Publicidad
Cómo cuidar la piel frente al estrés, la contaminación y el envejecimiento con algunos hábitos BRAGA Crédito: Cedida

Cómo cuidar la piel frente al estrés, la contaminación y el envejecimiento con algunos hábitos

Publicidad

Dormir mal, el estrés, los desequilibrios de la microbiota intestinal y la contaminación ambiental pueden acelerar el envejecimiento de la piel. Una especialista entrega cinco recomendaciones para fortalecer la barrera cutánea y prevenir la llamada “cara de smog”.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El Día Internacional del Autocuidado invita a reflexionar sobre la importancia de proteger la piel frente a factores internos y ambientales como el estrés, el mal descanso, la microbiota intestinal y la contaminación. La doctora María Eugenia Urrutia entrega cinco recomendaciones para fortalecer la barrera cutánea, prevenir la denominada “cara de smog” y aprovechar herramientas como la inteligencia artificial para personalizar las rutinas de cuidado. Además, enfatiza el uso diario del protector solar durante todo el año.
Desarrollado por El Mostrador

El Mostrador Fuente Preferida

La piel es mucho más que la superficie que vemos frente al espejo. Es el órgano más grande del cuerpo y cumple funciones esenciales: actúa como una barrera frente al entorno, ayuda a regular la temperatura y participa en la respuesta inmunológica. Por eso, cuando se altera, sus efectos pueden ir mucho más allá de la apariencia.

El sueño insuficiente, el estrés sostenido, una alimentación poco equilibrada, las alteraciones de la microbiota y la exposición cotidiana a factores ambientales como la contaminación y la radiación ultravioleta forman parte de lo que los especialistas estudian como el impacto acumulativo sobre la piel.

En ciudades como Santiago, además, la calidad del aire agrega otro factor. Las partículas y otros contaminantes pueden generar estrés oxidativo, inflamación y alteraciones de la barrera cutánea. A esto se suma la radiación UV, que contribuye al fotoenvejecimiento y al daño acumulativo de la piel.

“La piel no es solo apariencia. Es una barrera inmunológica, regula la temperatura corporal y muchas veces refleja lo que ocurre al interior del organismo. Cuidarla con información y constancia es una forma concreta de practicar el autocuidado responsable”, afirma la médica cirujana María Eugenia Urrutia, quien comparte cinco recomendaciones y explica cómo innovadoras plataformas de última generación permiten identificar las necesidades de la piel y personalizar su cuidado.

¿Qué factores afectan la salud de la piel?

La salud cutánea depende de múltiples variables. Algunas son externas, como la radiación solar, la contaminación, el frío o los cambios de temperatura. Otras están relacionadas con el estilo de vida y con procesos internos del organismo.

El estrés y la falta de sueño, por ejemplo, pueden influir en los procesos de reparación de la piel. La investigación también ha profundizado en la relación entre el intestino y la piel, mientras que la contaminación atmosférica se reconoce cada vez más como uno de los componentes del denominado exposoma cutáneo.

La buena noticia es que existen hábitos sencillos que pueden contribuir a mantener una barrera cutánea saludable.

1. Controlar el estrés también es cuidar la piel

El estrés forma parte de la vida cotidiana, pero cuando se mantiene durante largos períodos puede afectar distintos procesos del organismo, incluidos aquellos relacionados con la piel.

La activación sostenida de las respuestas asociadas al estrés puede favorecer procesos inflamatorios y alterar la función de la barrera cutánea. Esto puede traducirse en mayor sensibilidad, irritación o una recuperación más lenta frente a determinadas agresiones.

“Muchas personas relacionan el envejecimiento de la piel únicamente con la exposición al sol, pero existen otros factores que también pueden influir. El estrés sostenido es uno de ellos, por lo que una rutina de cuidado respetuosa y constante es importante para ayudar a mantener la función de barrera”, explica Urrutia.

Más que sumar productos, la recomendación es evitar rutinas excesivamente agresivas y priorizar una limpieza adecuada, hidratación y productos compatibles con las necesidades individuales de la piel.

2. Intestino y piel: una relación que sigue siendo estudiada

La conexión entre el intestino y la piel es otro de los campos que ha adquirido relevancia en la investigación dermatológica. El llamado eje intestino-piel estudia cómo la microbiota intestinal, el sistema inmunológico y distintos procesos metabólicos pueden relacionarse con la salud cutánea.

Esto no significa que un alimento específico pueda por sí solo solucionar un problema dermatológico, pero sí refuerza la importancia de una alimentación equilibrada y de cuidar la salud general.

