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El criollismo bizarro de Marcos López CULTURA|OPINIÓN Crédito: Marcos López

El criollismo bizarro de Marcos López

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Ricardo Rojas Behm
Por : Ricardo Rojas Behm Escritor y crítico, ha publicado “Análisis preliminar”, “Huevo de medusa”, “Color sanguíneo”, además de estar publicado en diversas antologías en Chile y el extranjero.
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En este criollismo bizarro, encontramos lo más crudo y cercano a lo que somos, con ese elocuente dramatismo expresado en imágenes que bordean la caricatura, pero no con la intención de ridiculizar, sino más bien de trastocar una realidad que está latente en esta suerte de criollismo cotidiano.


“Me agarré a la fotografía como un huérfano”

Marcos López.

Hoy por hoy, una de las expresiones más socorridas es “aguante” que proviene del italiano “agguantare”, que denota otra forma de “resistir”. Un término que conjuga esa férrea actitud, frente a los embates de la realidad, y sin duda, un reflejo de lo que se exhibe en la muestra antológica dedicada a Marcos López, “Fotografías 1975 – 2025″.

Fotógrafo argentino, documentalista, artista visual y uno de los artistas contemporáneos más reconocidos de su país, ya muchas de sus fotografías forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Arte Reina Sofía y el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, en España, la Fundación Daros-Latinoamérica, en Suiza; Musée du Quai Branly, en Francia, entre otras colecciones públicas y privadas.

Esta primera gran muestra, curada por Valeria González y que ocupa dos salas de la Fundación Larivière, reúne más de 200 obras que atraviesan cinco décadas de creación, desde sus inicios en Santa Fe, su ciudad natal, hasta medio centenar de imágenes inéditas, de los últimos cinco años.

Impredecible, sugerente y poseedor de un lenguaje tan único que, para diferenciarse de los cánones más convencionales, López impone un descaro cromático con el que logra una narrativa visual tan criolla como universal, en la que confluyen el pop, el kitsch y lo más clásico de la época dorada de publicidad.

Aunque no es sólo el color quien impera, ya que elabora artificiosos y bizarros escenarios, mediante los cuales además de provocar, documenta un patrimonio cultural (local y latinoamericano), reconfigurado a través de expresiones “vivas” transmitidas de generación en generación, las que a su vez se traducen en una descarnada crítica a esa cultura popular.

“Mi estilo pasa del colorinche pastiche popular berreta, a un barroco churrigueresco cuzqueño, y luego puedo hacer minimalismo, tratando de fijar mi objetivo en los sentimientos más esenciales de la existencia humana, la precariedad de la existencia, lo frágil que es todo… y da lo mismo si estas en Letonia y en la selva peruana. Por momentos me interesa que mi imagen tenga un sello de identidad local, y a veces eso mismo me parece intrascendente”, dice.

Estamos frente a un artista que resitúa las claves identitarias a través de códigos donde el escenificar es una forma de exacerbar, subvertir y concebir el sarcasmo como un arma tan poderosa que la realidad dialoga abiertamente con la irreverencia. Muestra indiscutible de aquello es el «Asado en Mendiolaza» (2001), icónica obra que ironiza y evoca “La última cena” (1498) de Leonardo Da Vinci, pero donde el ambiente campestre pasa a ser el marco ideal para armar un festín que cobra vigencia, en un país donde nuevamente se cierne una nueva crisis económica y político- social,

Trasgrede, pero fascina e impone su contundente visión, tal como se aprecia en la obra “Hospital” (2002) basado en “Las dos Fridas” de Frida Kahlo. En ella, el mismo actor interpreta a un enfermo y a un enfermero, unidos por la misma sangre. Retratando la muerte en la unión de sus sangres. Planteada como una reflexión acerca de la muerte adyacente, que está presente en todo, con su perversión y su doble cara, y a la que se suman otras emblemáticas series que participan de este juego de birlibirloque, como algo que ocurre de manera sorprendente o supuestamente mágica, como son El ganador, Pop Latino, La ciudad de la alegría, Todo por dos pesos, Carnaval criollo, entre otras.

Una representación que destaca Alejandro Zuy: “En el conjunto de imágenes expuestas se puede percibir cómo López ha ido trazando escrupulosamente una serie de narraciones sobre la corteza de la realidad latinoamericana de las últimas décadas. Todo un agudo repertorio estético y político de su mestizaje, de su sincretismo, a veces inclinándose hacia lo festivo y otras hacia lo íntimo, pero sin ser condescendiente o intentar romantizar”.

En este criollismo bizarro, encontramos lo más crudo y cercano a lo que somos, con ese elocuente dramatismo expresado en imágenes que bordean la caricatura, pero no con la intención de ridiculizar, sino más bien de trastocar una realidad que está latente en esta suerte de criollismo cotidiano, y que muchas veces pasamos por alto, y que López rescata mediante ilustres anónimos que circulan entre nosotros, y que queda plasmado irónicamente por el mismísimo López, en su punto de vista sobre Argentina.

“Es una pampa ventosa con un gran shopping center de cartón pintado que es Buenos Aires”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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