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Cuando las mujeres salen, los hombres entran Yo opino Créditos: AGENCIA UNO.

Cuando las mujeres salen, los hombres entran

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Teresa Velastín Bastías
Por : Teresa Velastín Bastías Especialista en temas de Participación Social y Ciudadanía
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Quizás sea una coincidencia. Eso espero.

Pero hay momentos en política en que la reiteración de los hechos obliga, al menos, a formular una pregunta.

La reciente salida de la ministra del Deporte, Natalia Duco, vuelve a poner sobre la mesa un fenómeno que comienza a ser difícil de ignorar: en los primeros meses del gobierno del presidente Kast, las tres ministras que han dejado sus cargos han sido reemplazadas por hombres.

Primero fueron Trinidad Steinert y Mara Sedini. Luego, Natalia Duco. En los dos primeros casos, Martín Arrau y Claudio Alvarado ocuparon los espacios que dejaron las ministras. Ahora, Francisco Riveros reemplaza a Duco. El resultado es concreto: el gabinete que comenzó con 11 ministras hoy cuenta con ocho.

Y quiero ser clara en algo: no se trata de defender a ninguna autoridad por el solo hecho de ser mujer.

Si una ministra incurre en una falta grave, debe responder. Si utiliza indebidamente recursos públicos, debe ser investigada. Si corresponde que deje su cargo, debe hacerlo. La probidad no puede tener género.

Precisamente por eso la pregunta resulta inevitable.

¿La rigurosidad con que se evalúa a las mujeres que ejercen cargos de poder es la misma que se aplica a los hombres?

Porque mientras las salidas de las ministras han sido explicadas por razones políticas, de gestión o por cuestionamientos concretos; también hemos visto a autoridades masculinas enfrentando controversias, declaraciones y actuaciones que han generado serios cuestionamientos públicos e institucionales, sin que observemos la misma velocidad, contundencia o consecuencia política para removerlos.

Y aquí está el punto.

El problema no es que a las mujeres se les exija responsabilidad. El problema aparece cuando pareciera que a los hombres se les exige otra cosa.

Una vez puede ser casualidad. Dos veces puede ser coincidencia. Pero cuando, en menos de seis meses, el patrón se repite por tercera vez, resulta legítimo preguntarse si estamos frente a una vara que se aplica con distinta intensidad dependiendo del género de quien ocupa el cargo.

No estoy afirmando que exista un plan diseñado para sacar mujeres del poder. No tengo elementos para sostenerlo. Pero tampoco creo que debamos ser ingenuos y dejar de mirar el patrón, porque la política también comunica a través de las decisiones. Y las decisiones de este gobierno están construyendo una imagen que merece ser observada con atención: cuando una mujer deja un espacio de poder, el reemplazo natural parece volver a ser un hombre.

Esto resulta particularmente interesante viniendo de un sector político que durante años ha cuestionado las políticas de igualdad de género, la paridad y lo que considera una utilización ideológica de las demandas feministas.

Porque gobernar también es demostrar con hechos aquello que se sostiene en el discurso.

Y si el discurso dice que las mujeres tienen las mismas capacidades, entonces esa igualdad no puede quedar reducida a una fotografía inicial del gabinete. Tiene que expresarse en la permanencia, en las oportunidades, en las responsabilidades y, sobre todo, en la posibilidad real de ejercer y conservar espacios de poder.

La pregunta, entonces, no es si las ministras debían responder por sus actos. Por supuesto que sí.

La pregunta es otra:

¿Por qué la vara parece ser tan rigurosa cuando se trata de ellas y no necesariamente alcanza con la misma fuerza a ellos?

Tal vez sea solamente una coincidencia.

Ojalá lo sea. Pero en democracia las coincidencias también se observan, los patrones también se analizan y las preguntas también se hacen.

Porque la igualdad entre hombres y mujeres no se demuestra nombrando mujeres para ocupar cargos. Se demuestra cuando, frente a la misma falta, existe la misma exigencia. Cuando frente al mismo error existe la misma consecuencia.

Porque el poder no tiene género. Pero la forma en que se distribuye y se conserva sí puede tenerlo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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