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“Vértigo de una Conquista”, poemas de Ariela Santana

por 14 mayo, 2020

“Vértigo de una Conquista”, poemas de Ariela Santana
El lector debe tener claro que a lo largo del texto asistimos a una estética que dibuja una caída libre (anunciada en el título) y cruza vertiginosamente el espacio lírico pómulos al viento, hasta clavar sobre el territorio lo que la autora proclama: libertad en conquista permanente.
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Los mensajes en el objeto libro

Ante un libro estamos. Por ello revisamos su apariencia antes de recorrer sus poemas, porque resulta necesario fijar nuestra atención en su mensaje exterior, diseño de portada y solapa. Elementos que alcanzarán la totalidad de su significado una vez –desde luego- que conozcamos los textos en el interior de “Vértigo de una Conquista” (Sur Umbral Ediciones. 2020), de Ariela Santana (autora residente en Puerto Montt).

Vemos, por lo tanto, aquello que quiere erigirse en macro connotación, en llamado previo que atrae o aleja, apostando en la sugerencia el anticipo de una probable (o improbable) seducción, cuyo resultado será obtenido por el manejo del lenguaje y probabilidad sugerente de los textos.

La imagen en portada sostiene, más que un vértigo, una caída libre, una sinécdoque sensual/visual sin red de seguridad, pero al hacer el ejercicio de invertir la posición del libro y observar la figura, la imagen se convierte en salto en el aire, o cuerpo suspendido en el aire, protegido por círculos/espirales devenidos en quitasol o quita cielo.

La imagen de la autora en fotografía de solapa, con la propiedad de posibilidades del contraluz, entrega una mirada casi inquietante, cercana a lo misterioso. Una semi penumbra alimentada en lo ambiguo inherente a la visualidad, sometida al arbitrio del encuadre, cuyas connotaciones más profundas habremos de esforzarnos en descubrir en los textos.

Y es el acertado prólogo de Yuri Soria-Galvarro el eslabón necesario para indagar, interrogar, comprender y sacudir el conjunto de poemas, pues en dicho ejercicio, el de vapulear el corpus de poemas, el lector podrá llegar a apreciarlo o no.

Vamos por los poemas, con los cortes y arbitrariedad inherentes a un comentario.

Según dice la Parte I “Apego”

"El apego, en la etología es una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular… entre dos individuos… cuyo objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección".

Pero en este caso dichas condiciones son manejadas de forma contradictoria.

En el poema "Delirio" (pág. 12), leemos: “Tengo sentimientos encontrados/ cuando te veo besando a otra, /no sé si huir velozmente/ o darte un mordisco en la entrepierna…”

El sentimiento como plataforma impulsado para la agresión a lo deseado ¿amado?, en este caso en cuanto propiedad reclamada por la hablante lírica, rebelada ante lo inaceptable. Ello explica el salto de una situación afectiva a la agresión imaginada.

Es así que, página tras página, asistimos a la auto interpelación que se tomará un descanso cuando en "Sin Palabras" (pág. 16) nos sorprenda diciendo: “Como volver a comunicarme/ usando el lenguaje/ si te encargaste de volverme una analfabeta…”

Para declarar las consecuencias dañinas del autoritarismo/dominación: “disminuyó mi vocabulario/ la semántica no tiene sentido/ y la sintaxis perdió la razón”.

Cerrando el poema: “el único final fue tu partida/con mi entrepierna esperando al próximo protagonista de esta saga a medio escribir”.

Esta ha sido una poética de la cual su autora puede o no estar consciente, que denota sin ambigüedad una de las vertientes que será reiterada en los poemas: el erotismo, temática que estructura la totalidad del libro.

Pero es en "Todos los días la muerte se adelanta una hora" (pág. 21), donde el discurso poético alude a: “Esta noche la muerte me ha olvidado, me ha/ dejado plantada/ en un callejón oscuro/ de prostitutas y traficantes/ donde no quiero buscar la salida".

“Noche” y “callejón” operan como sitios de encierro para cumplir una condena. Es el reclamo a la condición de un ser olvidado…por la muerte, sensación que sobrevuela varios textos, señalando otra de las características: la derrota, la caída insinuada en la ilustración de la portada vuelta al revés. Lo señalamos porque lector/a tiene el derecho de vapulear y voltear el libro, para elaborar y percibir su propio diseño de la apariencia.

En la sección recién examinada fue dibujado el croquis del trayecto, una especie de carta de navegación en medio de oleajes agresivos, mediante el cual deberá desplazarse cada uno de los poemas, instalando una carga que deberemos verificar si está bien o mal estibada.

Parte II, “Conquista”. Los probables afanes

"Como conquista se conoce la acción y efecto de conquistar, es decir, ganar mediante una operación bélica. Conquista es también la persona cuyo amor se logra cautivándola".

Ambas acepciones parecen convivir en el territorio textual. Puesto que se insinúa y desarrolla un conflicto de la voz lírica consigo misma, aunque señale al "otro" como causante/destinatario de sus propias contradicciones, acogiendo la idea de culpabilidad (pecado) como fuente del placer.

En "Séptimo día" (pág. 25) señala: “Con una vez a la semana/ parecía ser suficiente/ para explotar los conocimientos/ visuales… sensitivos…afrodisiacos…”.

