La semana pasada se estrenó en Chile y seguirá su gira por Egipto y Estados Unidos
«Juárez“, la obra que cuenta cómo la «ciudad del futuro» se convirtió en la «capital de los asesinatos»
En entrevista exclusiva con el diario El Mostrador, su director, el mexicano Rubén Polendo, reflexiona sobre el pasado y el futuro de su ciudad natal. “Santiago me da tristeza porque me recuerda a Juárez, si en Juárez no hubiera pasado nada, sería como Santiago, donde los muchachos salen a jugar en la noche y tocan instrumentos. En Juárez esos espacios están vacíos”, comenta.
Hace pocos días terminó de presentarse en el teatro DUOC-UC de Santiago la obra Juárez, un montaje escalofriante y que despertó todo tipo de sentimientos en los diferentes escenarios del mundo en que se presentó.
El montaje teatral, de la exitosa y reconocida compañía de teatro Mitu de Estados Unidos, busca saber qué pasó con Ciudad Juárez, la llamada «ciudad del futuro» -una localidad fronteriza de México- antes de ser conocida en el mundo entero como la capital de los asesinatos, en el año 2010.
«La temática de la obra reflexiona en torno a cómo la memoria suele producir mitología sobre un lugar que ha cambiado con el paso del tiempo, muestra además un viaje de emociones sobre la vieja ciudad mexicana de Juárez y la que ahora es, habla de coraje y de esperanza al otro lado de la frontera norteamericana», se leía en la reseña oficial.
Preocupación por casa
El origen de esta obra está en su director, el mexicano Rubén Polendo. Él creció en la Ciudad Juárez y luego se fue a estudiar bioquímica a los Estados Unidos. En aquella época era una ciudad como cualquier otra. Algo que cambiaría luego.
En los años 90, comenzó allí una espiral de violencia. Primero hubo una ola de asesinatos de mujeres. Luego comenzaron disputas entre bandas rivales. En los titulares era normal leer sobre múltiples asesinatos. Un promedio que, en momentos críticos, llegó a las dos personas muertas por hora, en una ciudad cuyo promedio de habitantes es de dos millones. Según la estadística oficial, solo entre 2008 y 2010, medio millón de personas se marchó.
Para alguien como Rubén, el hecho de seguir teniendo familia ahí se transformó en una preocupación y también en un motivo de reflexión.
“Pasaron los años y mi familia seguía ahí, pero como no te das cuenta y de repente la ciudad ha cambiado tanto que ya no la reconoces, no reconoces el ritmo de la gente», cuenta a El Mostrador C+C . «Mi primo me dijo, ‘ya no se sale a la calle después de las seis de la tarde’. Mi tía me dijo que llegó tarde al trabajo porque en el camino había seis personas colgadas que mataron y en una mantilla se leía una advertencia del Cartel”.
Conversación con el padre
La idea de transformar la realidad de Juárez en una obra de teatro surgió a partir de una conversación que sostuvo Rubén con su padre –que en aquel momento tenía 93 años–, en la que esperaba comprender la metamorfosis de la ciudad.
Tras una plática informal e íntima, Rubén –que en ese momento se sentía más identificado con los extranjeros que con la gente de Juárez– comenzó a entender mejor a su pueblo y la idea de hacer una investigación, enfocada en lo documental, se hizo realidad.
“Tenía que ser un documental teatral, en vez de llevar cámaras y micrófonos, llevar al actor y al teatrista y que eso fuera lo que se grabara: la información, la emoción y las historias. Pasamos tres años haciendo entrevistas en la Ciudad Juárez y en El Paso, y descubrimos que la gente es más poética que los poetas».
«Los titulares sobre Juárez siempre eran sobre el drama y la crisis, particularmente sobre los femicidios, pero a nosotros nos interesaba no solo la matanza, sino lo que pasaba después: cómo sigue la familia, cómo van los niños a la escuela, esa fuerza del ser humano que le permite seguir en esa ciudad”, reflexiona Rubén.
Los testimonios que recogió la compañía de Rubén ilustraban la crudeza –exacerbada en los periódicos– y la esperanza –mostrada por la gente de Juárez–. Una mujer, cuyas hijas fueron asesinadas brutalmente, dijo en una de las entrevistas que, en vez de sentirse destruida, se había llenado de esperanza y después de la tragedia decidió crear una fundación para las mujeres de Juárez.
Otra forma de contar la historia
Después de recolectar los testimonios, llegó la hora de la decisión de qué hacer con ellos. Rubén no podía evitar su instinto científico por la investigación y los experimentos, de modo que decidió desarrollar un método diferente para contar la historia.
“Me pareció una falta de respeto que se hicieran de esas personas reales unos personajes en escena, que mis actores se convirtieran en la señora Rodríguez. Se nos hizo importante que el actor fuera un transmisor, es decir, había que poder transmitir lo que vimos”.
Y agrega: “Ese fue el estilo de la obra, lo que quiere decir que cuando se ve todos los actores traen un audífono y ahí traen la entrevista y ellos la repiten con el ritmo, con todo, y así sucesivamente, de modo que es menos una obra teatral y más un mapa teátrico”, expresa.
La relación con Santiago de Chile
Lo curioso es que, para su creador, esta historia tan trágica tiene un vínculo con nuestra ciudad, Santiago. “Tiene muchísimo que ver”, asegura Rubén.
La historia, según él, tiene menos que ver con la matanza que con un relato sobre una ciudad que fue pulverizada por la industria y el progreso.
“Todo cambió tan rápido que la ciudad se quebró, y esto está pasando en todas las ciudades, pues llegan las industrias y no le ponen atención a las comunidades, simplemente se plantan y destruyen, dando paso a la corrupción y el crimen”.
Rubén recuerda que en 1990 llegaron las maquiladoras desde los Estados Unidos, buscando “manitos pequeñas” para hacer girar la maquinaria. En Juárez, una ciudad muy conservadora, la mujer no trabajaba, pero tras la llegada de las industrias se transformaron en una mano de obra solicitada.
“Entonces, en un momento en que no había trabajo pera el hombre, de repente sacan a la mujer de la casa y el hombre se queda socialmente castrado, de modo que comienza a beber muy intensamente, dando inicio a una ola de violencia”, afirma.
El problema, según Rubén, fue que dichas empresas no se dieron cuenta de que en el lugar en que se estaban instalando había «tradiciones, culturas».
En Santiago, la obra fue recibida con mucha emoción por los espectadores, quienes hicieron un fuerte nexo entre lo visto en Juárez y lo que ocurre en Santiago.
“La capital de Chile ha cambiado mucho en los últimos 15 y 20 años, en todo sentido, y la gente después de ver la obra se empodera, dicen que van a tomar responsabilidad en los cambios que quieren que tenga la ciudad”, expresa Rubén.
“Santiago me da tristeza porque me recuerda a Juárez… Si no hubiera pasado nada en Juárez, sería como es Santiago. Ayer fuimos a cenar y había muchachos jugando y tocando instrumentos, y en Juárez ves esos espacios y están vacíos, ya no se puede comer afuera porque pasa alguien con una pistola y… En fin, me da miedo porque esto puede pasar en cualquier ciudad. Lo mejor que podemos hacer para prevenirlo es involucrar a la gente en la toma de decisiones”.