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“Los Frustradores” de Ricardo Elías: la épica menor del fracaso chileno CULTURA|OPINIÓN Crédito: Cedida

“Los Frustradores” de Ricardo Elías: la épica menor del fracaso chileno

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Resulta saludable la incorporación de personajes con diversas trayectorias de vida: figuras de poca monta, provenientes de barrios populares, que se ganan la vida como pueden, ya sea mediante la pillería, el talento o a partir de las escasas oportunidades que ofrece la sociedad.


“Es viernes y no te vas a quedar viendo televisión como los huevones. Los viernes se inventaron para salir a culear”.

Fragmento de la novela.

“Los Frustradores” (Alto Pogo, 2025) es la segunda novela de Ricardo Elías (Santiago, 1983), una obra de casi quinientas páginas que sumerge al lector en un vibrante y a veces desolador bajo mundo de la sociedad chilena. Elías logra construir un lienzo narrativo que bien podríamos catalogar como una moderna comedia humana, donde la miseria, la ambición fallida y la mala fortuna se entrelazan con un humor para nada condescendiente.

En el centro de esta maraña de desventuras se encuentra Volodia Gatica, el arquetipo del desdichado “yuyín” chileno: un imán para el contratiempo, un personaje que deambula entre la picaresca y la tragedia menor. A su lado emerge Demóstenes Cruz, un mago frustrado pero imaginativo y talentoso que, cuando la realidad se resiste a seguir el libreto que imagina, reacciona con arrebatos que lo empujan hacia escenarios cada vez más desventajosos. Entre ambos se establece una convivencia tensa, marcada por expectativas cruzadas y decisiones que rara vez conducen a donde prometen.

La trama, además, se tiñe de los códigos de la novela policial; pero no estamos ante el género negro de detectives y grandes conspiraciones, sino ante un policial de la precariedad. A través de Volodia, Elías introduce ciertos elementos fantásticos —un realismo mágico recauchado— que se articula en una pregunta tan inquietante como oportuna: ¿es la mala suerte una simple coincidencia o responde a una fuerza más opaca? ¿A una entelequia llamada “sistema” que opera más allá, y a veces a pesar, de las estratagemas individuales? Se configura así un delicado juego entre lo fantástico y lo terrenal donde las trayectorias de los personajes se rozan y condicionan mutuamente, dando pie a una crítica social que atraviesa diálogos, personalidades y el propio desarrollo narrativo.

Resulta saludable la incorporación de personajes con diversas trayectorias de vida: figuras de poca monta, provenientes de barrios populares, que se ganan la vida como pueden, ya sea mediante la pillería, el talento o a partir de las escasas oportunidades que ofrece la sociedad. Volodia Gatica es un funcionario del Registro Civil, figura que simboliza las prácticas burocráticas que a menudo hacen doler la cabeza al ciudadano común; mientras que Demóstenes trabajó como payaso y luego como mago, con no pocos altibajos. Es en esta periferia social donde el suspenso y la sospecha florecen, configurando un delicado juego entre lo fantástico y lo terrenal.

El manejo de los códigos del humor es uno de los mayores aciertos de la novela. Lo que podría ser un mero inventario de fracasos deviene en sátira pura. Elías sabe dónde hincar el diente: se enfoca en el absurdo de la idiosincrasia local para que el humor opere como un arma de extrañeza ante lo contemporáneo. La sociedad chilena —pacata, burocrática y moralina— queda expuesta en sus bemoles, chascarros y en ese tejido de triquiñuelas que siempre colinda con lo criminal.

La narrativa de Ricardo Elías se sitúa más allá de lo políticamente correcto, de las épicas unidireccionales o de la autoficción como simple reflujo; se trata de una ficción honesta que pone en evidencia las contradicciones de los dispositivos de control y la forma en que estos terminan por frustrar incluso los intentos más básicos de progreso o felicidad.

“Los Frustrados” es mucho más que una novela extensa: constituye un ejercicio de realismo con tintes de esperpento.

Ficha técnica

Ricardo Elías. “Los Frustradores”. Alto Pogo, 2025. 473 páginas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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