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Ucrania: 35 años de independencia y siglos de historia
Este 24 de agosto no se conmemoran simplemente los 35 años de un país surgido de las ruinas de la Unión Soviética. Se recuerdan los 35 años de independencia de una sociedad cuyas raíces históricas se remontan muchos siglos atrás y que nuevamente enfrenta el desafío de preservar su soberanía.
Hoy Ucrania cumple 35 años de independencia, aunque -claramente- Ucrania no tiene 35 años de vida. La aparente contradicción resulta importante no solo para comprender la historia de ese país, sino también para entender una guerra que comenzó en 2014 y que, desde la invasión rusa a gran escala de febrero de 2022, volvió a poner en cuestión algo que parecía definitivamente resuelto con el término de la Guerra Fría: el derecho de los ucranianos a decidir su propio futuro.
El 24 de agosto de 1991, mientras la Unión Soviética atravesaba los últimos meses de su existencia, el Parlamento ucraniano proclamó la independencia y la creación de un Estado soberano moderno. Sin embargo, Ucrania no estaba naciendo ese día. El propio documento aprobado entonces hacía referencia a una tradición de construcción estatal que se remontaba mil años atrás. Sus raíces históricas llegan hasta la Rus de Kyiv, uno de los grandes centros políticos y culturales de la Europa medieval, y continúan a través de las tradiciones cosacas, los movimientos nacionales del siglo XIX y los diferentes intentos por establecer un Estado propio, como ocurrió con la República Popular Ucraniana surgida después de la revolución rusa de 1917.
Por eso, lo que cumple 35 años no es Ucrania, sino su actual período como Estado independiente, una distinción que adquiere especial relevancia frente a la narrativa histórica utilizada durante años por Vladimir Putin, quien ha sostenido que rusos y ucranianos constituyen esencialmente un mismo pueblo y que la Ucrania moderna fue, en gran medida, una creación de los bolcheviques.
Desde la perspectiva de Moscú, entonces, la independencia de 1991 aparece casi como un accidente provocado por la desintegración soviética y la separación de territorios que históricamente habrían pertenecido a un mismo espacio ruso.
Sin embargo, los acontecimientos de 1991 cuentan una historia bastante diferente, porque el 1 de diciembre de ese año los ucranianos fueron convocados a un referéndum para ratificar la independencia proclamada cuatro meses antes. Participó el 84,18% del electorado y el 90,32% votó a favor. Más significativo todavía es que la independencia obtuvo mayoría en todas las regiones del país: alcanzó el 54,19% en Crimea y el 57,07% en Sebastopol, mientras que en Donetsk y Lugansk superó el 80%. No fue, por lo tanto, simplemente la decisión de una élite política de Kyiv ni una consecuencia administrativa del derrumbe de la Unión Soviética. Fue una decisión respaldada abrumadoramente por los propios ucranianos y que, además, contribuyó a hacer definitivamente inviable la supervivencia de la URSS.
Treinta y cinco años después, aquella decisión continúa teniendo consecuencias. Porque este 24 de agosto también se cumplen exactamente cuatro años y medio desde que, aquel 24 de febrero de 2022, Rusia inició su invasión a gran escala de Ucrania. Era la continuación y profundización de una guerra iniciada ocho años antes con la anexión ilegal rusa de Crimea y el conflicto en el Donbás, pero esta vez el objetivo era mucho más ambicioso. Moscú esperaba una campaña rápida, la caída del gobierno de Volodimir Zelenski y una transformación política que devolviera a Ucrania a su esfera de influencia. Pero nada de eso ocurrió.
La guerra ha provocado cientos de miles de muertos y heridos, millones de desplazados, ciudades destruidas y enormes pérdidas económicas, además de permitir que Rusia aún mantenga bajo su control una parte del territorio ucraniano, pero cuatro años y medio después de iniciada la invasión Ucrania continúa existiendo como Estado soberano, mantiene su propio gobierno y sigue decidiendo su orientación política. Incluso, puede sostenerse que la guerra destinada a debilitar su identidad nacional terminó provocando el efecto contrario, reforzando entre millones de ucranianos un sentido de pertenencia que las bombas y los misiles rusos difícilmente podían destruir.
Existe, entonces, una poderosa continuidad entre 1991 y 2026. Hace 35 años los ucranianos expresaron mediante las urnas su voluntad de vivir en un Estado independiente. Asimismo, desde hace cuatro años y medio han debido defender esa misma decisión mediante las armas. En ambos casos, detrás de acontecimientos separados por más de tres décadas aparece exactamente la misma pregunta: ¿Quién tiene derecho a decidir el futuro de Ucrania?
Por eso, este 24 de agosto no se conmemoran simplemente los 35 años de un país surgido de las ruinas de la Unión Soviética. Se recuerdan los 35 años de independencia de una sociedad cuyas raíces históricas se remontan muchos siglos atrás y que nuevamente enfrenta el desafío de preservar su soberanía.
Putin quiso demostrar que Ucrania difícilmente podía existir separada de Rusia. Y después de cuatro años y medio de guerra, Ucrania sigue pagando un alto precio por demostrar exactamente lo contrario.
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