También existe una microbiota propia de la piel, que forma parte de su ecosistema natural. Por eso, una limpieza excesiva o el uso indiscriminado de productos irritantes pueden alterar el equilibrio de la barrera cutánea.

“Hoy entendemos que la piel no funciona de manera aislada. Existe una comunicación permanente entre distintos sistemas del organismo y la piel, por lo que también es importante evitar limpiezas excesivamente agresivas que puedan alterar su equilibrio natural”, señala la especialista.

3. La contaminación también puede afectar la piel

El smog no solo preocupa por sus efectos sobre el sistema respiratorio. La exposición a contaminantes atmosféricos también puede tener consecuencias sobre la piel.

Las partículas finas y otros contaminantes pueden depositarse sobre su superficie y contribuir al estrés oxidativo y a procesos inflamatorios. La investigación ha relacionado la contaminación ambiental con alteraciones de la barrera cutánea y con mecanismos asociados al envejecimiento.

De ahí surge el concepto de “cara de smog”, utilizado para describir el aspecto de una piel expuesta de manera reiterada a ambientes contaminados: más opaca, deshidratada o con mayor sensibilidad.

Para disminuir el impacto cotidiano, la especialista recomienda mantener una limpieza suave al finalizar el día y utilizar productos que ayuden a mantener la hidratación y la función de barrera, evitando sobrecargar la piel con demasiados activos.

La contaminación, además, no reemplaza la necesidad de utilizar protector solar: ambos factores ambientales pueden coexistir y contribuir al daño acumulativo.

4. La inteligencia artificial puede ayudar a personalizar el cuidado de la piel

La tecnología también está cambiando la manera en que las personas conocen y siguen sus rutinas de cuidado. Actualmente existen herramientas basadas en inteligencia artificial capaces de analizar imágenes y distintos datos para orientar sobre características y necesidades de la piel.

La literatura científica muestra que la IA ya se utiliza en dermatología para análisis de imágenes, apoyo a decisiones clínicas, personalización de cuidados y otras aplicaciones. Sin embargo, los especialistas advierten que una fotografía por sí sola no reemplaza una evaluación médica, especialmente cuando existen lesiones, cambios persistentes o síntomas.

“La IA puede ser una buena aliada para orientar el cuidado de la piel, especialmente en personas que no saben por dónde empezar o tienen dudas sobre si su rutina se ajusta a sus necesidades. Yo recomiendo LIA, una asesora de inteligencia artificial con respaldo médico que, a partir de información como el tipo de piel, los objetivos y el estilo de vida, entrega un Skin Score personalizado y permite hacer seguimiento del progreso”, explica Urrutia.

La especialista enfatiza que este tipo de herramientas deben entenderse como apoyo y no como reemplazo de una consulta dermatológica.

5. El protector solar es un hábito para todo el año

Si existe un hábito que debería formar parte de la rutina cotidiana, es la fotoprotección.

La radiación ultravioleta contribuye al fotoenvejecimiento, favorece la aparición de manchas y puede producir daño acumulativo en la piel. Por eso, el Instituto de Salud Pública de Chile recomienda protegerse durante todo el año y complementar el protector solar con otras medidas, como evitar la exposición prolongada durante las horas de mayor radiación y utilizar elementos físicos de protección.

“El protector solar sigue siendo una de las herramientas con mayor respaldo científico para prevenir el daño acumulativo provocado por la radiación UV. La protección debe ser un hábito cotidiano y no algo reservado exclusivamente para el verano o los días de playa”, señala la especialista.

La fotoprotección también debe considerar las características individuales, el nivel de exposición y las recomendaciones indicadas en el envase del producto.

Una rutina simple puede marcar la diferencia

Cuidar la piel no necesariamente significa tener una rutina extensa. De hecho, para muchas personas, una estrategia sencilla y constante puede ser más adecuada que acumular productos.

Una rutina básica puede considerar limpieza suave, hidratación y fotoprotección durante el día, mientras que por la noche puede centrarse en limpiar la piel y aplicar productos adecuados a sus necesidades.

A esto se suman factores que no vienen en un frasco: dormir suficientemente, manejar el estrés, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y consultar a un profesional cuando aparecen cambios persistentes en la piel.

La contaminación, el estrés, la radiación UV y los hábitos cotidianos forman parte del entorno al que la piel está expuesta todos los días. Por eso, el cuidado cutáneo también debe entenderse como una práctica continua.

Más que perseguir una piel perfecta, el objetivo es mantener una barrera cutánea saludable y adaptar los cuidados a las necesidades reales de cada persona. La constancia, la fotoprotección y una rutina respetuosa siguen siendo algunas de las mejores herramientas para cuidar la piel a largo plazo.ç

Publicidad