martes, 16 de julio de 2019 Actualizado a las 23:29

CULTURA|OPINIÓN

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Sobre las luces que se encienden en el circo contemporáneo chileno cuándo "El Último Apaga la Luz"

Sobre las luces que se encienden en el circo contemporáneo chileno cuándo
Si bien la obra nos muestra esta interesante reflexión sobre el consumo y la soledad, a mi parecer lo más interesante es lo que tiene que ver con el circo. En los últimos años este campo artístico ha estado en constante expansión y crecimiento, y así como el tiempo social en nuestro país está cambiando, también se cambian las formas de hacer circo en nuestro país.
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El último apaga la luz nos presenta una inquietud del todo relevante para la escena del Nuevo Circo en Chile: ¿que es lo propio del circo y cómo eso dialoga con el actual tiempo social?  El circo como un campo de creación artística, ha sido capaz de modernizarse para abordar las problemáticas de nuestro contexto, esta obra en particular nos da el puntapié para comenzar a hablar de una incipiente escena de Circo Contemporáneo en nuestro país.

Lo cotidiano como un modo de ser que ahonda en sí mismo, pareciera ser un tiempo social e individual que al pasar no deja huellas, pero si ahondamos en lo que sucede cuándo no sucede nada, es posible develar los modos de ser de las personas. A partir de distintos momentos de la vida cotidiana del personaje interpretado por Andrés Labarca, podemos reconocer cómo en la vida de un hombre con mal de diógenes se cuelan aspectos estructurales de la posmodernidad, ya que la agudización de los problemas existenciales del individuo, las enfermedades de salud mental y la sensación de estar irreparablemente solos puede curarse con la libertad de poder comprar y poseer cualquier objeto.

Asi mismo, es interesante como El último apaga la luz nos hace cuestionar aquello que sería lo propio del circo, pues en la obra no hay necesidad de utilizar grandes destrezas acrobáticas, puesto que el lenguaje corporal del intérprete, la disposición escénica y el trabajo con elementos nos sugiere que lo circense tiene que ver con una disposición del contexto y la utilización de un cuerpo activa y receptivo.

El diseño escenográfico retrata precisamente un domicilio rebalsado de objetos que en momentos cobran vida para paliar el aislamiento del personaje, así también el universo sonoro de la obra acompaña sus delirios. Una radio comienza a transmitir una reflexión a propósito de la belleza, lo cual es muy interesante ya que la compañía Ni desnudo ni bajando la escalera nos propone que en el teatro existen situaciones que pueden llegar a ser bellas cuándo en la realidad la forma de habitar de un diógenes en la realidad puede resultarnos ser todo lo contrario, insalubre, desproporcionado, e incluso nauseabundo.

Si bien la obra nos muestra esta interesante reflexión sobre el consumo y la soledad, a mi parecer lo más interesante es lo que tiene que ver con el circo. En los últimos años este campo artístico ha estado en constante expansión y crecimiento, y así como el tiempo social en nuestro país está cambiando, también se cambian las formas de hacer circo en nuestro país.

Según el sociólogo Marcelo Troncoso, existe una distinción entre nuevo circo y circo contemporáneo: el primero tiene que ver con un cambio en los lugares en los que el circo se despliega, se sale de la tradicional carpa para ocupar otros espacios y distintos formatos como las varietés y las convenciones, es decir, tiene que ver con un contexto social y cultural. Mientras que para hablar del segundo es necesario hacer las siguientes preguntas: ¿ de qué somos contemporáneos y qué significa ?

El filósofo italiano Giorgio Agamben trabaja sobre esta inquietud con mucha claridad, señalando que “contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad” (Agamben, 2011, pp 21). Refiere entonces, a una relación de estar presentes en un momento histórico y a su vez ser capaz de distanciarse de este, pues quienes concuerden plenamente con su época no alcanzarian a ser contemporáneos ya que precisamente por ese motivo no consiguen ver sus sombras. De una u otra forma, el tiempo presente es siempre oscuro; contemporáneo es aquel que logra no dejarse cegar por las luces del siglo y es capaz de distinguir en ellas los lugares sombríos para interpretar e interpelar. Dicho de otro modo, contemporáneo es aquel o aquello que logra observar de manera crítica y reflexiva un tiempo histórico presente que está en directa relación con el pasado y el futuro.

En virtud de lo señalado, pensar en una escena de circo contemporáneo en Chile es complejo, pues sobre el nuevo circo pesa la larga data del circo tradicional, cuestión claramente palpable en el Festival de Circo Charivari realizado en Matucana 100, donde me atrevería a decir -con todo el respeto- que prácticamente la totalidad de los espectáculos responden a circo tradicional y nuevo circo. Es por este motivo que la obra dirigida e interpretada por Andrés Labarca se vuelve una luz para la escena de circo en nuestro país, pues nos muestra una mirada crítica sobre aquello que he hablado majaderamente aquí, el tiempo presente.

Asi mismo, es interesante como El último apaga la luz nos hace cuestionar aquello que sería lo propio del circo, pues en la obra no hay necesidad de utilizar grandes destrezas acrobáticas, puesto que el lenguaje corporal del intérprete, la disposición escénica y el trabajo con elementos nos sugiere que lo circense tiene que ver con una disposición del contexto y la utilización de un cuerpo activa y receptivo.

Ficha técnica:

Dirección: Andrés Labarca | Elenco: Andrés Labarca, Jean Paul Mengin | Escenografía: Jean Paul Mengin | Jefatura Técnica: Rodrigo Leal | Mirada exterior: Francisco Arrazola | Diseño Estético: Gabriel Tondreau | Diseño sonoro y musical: Lola Lacanal | Gestión y producción: Macarena Simonetti.

Obra "El último apaga la luz"

En Espacio Patricio Bunster de Matucana 100.

Hasta el domingo 30 de junio. Mié a sáb, 20 hrs. Dom, 19 hrs.

Crítica cultural escrita por Paula Jirkal Briones.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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