido”. Es que, según Manzur, “las únicas críticas que realmente me importan son de las personas que saben lo que hicimos, que estuvieron presentes en el evento, que vieron de qué se trataba y que están todos desesperados a volver a participar del otro año, con mucho interés. Me imagino que las críticas tienen que ser cómo dejen a las niñas no sé qué… pero es gente que no sabe del concurso, gente que no fue al concurso, gente que se imagina cosas, entonces critica en base a prejuicios”, finaliza.

Por su parte, Paola Olave manifestó un punto de vista distinto a la psicóloga: “Aprenden a ser femeninas, a tener más personalidad y quererse tal cual son. A quienes critican les diría que comparen las diferencias entre nuestros concursos con los de otros países, que vean con la altura y elegancia que se realizó el concurso, que rescaten cosas positivas, como por ejemplo, escuchar a una mamá que diga 'pensaba que mi hija no tenía personalidad', que nunca pensó que ella podría pararse con desplante y que ese es su mejor regalo. Ayudar a pequeñas a desarrollar su personalidad y quererse tal cual son, es algo que no tiene precio”.

Alexandra Vidal ahonda y señala que “generalmente son las madres las que se proyectan a través de las hijas con sus deseos reprimidos que hacen que participen en un mundo así que no les corresponde. Están en una edad de disfrutar su niñez de aprender a ser seguras adquiriendo bases para enfrentar el mundo más grande cuando tengan que desprenderse de sus padres y ser más autónomas". Y explica que “no estoy de acuerdo que entren a un mundo de competencia y menos aún si no han desarrollado la tolerancia a la frustración, esto puede provocar un malestar emocional temprano”.

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