Y unos versos más abajo desemboca inevitablemente en: tu lengua lentamente humedece tus labios/ Para dar paso al séptimo día de pecado”.

Se ha cuestionado, por lo tanto, la concepción cristiana: los seis días de trabajo solamente como tiempo de trabajo/preparación, pues la culminación es el placer, la fascinación. Pecado ("transgresión voluntaria y con conocimiento de un precepto moral o religioso"), es un vocablo aquí desmentido, resignificado por la voz lírica que desafía la dominación religiosa conceptual tributaria de una especie de constructo cultural patriarcal. Ha dejado de lado el séptimo día para la adoración de Dios, reemplazándolo por la adoración del placer, y se ha preferido y declarado el goce sensual/sexual en su expresión de libertad, des-armando la construcción cultural autoritaria.

Parte III “Desapego”.

"Expresado como no-apego, es el estado en el que una persona suprime su lazo de unión al deseo por las cosas, personas u objetos existentes".

Veamos lo que nos dice el poema “Sobran fantasías” (47)
“…nos sobran venas / para dar la vuelta al mundo,…”
“Falta desgano/ para… coger a un gitano/ viajar en sus ojos.
…volar con el viento, /ser semilla de campos austeros”.

El cuerpo/deseo/goce opera como viga estructural del texto, al mismo tiempo que articulador del placer en el hablante lírico: fantasía y realidad textual constituyen partes de la carga estibada.

Estamos ante un hablante que desarrolla varios poemas cual espiral, desafiando los márgenes del espacio: “dar la vuelta al mundo”, “viajar en sus ojos”. Aquí nos encontramos con aquella mirada en la solapa de portada. La semi penumbra, entonces, viene a ser el contraluz necesario para observar antes de decir, cual confesión desde el claro oscuro, bipolaridad que el lenguaje despliega a lo largo del libro, sin ralentizar ansiedad, no reparando en la denotación apasionada. El gitano –personaje lírico de especial atractivo- representa atracción, objeto priorizado por los sentidos: “viajar en sus ojos” (mirada), resulta –reitero- inevitable aludir a la relación insinuada desde la foto de solapa.

Entonces, el salto que comenzó en la imagen de portada hizo posible la expresión gráfica que -desde otra disciplina- valida lo expresado en los versos, operando como soporte previo a la lectura y su validación posterior a ella, pues hace visible la libertad de pensar, sentir y desear.

En otro verso cuando nos dice “Oler sus patillas”, el olfato deviene en soporte de la sensualidad, percepción del aroma del otro, perfilando cual materialidad el personaje deseado/idealizado: en este caso la sensualidad ha elegido otro sentido, aunque más cercano igualmente fugaz.

Ambos versos tendrán su coronación en “…volar con el viento/ ser semilla de campos austeros”.

La materia acoge una explícita fuerza que nos lleva a comprobar la posibilidad y propósito de renacer, mantener la vida cruzando el aire hasta ser depositada en un lugar "sencillo y sin alardes". Opción que el hablante elige y desea tal como ama el placer y el vivir.

Palabra finales

Estamos ante un libro, afirmamos al comienzo de este artículo. El texto –en tanto tejido- adquiere su forma en un contexto. Y hace rato que en nuestro país se desarrolla un proceso de producción literaria identificable como propuesta/expresión de la disidencia, con el afán de expresarse desde un género demasiado tiempo subsumido, cuando no ignorado: poesía como construcción cultural desde lo femenino.

Por lo tanto “Vértigo de una Conquista” es demostración de una energía que se niega a permanecer supeditada a los cánones masculinos. Es por ello una poesía que se expresa cual conflicto ante un ámbito hasta ahora monopolizado precisamente por lo patriarcal: el sexo como instrumento de dominación, al cual le salió gente al camino, pues como todo territorio es factible de ser disputado, ahora desde lo femenino.

Para decirlo claramente: la proclamación de la libertad (de los sentidos y del cuerpo) es la piedra angular del libro. Ello explica el reiterado desafío e irreverencia ante formalidades y estable-cimiento valórico. Reclama y grita, provoca y agrede. Es, al mismo tiempo, la forma y el fondo de la voz lírica que tiene clara su ubicación en el mundo poético pero, sobre todo, es la decisión de decir desde los sentidos, rompiendo los torniquetes del conservadurismo para que la provocación sea leída sin ambigüedad, claramente instalada, por ejemplo, en “Escribo” (pág. 60): “Porque mi memoria es frágil / y no podría recordar / cuántas camas distintas pasaron por mi espalda”.

Este “Vértigo de una Conquista” tiene su anclaje en un lenguaje sencillo y directo, que elude palabras rebuscadas, no delata intenciones de parecer lo que no es y no peca de arribismo estético. Y se reafirma con energía propia, como lo leemos en “Autobiografía” (pág. 63): “Soy la hembra que de día respeta los pasos de cebra / y de noche hace el amor en la acera”.

De esta forma, el lector debe tener claro que a lo largo del texto asistimos a una estética que dibuja una caída libre (anunciada en el título) y cruza vertiginosamente el espacio lírico pómulos al viento, hasta clavar sobre el territorio lo que la autora proclama: libertad en conquista permanente.

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