CULTURA
Crédito: Rodrigo Marín
María José Ferrada, premiada por libro “Diario de Japón”: “La escritura es un espacio de libertad”
En esta entrevista aborda el significado del reconocimiento otorgado por la Universidad de Chile y el vínculo que ha construido durante décadas con la cultura japonesa.
Con una trayectoria de más de veinte años, la periodista y escritora María José Ferrada (Temuco, 1977) se ha consolidado como una de las voces más relevantes de la literatura chilena contemporánea. Su obra, traducida a más de veinte idiomas, ha sido reconocida con importantes distinciones nacionales e internacionales, entre ellas el Premio Iberoamericano Cervantes Chico, el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil, el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños y el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile. Además, integra la Academia Chilena de la Lengua como miembro correspondiente por Villarrica.
Este año, la Universidad de Chile le otorgó el Premio Manuel Montt 2025, en la categoría Literatura, por Diario de Japón, obra publicada en 2022 por Seix Barral. En la obra, Ferrada propone un recorrido entre la literatura, la memoria y la experiencia personal a partir de la cultura japonesa, estableciendo un diálogo entre el Genji Monogatari, el ensayo, la fotografía y los vínculos familiares, en un relato que explora distintas formas de comprender el tiempo, la escritura y la identidad.
La fascinación de Ferrada por Japón se remonta a su adolescencia, cuando un tío le regaló sus primeros libros de Yasunari Kawabata y Yukio Mishima. Desde entonces, la literatura japonesa se convirtió en una influencia permanente en su formación como lectora y escritora, una huella que atraviesa gran parte de su obra y que encuentra en Diario de Japón una de sus expresiones más personales y reflexivas.
En conversación con la Universidad de Chile, Ferrada comparte sus impresiones sobre este reconocimiento, el significado que tiene recibir el Premio Manuel Montt y su mirada sobre la literatura “como un espacio de libertad”.
¿Qué significa para ti recibir este premio?
Recibir este premio es muy emocionante. Fue una sorpresa. Siempre uno espera que su trabajo llegue a muchos lectores, pero esto superó mis expectativas. Además, es un libro al que le tengo un cariño especial, porque quise reflejar el amor que siento por la literatura, en particular por la literatura japonesa, y todo lo que he aprendido de ella. Es un pequeño homenaje a esa tradición que tanto me ha enseñado, así que recibir este reconocimiento por este libro es una doble alegría.
Al leer el acta del jurado que te eligió como ganadora, ¿qué te genera ese reconocimiento?
Lo primero es agradecer al jurado. Sé el enorme trabajo que implica leer un corpus tan amplio de obras publicadas durante los últimos cuatro años. Además, se trata de personas cuyo trabajo admiro y valoro profundamente, por lo que ese reconocimiento hace que este premio sea aún más significativo para mí.
El jurado destacó que esta es una obra que sobresale por su densidad reflexiva. ¿Cómo recibes esa valoración?
Agradezco que el libro haya sido leído de esa manera, porque uno nunca sabe cómo será recibido. Generalmente, los primeros comentarios vienen de personas cercanas, que te quieren, por lo que es muy valioso que un lector más distante, y además con una mirada crítica como la de un jurado, haga esa lectura.
Para mí, la escritura siempre ha sido una forma de desarrollar el pensamiento. Hay ideas que solo logran tomar forma cuando se escriben. En este libro intenté comprender la literatura y el cine de Japón, pero también comprenderme a mí misma y, en un sentido más amplio, al ser humano. Creo que la literatura nos permite complejizar las cosas e instalar preguntas donde antes quizás no las había. Si eso logra llegar también a los lectores, es algo que me alegra profundamente.
El jurado señaló que esta obra “expande con notable solvencia los límites de la escritura”. ¿Qué significa para ti ese reconocimiento?
Es una valoración muy hermosa y me llena de alegría. Para mí, la literatura siempre ha sido un espacio de libertad. Aunque gran parte de mi trayectoria ha estado vinculada a la literatura infantil, nunca he sentido que esa etiqueta defina mi escritura. No pienso demasiado en los géneros, en la edad de los lectores o en quién leerá el libro; simplemente intento escribir con la mayor libertad posible.
Diario de Japón ha tenido un recorrido muy bonito. Lo he compartido incluso con estudiantes de colegio, con quienes hemos conversado sobre el animé, el cine y la literatura japonesa. Hoy existe un acceso mucho mayor a esa cultura, con más traducciones e incluso editoriales chilenas que publican literatura japonesa, algo impensado hace algunas décadas.
Creo que la escritura nos permite ampliar nuestra forma de comprender el mundo y también nuestra propia experiencia. Más que preocuparme por las categorías literarias, siempre busco que lo que queda en la página se parezca lo más posible a lo que estoy pensando y viviendo. Esa libertad es la que intento preservar al escribir y también la que más valoro cuando leo a otros autores.
