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Mujeres, travestismo y colonia: el hallazgo detrás de la Monja Alférez BRAGA Crédito: EFE.

Mujeres, travestismo y colonia: el hallazgo detrás de la Monja Alférez

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La literata boliviana Mónica Navia presentó una investigación sobre Catalina de Erauso en Charcas, actual Bolivia, donde halló archivos judiciales de otras mujeres que se vistieron de hombres y fueron perseguidas durante la época colonial.


La figura de Catalina de Erauso, conocida como la Monja Alférez, ha sido leída durante siglos como una historia excepcional: una novicia vasca que escapó del convento, viajó a América, adoptó identidad masculina y participó como soldado en la conquista. Sin embargo, una investigación boliviana plantea que su caso no fue el único en la colonia.

Catalina de Erauso, una figura entre la historia y el mito

Catalina de Erauso, también conocida como la Monja Alférez, es uno de los personajes más singulares del mundo colonial hispanoamericano. Nacida entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII en San Sebastián, España, escapó del convento donde vivía como novicia, adoptó vestimenta masculina y se incorporó al mundo social, laboral y militar de su época. Su historia fue recogida en una autobiografía atribuida a ella y publicada por primera vez en París en 1829, aunque su figura ha sido objeto de debate histórico, literario y académico.

Su vida ha sido reinterpretada en libros, estudios, obras de teatro y películas. En América, De Erauso recorrió distintos territorios coloniales y fue conocida por su participación como soldado, sus desplazamientos bajo identidad masculina y una trayectoria marcada por episodios de violencia, fuga y reconocimiento oficial.

Ahora, una investigación de la literata boliviana Mónica Navia vuelve sobre su paso por el antiguo territorio de Charcas —actual Bolivia— y abre una pregunta más amplia: cuántas otras mujeres transgredieron las normas de género de la época vistiendo como hombres, y qué ocurrió con ellas cuando fueron descubiertas.

Una investigación en archivos coloniales de Charcas

Navia presentó esta semana su libro Olvido y memoria de Catalina de Erauso en la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). La investigación buscó rastrear las huellas de De Erauso en ciudades coloniales de la actual Bolivia, entre ellas Potosí, La Plata —hoy Sucre—, Cochabamba y La Paz.

«Lo que más me ha gustado es que al buscarla a ella encontré a otras mujeres que se travistieron también en la colonia», dijo a EFE la literata boliviana Mónica Navia.

De acuerdo con la investigación, la Monja Alférez llegó a Charcas tras huir de Chile, luego de haber «asesinado involuntariamente» a su hermano. El trabajo de Navia se apoya tanto en la autobiografía atribuida al personaje como en archivos coloniales de Potosí y Sucre.

Lo que comenzó como una indagación sobre una figura legendaria terminó revelando un conjunto de documentos históricos y judiciales sobre otras mujeres que, al igual que De Erauso, se vistieron de hombres en la colonia.

Mujeres que desafiaron las normas de su tiempo

Según Navia, algunas de estas mujeres pudieron haber adoptado vestimenta masculina por razones vinculadas al género o al lesbianismo; otras, para encontrarse con un amante, «hacer fechorías» o ejercer mayor autonomía en espacios públicos.

La investigadora dedica un capítulo de su libro a Las damas travestidas de Charcas, donde reúne casos que muestran cómo estas prácticas fueron observadas, registradas y, en algunos casos, castigadas por las autoridades coloniales.

Algunos episodios pasaron desapercibidos, pero otros quedaron consignados con detalle en expedientes judiciales. Esos registros permiten observar no solo las trayectorias individuales, sino también el control social y legal que recaía sobre quienes desafiaban las normas de género de la época.

Los casos registrados en documentos judiciales

Uno de los casos destacados por Navia corresponde al asesinato de Beatriz Gonzáles en 1597, en La Plata. Según los documentos judiciales, fue asesinada por su esposo, un alto funcionario, después de que este descubriera que mantenía una relación de dos años con un amante.

Los archivos señalan que Beatriz visitaba a esa persona «en hábito de hombre, con unos calzones de terciopelo negro y unos zapatos negros y un sombrero negro y un capote de color del sayo que traía vestido».

Otro caso, fechado en 1804, describe la demanda de Martina Bilbao contra Antonio Yta. La mujer sostuvo que había contraído matrimonio cuatro años antes «bajo la creencia de que era varón porque estaba en traje de tal», pero con el tiempo se estableció «que en realidad era mujer vestida de hombre».

Según el expediente, Yta argumentaba que no podía consumar el matrimonio porque había hecho voto de castidad. Sin embargo, tras una confesión, se estableció que su nombre era María Yta y que había vivido como Antonio durante diez años entre Roma, Buenos Aires, Potosí y La Plata.

Navia también menciona una historia de 1635 en Potosí sobre una mujer apodada La Tenienta, quien se vestía de hombre para ingresar a una prisión y participar, junto a su pareja, el carcelero, en maltratos contra los presos. El caso fue considerado escandaloso y terminó en juicio.

Crédito: EFE.

La paradoja de Catalina de Erauso

La investigación estableció diez historias similares en la colonia, según Navia. Para la literata, uno de los aspectos más llamativos es la diferencia entre el destino de Catalina de Erauso y el de otras mujeres registradas en los archivos.

«Hallar a Catalina me ha hecho encontrar a mujeres que, travestidas también en hábito de hombre, realizaban acciones que recibieron condena por el hecho de travestirse o por acciones relativas al travestismo», apuntó.

Navia subraya la paradoja de que De Erauso haya recibido posteriormente reconocimientos de la corona española y se le permitiera volver a ser monja, mientras que otros casos terminaron en persecución y condena.

Esa diferencia, plantea la investigación, permite observar cómo la excepcionalidad de la Monja Alférez fue construida también desde el poder: una figura perdonada, reconocida y convertida en leyenda, frente a otras mujeres cuyos nombres quedaron asociados al castigo, al expediente judicial o al escándalo.

Memoria, género y archivo colonial

El hallazgo de Navia no solo amplía la mirada sobre Catalina de Erauso, sino que también tensiona la forma en que se ha contado la historia colonial.

Los archivos judiciales, muchas veces leídos como registros de delito o transgresión, aparecen aquí como una puerta para reconstruir vidas que quedaron fuera de los relatos oficiales. Mujeres que se vistieron de hombres para circular, amar, escapar de la violencia o participar en espacios negados por las normas de su tiempo.

En ese sentido, Olvido y memoria de Catalina de Erauso propone mirar más allá del personaje legendario y atender a una constelación de historias menos conocidas, pero igualmente reveladoras de las tensiones entre género, poder y vida pública en la colonia.

La investigación boliviana muestra que la Monja Alférez no fue una anomalía aislada. Su historia, al ser revisada desde Charcas, permite recuperar otras voces y trayectorias que también desafiaron los límites impuestos por la sociedad colonial.

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