Yo opino
Créditos: El Mostrador.
Lo que viene después del desempleo
Cada vez que se publica una nueva cifra de desempleo, la discusión se concentra, con razón, en la capacidad de nuestra economía para generar puestos de trabajo. Sin embargo, hay una parte de esa trayectoria que las cifras de desocupación no alcanzan a mostrar: qué ocurre con las personas cuando el empleo no aparece y necesitan encontrar otras maneras de generar ingresos.
La tasa de desocupación llegó a 9,4% en el trimestre abril-junio de 2026. Es una cifra preocupante, pero no describe por sí sola todas las formas que puede adoptar la exclusión económica. Una persona que comienza a trabajar por cuenta propia deja de estar desempleada, pero eso no significa necesariamente que haya encontrado una alternativa económica estable o suficiente.
En Chile existen cerca de dos millones de personas microemprendedoras y el 49,4% declara haber iniciado su actividad principalmente por necesidad. Entre las mujeres, esa proporción alcanza el 60,8%. Son personas que muchas veces comenzaron a vender, producir o prestar servicios ante el desempleo, los bajos ingresos, las responsabilidades familiares o la dificultad de encontrar un trabajo compatible con sus condiciones de vida.
Eso no convierte al emprendimiento por necesidad en un problema en sí mismo. Emprender puede ser una estrategia activa y valiosa para generar ingresos, organizar el tiempo o sostener a un hogar. Tampoco significa que una actividad iniciada por necesidad esté condenada a mantenerse siempre en las mismas condiciones. Las trayectorias económicas son bastante menos lineales que eso.
El problema aparece cuando la actividad deja muy poco margen para decidir. Cuando no existe capital para reponer mercadería, una enfermedad obliga a consumir los recursos del negocio, no hay ahorro para enfrentar una semana de bajas ventas o resulta difícil acceder a financiamiento, información o apoyos adecuados. En ese contexto, generar ingresos no necesariamente significa haber alcanzado inclusión económica.
Existe además una dimensión que solemos mirar menos. Una parte importante del microemprendimiento se desarrolla individualmente: 1,47 millones de personas trabajan por cuenta propia sin ayudantes ni socios. Trabajar sola o solo no equivale a estar socialmente aislado, pero sí puede significar contar con pocos espacios para conversar una decisión, compartir información, conocer oportunidades o pedir apoyo frente a una dificultad.
Por eso, en Fundación Crecer combinamos financiamiento responsable, formación práctica, acompañamiento y trabajo grupal. El propósito no es que cada actividad termine convertida en una empresa más grande, sino ampliar las posibilidades de las personas para administrar sus recursos, anticipar dificultades, tomar decisiones informadas y generar vínculos de colaboración con otras personas de su entorno.
Por supuesto que Chile necesita recuperar capacidad para crear empleo. Pero la discusión no termina ahí. También necesitamos preguntarnos qué alternativas tienen quienes no logran acceder a ese empleo, qué condiciones encuentran cuando generan sus propios ingresos y cuánto margen tienen realmente para elegir entre distintas formas de sostener su vida.
Una economía más inclusiva no es solamente aquella que crea más puestos de trabajo. También es aquella en que una contingencia, una responsabilidad de cuidado o un período de desempleo no reducen las alternativas de una persona hasta dejarle una sola forma posible de salir adelante.
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