CULTURA|OPINIÓN
Crédito: Registros visuales de la vagancia infantil/Ministerio de las Culturas
“Escoria”, de Patricio Morales Contardo: una red de pedofilia en el Santiago de los años 50
La novela sugiere una reflexión sobre la vulnerabilidad estructural de niños y niñas en situación de abandono. Aquellos menores que en los años 50 sobrevivían en condiciones precarias —como los que habitaban bajo los puentes del Río Mapocho— no han desaparecido, sino que parecen haberse desplazado.
La novela “Escoria”, de Patricio Morales Contardo, se inscribe dentro del género del thriller policial, construyendo una narración que sostiene la tensión y el suspenso de manera constante. Ambientada en Santiago durante la década de 1950, la obra aborda como eje central una red de pedofilia, temática que introduce una dimensión especialmente perturbadora y dota al relato de un fuerte contenido crítico.
A los elementos tradicionales del género —crimen, persecución y violencia— se suma la presencia de hitos históricos, como la celebración de la Copa Mundial de Fútbol de 1962. Este contexto no solo aporta verosimilitud, sino que también genera un contraste significativo entre el entusiasmo colectivo del país y la oscuridad de los hechos narrados. De este modo, la persecución de los culpables se desarrolla en un escenario cargado de sentido, lo que intensifica la experiencia de lectura.
Otro aspecto distintivo de la novela —y uno de sus mayores aciertos— es su estructura narrativa. A diferencia de otros thrillers policiales, aquí no se desarrolla en detalle el proceso investigativo. Desde el inicio se establece la culpabilidad del agresor, desplazando el interés hacia su fuga y la posterior impunidad.
Esta decisión narrativa cambia el foco de la historia: más que descubrir la verdad, lo relevante es enfrentar las consecuencias de un sistema que no logra hacer justicia y los costos personales que esto implica para el protagonista.
Más allá de su ambientación histórica, la novela establece un inquietante vínculo con la realidad contemporánea. El relato remite —de forma inevitable— a los múltiples y dolorosos casos de redes de pedofilia conocidos tanto en Chile como en otros países, como los asociados a Claudio Spiniak o Jeffrey Epstein. De este modo, Escoria trasciende su marco temporal y pone en evidencia la persistencia de dinámicas de abuso, encubrimiento e impunidad que no pertenecen únicamente al pasado.
En un plano igualmente significativo, la novela sugiere una reflexión sobre la vulnerabilidad estructural de niños y niñas en situación de abandono. Aquellos menores que en los años cincuenta sobrevivían en condiciones precarias —como los que habitaban bajo los puentes del Río Mapocho— no han desaparecido, sino que parecen haberse desplazado a otros espacios, menos visibles pero igualmente marcados por el desamparo.
Esta continuidad silenciosa amplía el alcance del relato, situándolo no solo como una historia de crimen, sino también como una forma de denuncia de una deuda social persistente.
En esta línea, surge una pregunta que atraviesa toda la obra y permanece más allá de su desenlace: ¿qué ocurre cuando las instituciones encargadas de impartir justicia fallan, o incluso protegen a los culpables? La novela instala así una tensión entre justicia y venganza, obligando al lector a posicionarse frente a ese dilema.
Su mayor inquietud —y quizás su logro más duradero— radica en sugerir que el sistema no siempre protege a las víctimas y que, en ciertos casos, puede incluso favorecer las condiciones que hacen posible el abuso.
Ficha técnica:
Escoria
Patricio Morales Contardo
RIL editores
158 páginas
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