En otras entrevistas has hablado de cómo el animé acerca a muchas personas a la cultura japonesa. ¿Cómo dialoga este libro con esa idea de acercarse a un lugar que parece tan lejano?
Creo que, como le ocurre a muchas personas, mi acercamiento a Japón comenzó a través de su cultura: la literatura, el cine, el animé, la gastronomía y otras expresiones como el origami. Cuando un país está tan lejos, solemos conocerlo primero a través de sus manifestaciones culturales, y así vamos construyendo una imagen propia de ese lugar.
Cuando finalmente uno viaja, ese Japón imaginado se transforma con la experiencia, pero no deja de ser real, porque es el país que cada uno fue construyendo a partir de sus lecturas, películas y vivencias. Me parece muy bonito que tantas personas jóvenes sueñen con Japón y encuentren en esa cultura un espacio de inspiración o incluso de esperanza.
Recuerdo que cuando estudiaba japonés muchos de mis compañeros eran muy jóvenes y veían en Japón un lugar donde imaginaban que podrían ser más libres o felices. Después uno descubre que, como cualquier país, tiene su belleza, sus complejidades y sus dificultades. Pero esa posibilidad de imaginar un lugar a través de la literatura y del arte sigue siendo una de las experiencias más valiosas que ofrecen los libros.
¿Qué significa a nivel personal este libro para ti?
Este libro es muy distinto a lo que había escrito antes. Quise rendir un homenaje a la literatura japonesa, que ha marcado profundamente mi formación como lectora, y también a la novela como género, especialmente al Genji Monogatari, una obra escrita hace más de mil años que muchos consideran la primera novela de la historia.
Al mismo tiempo, el libro nace de mi interés por comprender cómo los textos cambian con el paso del tiempo y cómo cada generación los vuelve a leer desde su propia experiencia. Esa relación entre la literatura y sus lectores ha sido una de mis principales inquietudes.
Pero también es un libro muy personal. En él aparecen los recuerdos de quienes despertaron mi interés por la literatura japonesa, como un tío que me regaló mi primer libro de esa tradición, y la memoria de mi abuela. Quise reunir esas experiencias con la reflexión literaria, porque creo que escribir también es una forma de unir el pensamiento con la emoción.
¿Qué sientes al escribir para las nuevas generaciones?
Es una pregunta muy bonita, porque la mayoría de mis lectores tienen cinco o seis años. Son ellos con quienes más converso sobre literatura, y eso me hace pensar constantemente en el lugar que ocupan los libros en la infancia.
Cuando un niño escucha un cuento leído por su mamá, su papá o una profesora, no solo recibe una historia: también vive un momento de cariño, atención y compañía. La literatura queda asociada a esos recuerdos y, muchas veces, de adultos volvemos a esa voz que nos leía cuando éramos pequeños.
Por eso intento escribir con mucho cuidado y responsabilidad. Pienso que muchos de esos cuentos se leen antes de dormir, incluso después de un día difícil. Si una historia o un poema logra regalar un momento de calma, alegría o consuelo, siento que ya ha cumplido un propósito muy importante.
¿Qué mensaje le entregarías a las nuevas generaciones sobre la importancia del fomento lector?
No sé si soy quién para dar consejos, pero sí creo que la literatura es uno de los grandes espacios para complejizar nuestro pensamiento. La vida no tiene respuestas simples, y los libros nos invitan justamente a hacernos preguntas, a mirar las cosas desde distintos ángulos y a aceptar la incertidumbre.
A mí me gusta la literatura que me desafía, que me pone en aprietos y no aquella que solo confirma lo que ya pienso. Creo que ese es un espacio que debemos cuidar, porque nos ayuda a comprender mejor el mundo y a nosotros mismos.
Y si tuviera que dejar un mensaje a quienes escriben, sería que lo hagan sin miedo: sin miedo a los lectores, a los editores o al mercado. La escritura es, ante todo, un espacio de libertad, y esa es la mayor riqueza que un escritor puede preservar.
¿Te gustaría entregar alguna reflexión final?
Estoy muy emocionada y solo quisiera agradecer que existan instancias como esta. Uno nunca escribe pensando en ganar un premio, pero cuando ocurre, es una alegría muy grande.
También siento que este reconocimiento es una forma de valorar nuestro oficio. En tiempos en que a veces pareciera que la literatura y los espacios de reflexión han perdido relevancia, recibir un premio como este reafirma que siguen siendo importantes.
Que este reconocimiento provenga de la Universidad de Chile tiene un significado especial. Lo entiendo no solo como un reconocimiento a mi trabajo, sino también a la literatura como una forma de expresión que la sociedad continúa valorando.
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